Viernes, 28 de mayo de 2010
Esta pared blanca sobre la que el cielo hácese a sí mismo:
infinita, verdad, intocablemente intocable.
Los ángeles se bañan en ella, y las estrellas igualmente,
                                                 en indiferencia también.
Mi medio son.
El sol se disuelve contra esa pared, desangrándose de sus luces.

Gris es la pared ahora, desgarrada y sangrienta.
¿Cómo salir de la mente?
Los pasos a mi zaga concéntranse en un pozo.
Este mundo carece de árboles y de pájaros,
solo hay agrura en él.

La pared roja no hace más que sobresaltarse:
un puño rojo se abre y se cierra,
dos papelosas bolsas grises:
he aquí mi materia, bueno: y terror también
a que llévenme entre cruces y una lluvia de lástimas.

Irreconocibles pájaros en una pared negra:
torciendo el cuello.
¡Esos sí que no hablan de inmortalidad!
Dos frías balas muertas se nos aproximan:
con mucha prisa vienen.
Sylvia Plath
Temores (en Árboles en Invierno. Traducción de Jesús Pardo)



Apprehensions

There is this white wall, above which the sky creates itself -
Infinite, green, utterly untouchable.
Angels swim in it, and the stars, in indifference also.
They are my medium.
The sun dissolves on this wall, bleeding its lights.

A grey wall now, clawed and bloody.
Is there no way out of the mind?
Steps at my back spiral into a well.
There are no trees or birds in this world,
There is only sourness.

This red wall winces continually:
A red fist, opening and closing,
Two grey, papery bags --
This is what i am made of, this, and a terror
Of being wheeled off under crosses and rain of pieties.

On a black wall, unidentifiable birds
Swivel their heads and cry.
There is no talk of immorality amoun these!
Cold blanks approach us:
They move in a hurry.

Tags: Temores, árboles en invierno, Sylvia Plath, Apprehensions

Publicado por elchicoanalogo @ 4:44  | Poes?a
Comentarios (6)  | Enviar
Jueves, 27 de mayo de 2010
Había momentos donde necesitaba desaparecer, tomar distancia y sentirme invisible. Entonces, me tumbaba sobre la hierba verde y fría para contemplar cómo giraba el cielo estrellado sobre mi cabeza. Casi notaba el ruido del universo al moverse ante mí, un ruido que se asemejaba al engranaje de una extraña y obsoleta maquinaria. Pensaba en aquellas escenas subterráneas de Metrópolis. Tal vez algún ser daba cuerda al universo, un trabajo repetido hasta el infinito, porque, si se paraba durante un segundo, el universo dejaría de girar y se colapsaría. En aquella época aún creía en dios.

Miraba las luces intermitentes y soñaba que me hablaban en un lenguaje que no sabía cómo descifrar. Pero las estrellas me hablaban desde el pasado, cuando su luz llegaba hasta mí muchas de esas estrellas ya no existían, se habían extinguido. Hay personas que son como las estrellas extintas. Aún brillan después de desaparecer. Y nos señalan el camino cuando nos sentimos perdidos.

Lo que sigue parece un cuento. Pero es real. Lo protagoniza una estrella pequeña y solitaria y una mujer que había perdido el paso. La estrella se llama Marina. Sí, una “estrella marina” en mitad del cielo, como si el mar se hubiera volteado de repente y hubiera dejado a una de sus pequeñas criaturas prendida en mitad de una galaxia. La mujer, Y., mi amiga.

Y. perdió el paso. Una ruptura amorosa que fue como un terremoto. Recuerdo esa sensación de no tener un lugar donde apoyarse, de estar en mitad de una montaña rusa o haciendo equilibrios en un hilo delgado y quebradizo. Y. miró al cielo. Es un gesto atávico, una búsqueda de un refugio. Y en su trozo de cielo descubrió una estrella solitaria. El resto del cielo estaba “vacío” o deslumbrado por las luces de la ciudad. No hay cielos como los del campo, siempre limpios, siempre dispuestos a mostrarse. En las noches siguientes Y. continuó buscando el cielo. Y allí, cada noche, le esperaba la estrella. Su estrella. Encontrar esa pequeña estrella solitaria fue encontrar un refugio, una luz de luciérnaga que iluminaba el corazón de Y.

