Jueves, 27 de mayo de 2010
Había momentos donde necesitaba desaparecer, tomar distancia y sentirme invisible. Entonces, me tumbaba sobre la hierba verde y fría para contemplar cómo giraba el cielo estrellado sobre mi cabeza. Casi notaba el ruido del universo al moverse ante mí, un ruido que se asemejaba al engranaje de una extraña y obsoleta maquinaria. Pensaba en aquellas escenas subterráneas de Metrópolis. Tal vez algún ser daba cuerda al universo, un trabajo repetido hasta el infinito, porque, si se paraba durante un segundo, el universo dejaría de girar y se colapsaría. En aquella época aún creía en dios.

Miraba las luces intermitentes y soñaba que me hablaban en un lenguaje que no sabía cómo descifrar. Pero las estrellas me hablaban desde el pasado, cuando su luz llegaba hasta mí muchas de esas estrellas ya no existían, se habían extinguido. Hay personas que son como las estrellas extintas. Aún brillan después de desaparecer. Y nos señalan el camino cuando nos sentimos perdidos.

Lo que sigue parece un cuento. Pero es real. Lo protagoniza una estrella pequeña y solitaria y una mujer que había perdido el paso. La estrella se llama Marina. Sí, una “estrella marina” en mitad del cielo, como si el mar se hubiera volteado de repente y hubiera dejado a una de sus pequeñas criaturas prendida en mitad de una galaxia. La mujer, Y., mi amiga.

Y. perdió el paso. Una ruptura amorosa que fue como un terremoto. Recuerdo esa sensación de no tener un lugar donde apoyarse, de estar en mitad de una montaña rusa o haciendo equilibrios en un hilo delgado y quebradizo. Y. miró al cielo. Es un gesto atávico, una búsqueda de un refugio. Y en su trozo de cielo descubrió una estrella solitaria. El resto del cielo estaba “vacío” o deslumbrado por las luces de la ciudad. No hay cielos como los del campo, siempre limpios, siempre dispuestos a mostrarse. En las noches siguientes Y. continuó buscando el cielo. Y allí, cada noche, le esperaba la estrella. Su estrella. Encontrar esa pequeña estrella solitaria fue encontrar un refugio, una luz de luciérnaga que iluminaba el corazón de Y.

Cuando Y. me contó su encuentro con la estrella le sugerí que le pusiera un nombre. Porque esa estrella, única en el cielo, invisible a los demás, brillaba para ella. Y. la llamó Marina. Pero esta parte de la historia es demasiado personal. Sólo Y. puede hablar sobre ello.

A veces mi sobrino me pide que invente historias para dormir. Entonces saco mi arsenal de extraterrestres y viajes espaciales y armo cuentos modestos y titubeantes. Una noche le hablé de Marina. Erase que se era una estrella pequeña que acababa de nacer. Miraba a su alrededor, a las estrellas grandes y cálidas que lanzaban su luz a los confines del universo o alumbraban docenas de planetas a su alrededor. Pero Marina no quería ser una estrella como las demás, quería brillar de una manera diferente, única. Dar luz. Marina buscó su lugar en el universo. Desechó la compañía de otras estrellas. En su viaje encontró un planeta azul. Y en el planeta, una mujer triste que se sentía perdida. Marina se quedó anclada en el cielo. Durante meses iluminó el camino de la joven sin que ésta se diera cuenta. Hasta que la joven, desgarrada, miro al cielo. Y vio un punto de luz. Marina encontró a quien dar luz. Y la joven un refugio contra la tristeza.

Hace unos días Y. me envió una foto de Marina. Yo le había hablado de los trozos de cielo bajo los que he vivido en los últimos años. Ortuella, Tucumán, Cádiz, Sremska Mitrovica o Elche. Y todos ellos con docenas de estrellas. Ella quiso mostrarme su trozo de cielo con una estrella solitaria. La foto está tomada con su móvil, es difusa y la imagen tiene ruido. Me gusta lo cotidiano de la foto, se ven otras azoteas, las antenas de televisión sobre los tejados, un momento detenido de la vida. Y un cielo que anochece. Y en ese cielo, la Luna y un diminuto punto de luz. Marina.

La vida es un continuo cruce de caminos, de búsquedas y (re)encuentros como el de Marina e Y. Pura magia.





(Para Marina

Y para Y. Gracias por la foto y por mostrarme lo invisible)



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Comentarios
Me ha encantado la historia, no he podido reprimir unas lagrimitas de emoci?n, pero... ojal? todas las l?grimas que se virtieran en la vida fueran como estas...
Ahora soy yo la que te doy las gracias por estas letras y c?mo no, por nuestra amistad.

Un abrazo de osa!!

Y.
Publicado por Invitado
Viernes, 28 de mayo de 2010 | 0:14
T? me regalaste la foto, yo quer?a corresponderte con palabras. La magia existe, Yolanda. Mola nuestro cruce de caminos.
Muchos cari?os lun?ticos. Y caricias para Marina
Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 28 de mayo de 2010 | 18:51
Por supuesto que la magia existe!!! Que nos lo digan a nosotros!
Por cierto corrijo mi falta de ortograf?a "vertieran"!! jajaja es peligroso escribir tan tarde!!
Otro abrazo de osa...

Yolanda
Publicado por Invitado
S?bado, 29 de mayo de 2010 | 1:18
F?jate, Yolanda, he conocido a una mujer voladora y a una sirena terrestre con luz de luci?rnaga, he volado entre dos cielos, hemos cruzados nuestros caminos, yo, enamorado de la luna, t?, con una estrella que te cuida, han reaparecido personas en mi vida a las que hab?a perdido la pista, he pisado lugares ignotos, he vivido inviernos en agosto y primaveras en diciembre, una vagabunda me pidi? un beo y un libro me esper? durante un a?o a que yo lo recogiera... y esto s?lo es la punta del iceberg... s?, la vida es pura magia.
M?s cari?os lun?ticos. Y caricias para Marina
Publicado por elchicoanalogo
S?bado, 29 de mayo de 2010 | 19:00