Cuando Y. me contó su encuentro con la estrella le sugerí que le pusiera un nombre. Porque esa estrella, única en el cielo, invisible a los demás, brillaba para ella. Y. la llamó Marina. Pero esta parte de la historia es demasiado personal. Sólo Y. puede hablar sobre ello.

A veces mi sobrino me pide que invente historias para dormir. Entonces saco mi arsenal de extraterrestres y viajes espaciales y armo cuentos modestos y titubeantes. Una noche le hablé de Marina. Erase que se era una estrella pequeña que acababa de nacer. Miraba a su alrededor, a las estrellas grandes y cálidas que lanzaban su luz a los confines del universo o alumbraban docenas de planetas a su alrededor. Pero Marina no quería ser una estrella como las demás, quería brillar de una manera diferente, única. Dar luz. Marina buscó su lugar en el universo. Desechó la compañía de otras estrellas. En su viaje encontró un planeta azul. Y en el planeta, una mujer triste que se sentía perdida. Marina se quedó anclada en el cielo. Durante meses iluminó el camino de la joven sin que ésta se diera cuenta. Hasta que la joven, desgarrada, miro al cielo. Y vio un punto de luz. Marina encontró a quien dar luz. Y la joven un refugio contra la tristeza.

Hace unos días Y. me envió una foto de Marina. Yo le había hablado de los trozos de cielo bajo los que he vivido en los últimos años. Ortuella, Tucumán, Cádiz, Sremska Mitrovica o Elche. Y todos ellos con docenas de estrellas. Ella quiso mostrarme su trozo de cielo con una estrella solitaria. La foto está tomada con su móvil, es difusa y la imagen tiene ruido. Me gusta lo cotidiano de la foto, se ven otras azoteas, las antenas de televisión sobre los tejados, un momento detenido de la vida. Y un cielo que anochece. Y en ese cielo, la Luna y un diminuto punto de luz. Marina.

La vida es un continuo cruce de caminos, de búsquedas y (re)encuentros como el de Marina e Y. Pura magia.





(Para Marina

Y para Y. Gracias por la foto y por mostrarme lo invisible)



Tags: Espacios en blanco

Comentarios (4)  | Enviar
Déjame mirarte a los ojos.
Quiero saber cómo estás.
Rainer W. Fassbinder


Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto.
Ven, hace tiempo que no sé de ti,
Se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárselas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro.
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,
Sea un secreto, un error o un gesto.
Ven y pondremos verdes a los vencedores,
Saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.
Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,
Porque estar juntos en silencio es
La mejor prueba de la amistad.
Vente conmigo, quiero cambiar de país,
Dejar este cuerpo mío a un lado
Y meterme contigo en una concha,
Con nuestra pequeñez, como los bígaros.
Ven, te espero,
Continuaremos la historia interrumpida hace un año,
Como si no tuvieran un círculo más
los abedules blancos de la ribera.
Kirmen Uribe
Mayo (en Mientras tanto dame la mano. Traducción de Kirmen Uribe y Gerardo Markuleta)





Maiatza

Utzi begietara begiratzen.
Nola zauden jakin nahi dut.
Rainer W. Fassbinder


Begira, sartu da maiatza,
Zabaldu du bere betazal urdina portuan.
Erdu, aspaldian ez dut zure berri izan,
Ikarati zabiltza, ito ditugun katakumeak bezala.
Erdu eta egingo dugu berba betiko kontuez,
Atsegin izatearen balioaz,
Zalantzekin moldatu beharraz,
Barruan ditugun zuloak nola bete.
Erdu, sentitu goiza aurpegian,
Goibel gaudenean dena irizten zaigu ospel,
Adoretsu gaudenean, atzera, papurtu egiten da mundua.
Denok gordetzen dugu betiko besteren alde ezkutu bat,
Dela sekretua, dela akatsa, dela keinua.
Erdu eta larrutuko ditugu irabazleak,
Zubitik jauzi egin geure buruaz barre.
Isilik begiratuko diegu portuko garabiei,
Elkarrekin isilik egotea baita
adiskidetasunaren frogarik behiena.
Erdu nirekin, herriz aldatu nahi dut,
Nire gorputz hau albo batera utzi
Eta maskor batean zurekin sartu,
Gure txikitasunarekin, mangolinoak bezala.
Erdu, zure zain nago,
Duela urtebete etendako istorioa jarraituko dugu,
Ibai ondoko urki zuriek uztai bat gehiago ez balute bezala.






Tags: Mayo, Kirmen Uribe, Maiatza, Visor, mientras tanto, Elena Sagredo

Publicado por elchicoanalogo @ 4:03  | Poes?a
Comentarios (2)  | Enviar
Mi?rcoles, 26 de mayo de 2010
Sostiene Pereira es la toma de conciencia y partido de un veterano periodista en aquella década extraña e incendiario que fueron los años 30 en Europa, una década dominada por la guerra, la sinrazón y los totalitarismos de diferente signo político. Creo que fue Luther King quien dijo en una ocasión: Lo peor no son los hombres malos, sino el silencio o la indiferencia de los hombres buenos. Y este libro es el cambio interior del silencio a la rebeldía de un hombre bueno.

Pereira, antiguo cronista de un gran periódico lisboeta, se encarga de la página cultural de un nuevo periódico vespertino. Católico que no puede creer en la resurrección de la carne, hombre bueno y tranquilo, ajeno a los acontecimientos que ocurren a su alrededor (pregunta sobre el estado de las cosas a su camarero del Café Orquídea), Pereira parece vivir para el recuerdo y la muerte. Habla con la fotografía de su mujer muerta en un monólogo continuo y tierno, lee y traduce a escritores franceses del s. XIX, reflexiona sobre el alma y quiere preparar para su sección las necrológicas anticipadas de los escritores vivos. Todo tiene un tono funerario, mortuorio.

El encuentro con un joven vitalista, Monteiro Rossi, y su novia, cambiará la forma de andar por la vida de Pereira. Contrata al joven para escribir las necrológicas anticipadas de los grandes escritores. En un periódico que quiere sobrevivir bajo el régimen dictatorial de Salazar, Monteiro elige a escritores “impublicables” y comprometidos con la realidad política que les rodea. Pereira. Pero Pereira es un hombre bueno y paciente y le da una oportunidad a Monteiro. Y es en ese encuentro con Monteiro, ese diálogo que inician, cuando Pereira empieza a sentir que su postura al margen de la vida se debilita y que es imposible mantenerse al margen. Hay que actuar.

Sostiene Pereira es un extraordinario libro, conjuga la ternura del personaje principal con la reflexión política e histórica de un periodo turbulento y desquiciado.
 


He conocido a una persona, sostiene haber dicho Pereira, mejor dicho, a dos personas, un joven y una muchacha. Siga hablándome de ello, dijo el doctor Cardoso. Bueno, dijo Pereira, el hecho es que necesitaba para la página cultural necrológicas anticipadas de aquellos escritores importantes que pueden morir de un momento a otro, y la persona que conocí había escrito una tesina sobre la muerte, la verdad es que en parte la copió, pero al principio me pareció que era un experto en el tema de la muerte, así que lo contraté como ayudante, para hacer las necrológicas anticipadas, y él me escribió algunas, se las pagué de mi bolsillo porque no quería que resultara un carga para el periódico, pero son todas impublicables, porque ese chico tiene la política en la cabeza y plantea todas las necrológicas desde un punto de vista político, a decir verdad, creo que es su chica la que le mete todas esas ideas en la cabeza, ya sabe, fascismo, socialismo, la guerra civil en España y cosas parecidas, son todos artículos impublicables, como ya le he dicho, y hasta ahora se los he pagado. no hay nada de malo en ello, respondió el doctor Cardoso, en el fondo está arriesgando sólo su dinero. No es eso, sostiene haber admitido Pereira, el hecho es que me ha surgido una duda: ¿y si esos chicos hubieran tenido razón?. En tal caso, ellos tendrían razón, dijo pacatamente el doctor Cardoso, pero es la Historia quien lo dirá y no usted, señor Pereira. Sí dijo Pereira, pero si ellos tuvieran razón mi vida no tendría sentido, no tendría sentido haber estudiado Letras en Coimbra y haber creído siempre que la literatura era la cosa más importante del mundo, no tendría sentido que yo dirija la página cultural de ese periódico vespertino en el que no puedo expresar mi opinión y en que tengo que publicar cuentos del siglo XIX francés, ya nada tendría sentido, y es de eso de lo que siento deseos de arrepentirme, como si yo fuera otra persona y no el Pereira que ha sido siempre periodista, como si tuviera que renegar de algo.

( … )

Creer que somos “uno” que tiene existencia por sí mismo, desligado de la inconmensurable pluralidad de los propios yoes, representa una ilusión, por lo demás ingenua, de la tradición cristiana de un alma única; el doctor Robot y el doctor Janet ven la personalidad como una confederación de varias almas, porque nosotros tenemos varias almas dentro de nosotros, ¿comprende?, una confederación que se pone bajo el control de un yo hegemónico. Lo que llamamos la norma, o nuestro ser, o la normalidad, es sólo un resultado, no una premisa, y depende del control de un yo hegemónico que se ha impuesto en la confederación de de nuestras almas; en el caso de que surja otro yo, más fuerte y más potente, este yo destrona al yo hegemónico y ocupa su lugar, pasando a dirigir la cohorte de las almas, mejor dicho, la confederación, y su predominio se mantiene hasta que es destronado a su vez por otro yo hegemónico, sea por un ataque directo, sea por una paciente erosión.
Antonio Tabucchi
Sostiene Pereira (traducción de Carlos Gumpert y Xavier González Rovira. Anagrama)

Tags: Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi, Carlos Gumpert, Xavier González Rovira, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 17:02  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Martes, 25 de mayo de 2010

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
                 no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
             pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
                   entonces
no te quedes conmigo.
Mario Benedetti
No te salves (en Poemas de otros)


Tags: No te salves, Mario Benedetti, Poemas de otros

Publicado por elchicoanalogo @ 4:02  | Mario Benedetti
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 24 de mayo de 2010
El camino de los Ingleses es una mirada nostálgica, triste y poética sobre ese último verano de la adolescencia antes de entrar en la madurez, antes de descubrir la diferencia entre nuestros sueños de futuro y la realidad, que la vida va más allá de la ensoñación y se bifurca en extraños caminos que nos convierten en personas cínicas o amargadas o, simplemente, supervivientes de un naufragio vital.

Con un tono desgarrador, sensual y melancólico, Antonio Soler se detiene en la vida de cuatro amigos y de su tierra malagueña, y lo hace con un aliento poético cercano y repleto de imágenes seductoras, emotivas y carnales. Es el mundo del verano, de los besos y caricias furtivos, de las aventuras fuera de cuatro paredes, de la búsqueda de un lugar en el mundo, ya sea a través de la poesía, como Dávila, o del baile, como su chica Luli. Esos meses de vacío y frontera entre lo que fuimos y lo que seremos...

Escrita en pequeños capítulos que a veces parecen cuentos en sí mismos, anécdotas o páginas de un diario cazadas al azar, El camino de los Ingleses se parece a un gran río con innumerables afluentes. Una mujer que se cree Lana Turner, un hombre de negocios turbios que pasea en un dodge, un hombre que desapareció entre las nubes, un enano que camina sobre las aguas, una mujer que vive en una torre, como las princesas de los cuentos, y ve un horizonte misterioso y cambiante, un adolescente con una cicatriz de media luna que lee La divina comedia y decide hacerse poeta...

Como en las crepusculares películas de Peckinpah, la amistad es un punto de apoyo, de unión, un motivo para luchar y para definirse en esa etapa tan difusa que es la adolescencia, la amistad por encima de todo. El amor, en cambio, es pura zozobra, la pasión incontrolable, las emociones quebradizas, el desgarro y las heridas, el sonido y el olor de una piel desnuda.

El camino de los Ingleses es una historia que cala de a poco, en cada página hay un pequeño matiz, una imagen erótica o desgarradora, un haz de luz que ilumina por un instante la vida de unos adolescentes que se saben ante un nuevo camino que les irá desgastando y oscureciendo.

Querida “bruja”, gracias por regalarme esta historia nostálgica y poética.


En el centro de nuestras vidas hubo un verano. Un poeta que no escribió ningún verso, una piscina desde cuyo trampolín saltaba un enano con ojos de terciopelo y un hombre al que una noche se llevaron las nubes. Los días cayeron sobre nosotros como árboles cansados.
Ésta es la historia de Miguel Dávila y de su riñón derecho. Y también es la historia de mucha otra gente, de la Señorita del Casco Cartaginés, de Amadeo Nunni el Babirusa o la de Paco Frontón y aquel coche de color fresa y nata en el que se paseaba cuando su padre estaba en la cárcel. Y también es mi propia historia. Al recordar aquel tiempo voy resucitando una parte de mí mismo. Como un viejo paisajista que al pintar los ríos, las hojas de los árboles y el azul de las montañas que tiene frente a él estuviese dibujando el contorno de sus ojos, el trazo sinuoso que el tiempo ha dejado en las arrugas de su piel. Su autorretrato.
No sé qué fotografía, de todas las que nos han hecho a lo largo de la vida, sería la que acabaría por definirnos. La que por encima del tiempo diría quiénes hemos sido verdaderamente. Pero sí sé que el verano en el que ocurrió la historia de Miguel Dávila es la foto que define lo que fue el germen, la verdadera esencia de nuestras vidas.

( … )

A veces he pensado que si en verdad aquel verano fue un paisaje que finalmente habría de convertirse en nuestro retrato, en esos días empezaron a pintar seriamente las sombras del bosque. Daban unas pinceladas preparando en el lienzo lo umbrío con delicados matices que iban del siena tostado a los verdes y azules más oscuros. Pero a su lado, como en los bosques verdaderos, estaban la luz y el agua, y seguían brillando las hojas alumbradas por el sol. Y éramos, por encima de todos los temores y las precariedades, no sé si impulsados por la inocencia o la biología, los dueños del futuro.

( … )

Tendrás suerte o no, pisarás ciudades que esta gente que nos rodea ni si quiera sabe que existen o te quedarás aquí sin salir de la tienda en la que trabajas hasta que muera el dueño y luego sigas trabajando para sus hijos, pero tienes que saber, estar seguro, que eres distinto y que el mundo te pertenece. El mundo siempre le pertenece a quienes son capaces de romper el círculo que el destino o los demás les tienen preparado. No debe importante que no te reconozcan, que se aprieten unos contra otros para que no salgas de tu frontera pequeña y estrecha. Sienten que cada vez que alguien sale de ese círculo es un pájaro que se les ha escapado de entre las manos. Alguien capaz de volar.

( … )

Pensaba que mi vida quizá fuese ya una estrella sin apenas combustión, pero que aún podía caminar por ese halo de luz, no esplendorosa, pero sí tibia, que alumbraba mi camino.
Antonio Soler
El camino de los Ingleses (ediciones Destino)


Tags: El camino de los Ingleses, Antonio Soler, Destino

Publicado por elchicoanalogo @ 16:01  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
S?bado, 15 de mayo de 2010
cansado
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.
Oliverio Girondo
Cansancio (en Persuasión de los días)

Tags: Cansancio, persuasión de los días, Oliverio Girondo

Publicado por elchicoanalogo @ 4:34  | Oliverio Girondo
Comentarios (0)  | Enviar
Viernes, 14 de mayo de 2010
Tus ojos se empequeñecían antes de besarme. Parecías estudiarme en silencio desde tu altura, tú encima de mí, el peso de tu cuerpo sobre mi vientre, el aliento y la sonrisa que se nos entrecortaba al unísono y mi mano que ansiaba colarse bajo tu ropa y sentir el calor y la dulzura de tu piel. Me mirabas con quietud y ternura, como aprendiéndome, como anticipando aquellos lugares de mi piel que besarías y acariciarías “como si fuese la primera vez”. Porque buscabas un camino nuevo, inexplorado, por el que llegar a mi conciencia y permanecer en mí en esa parte que escondía a los demás. Querías hacerte un hueco en mi ser. Yo apartaba el pelo que cubría tu cara y observaba mi reflejo en una esquina de tu mirada. Un segundo puede ser una pequeña eternidad.

A veces me decías, enfadada o desilusionada, que parecía el personaje de alguno de mis libros favoritos, un tipo melancólico y desarraigado. Querías que reaccionara, que no me dejase llevar por la inacción y los recuerdos (y ya ves, sólo escribo sobre recuerdos que el tiempo y yo hemos difuminado y acomodado al presente), que volviese a ser el hombre que conociste en un invierno cambiado. Fue una época extraña para mí, el principio del naufragio, de nuestro desgajo como unidad. Todo se resquebrajaba a mi alrededor y yo no me daba cuenta de ello, adormecido en un sopor torpe y deslavazado. Tal vez me sintiese así, melancólico y desarraigado, también perdedor y triste, y solitario y taciturno, un hombre a la deriva que no le importaba estrellarse contra las acantilados.

Escribía un personaje de Murakami que no cambiaría nada de su vida porque, al final, sus errores y aciertos eran él, lo definían. Yo he aprendido a convivir con el vacío (y tú dejaste una estela de vacío en mi vida), a adquirir cierta templanza y aceptar las cosas como son, la temporalidad de mi vida, la soledad, la ausencia de un nuevo amor.

Si tuviese que definir mi vida con una palabra elegiría “decepcionante”, siempre a destiempo, siempre tarde, siempre inútil, siempre ciego, demasiados espacios en blanco sin completar y una relación con la soledad a veces dañina, a veces sanadora. Mi vida como un bosquejo incompleto, como un pequeño fracaso, sentimientos inacabados, miedos paralizadores y pérdidas. Mi decepcionante vida, mi decepcionante yo...

Pero cuando estaba bajo tu mirada y me estudiabas ese segundo antes de besarme, se borraban las huellas de mis fracasos y decepciones, el mundo parecía nuevo, apetecible y la vida se definía por tus labios que latían entrelazados a los míos, mi mano que recorría, nerviosa, tu pecho y tu vientre hasta atrapar la lluvia entre tus piernas (¿tienes miedo de morir, vasco?) y ese pequeño instante donde yo sólo era la imagen reflejada en tus ojos.

Conseguiste hacerte un hueco en mí. Hay una parte de mi ser que te pertenece.


Tags: espacios en blanco

Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 13 de mayo de 2010
Buscando un beso a medianoche se ha convertido en una de mis historias de amor favoritas. Misántropo busca a misántropa y en esa búsqueda dos personas que se encuentran y se cruzan por un día e inician una conversación inteligente e inquieta sobre sexo, amor, ficción, anhelos, miedos, dudas y fragilidades.

Las actuaciones ajustadas, el amor visto desde una perspectiva real y terrenal, la ternura que se cuela en la inicial desconfianza y desesperanza, la belleza de la actriz Sara Simmonds, Los Angeles en blanco y negro y lejos de los lugares tópicos, la banda sonora...

Dentro de la banda sonora, el descubrimiento de la banda indie Shearwater. Hay dos canciones que ambientan el encuentro de los dos protagonistas, A Hush y My Good Deed, y que se están convirtiendo en la banda sonora de los últimos meses.

http://www.myspace.com/shearwater
http://en.wikipedia.org/wiki/Shearwater_(band)



A Hush (Shearwater)



There was a hush inside the air
When you were lying on the stairs
Feeling the world had scattered there
Like little feathers on the air

And as the people filed away
The men in suits of black and gray
Each with his hands inside his coat
Each with that hush inside his throat

And this concrete cold
And this cruise control
And the drops of blood in the shaving bowl
Are the lovely things
Bright and hovering
That can pull you up
With a thousand wings
Let me through

They're thinking, "How did we arrive?
Was it by fortune or design?
Or was there something else in mind?
Let there be something else in mind



My Good Deed (Shearwater)



I tried to save a girl I truly loved
And didn't quite know how to help her
So now she's sleeping as her parents up above
Cry over things that they can't tell her

And when I did my good deed
I thought I'd feel unbroken gladness
But standing in the street alone
I just felt sinking sadness

Girl, your dad will not us bless
So hang up your veil and dress
Look at me and take one guess
Where this best-intentioned love will lead us

I once felt a feeling fully through
Though I knew I shouldn't feel it
Because to act on it I'd be a person
Who should be slapped into a straitjacket

So every time it comes around
I just let it die inside me
You said, "I only come around
Because I just need you to hide me"

So we knelt in those dead weeds
Sticks and sharp rocks cutting into our knees
And I thought that we would freeze
But there was just too much warm blood in our bodies

I'm not going to make you take the pills
Though you should really think about it
The fire by which we both were almost killed
Glowed so beautiful don't doubt it

But we have to make a choice now
Can we glow without it?
There's a space I tried to fill
But I'm seeing now I never will
You fly around while I stand still
Until I slowly just get smaller and smaller

I tried to save a girl I truly loved
And I never would desert her
But we both found out that I was dreaming
Of the day I thoroughly could hurt her

And I saw myself inside her eyes
This shrinking would-be savior
Resented her for never needing him
And couldn't wait just to betray her

So we drove back to her place
From the temporary home that we had made
And I stepped back into the street
Feeling the fullest moment of my life
Slowly shrink away from me




Tags: A Hush, My Good Deed, Shearwater, In Search of, a Midnight Kiss, Buscando un beso, a medianoche

Publicado por elchicoanalogo @ 23:59  | Canciones
Comentarios (0)  | Enviar
Martes, 11 de mayo de 2010
La cal de las paredes  
resbala por el aire.  
El azulejo enmarca  
peregrinos destellos.  
Todo está en calma ahora.  
Una extraña tiniebla  
envuelve los perfiles  
nocturnos. Cada instante  
que pasa, resucita  
convertido en recuerdo.  

Pero toca a su fin tanta dulzura
cuando, al filo de alba,
me desatas de ti calladamente.
María Sanz
Al filo del alba


Tags: Al filo del alba, María Sanz

Publicado por elchicoanalogo @ 21:25  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
S?bado, 08 de mayo de 2010
Mi primer acercamiento al guitarrista Tony Geballe fue la composición Askesis, dentro del repertorio de The League of Crafty Guitarists, grupo comandado por Robert Fripp. Cuando compré Native of the Rain, su único disco en solitario editado hasta la fecha, pensé que me encontraría con una música fuertemente inspirada en Robert Fripp y King Crimson. Me equivoqué.

Con el único acompañamiento de una guitarra acústica de doce cuerdas, Geballe ofrece cuarenta minutos de música cálida, improvisada, sin ataduras, cercana, muy cercana y donde se conjuga a la perfección música y quietud en esos momentos donde Geballe deja desvanecerse una nota hasta el silencio. A veces Native of the Rain parece recrear un campo de trigo, a veces el ritmo de la lluvia.

Awakening (for Aileen) es mi composición favorita dentro de un disco sin fisuras y estimable.

Información: http://www.tonygeballemusic.com/


Awakening (for Aileen) (Tony Geballe)



Tags: Tony Geballe, Native of the Rain, Awakening, Robert Fripp

Publicado por elchicoanalogo @ 4:38  | Canciones
Comentarios (0)  | Enviar
La lluvia  
como una lengua de prensiles musgos  
parece recorrerme, buscarme la cerviz,  
bajar,  
lamer el eje vertical,  
contar el número de vértebras que me separan  
de tu cuerpo ausente.  

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.
José Ángel Valente
El temblor


Tags: El temblor, José Ángel Valente

Publicado por elchicoanalogo @ 4:30  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 06 de mayo de 2010
Hace año y medio leí mi primer Bolaño, Los detectives salvajes. Desde aquel otoño de 2008 he vuelto al desaparecido escritor cada poco tiempo, y con cada lectura, con cada encuentro, empecé a reconocer un mundo de una geografía marcada (Chile, México, Cataluña..., y la tristeza por una latinoamérica dividida y saqueada) y de personajes extremos, poetas errantes que abandonan su tierra, tipos extraños, febriles y en el borde de un abismo, carceleros y víctimas, todo marcado por una melancolía inquietante (también desgarro, mala leche, desesperanza y aventura).

El Tercer Reich fue un regalo de “Motor”. Unos días antes de mi cumpleaños se editó esta novela inédita de Bolaño y pensó en mí. Y yo, sorprendido, miraba un libro del que desconocía su existencia. Un nuevo Bolaño. Pensé si el libro que estaba por leer sería el mismo de seguir con vida Bolaño, si la historia, los personajes, y el enfermizo final cambiarían en algo. En esta ocasión sentía que estaba ante dos libros, el editado y el que habría presentado Bolaño.

Bolaño escribe El Tercer Reich en 1989, varios años antes de los libros de cuentos o Los detectives salvajes. Y aún así, en este Bolaño ya se encuentran los rastros del escritor que despuntaría a mediados de los noventa. La costa catalana, los personajes y los ambientes sórdidos y melancólicos, las extrañas relaciones cruzadas de los protagonistas, el monólogo interior y desaforado del narrador... Escrita en forma de diario, Bolaño le da voz a un joven alemán, Udo Berger, de vacaciones en España con su novia Ingeborg. Apasionado de los war games, Udo coloca en mitad de la habitación del hotel un mapa con el juego El Tercer Reich, su juego favorito, una forma de reinterpretar las batallas de la segunda guerra mundial sobre un tablero (reinterpretar la realidad desde una distancia espacio/temporal). En el hotel se reencuentra con Frau Else, una enigmática y atractiva mujer que conoció en sus vacaciones de adolescente y se cruza con extraños personajes, el Lobo y el Cordero, el Quemado, Charly y Hanna, una pareja alemana. Las relaciones se cruzan como en el tablero de juego, hay momentos donde los personajes parecen fichas en la cabeza de Udo, que analiza cada movimiento en la vida (fuera del tablero) como si se tratase de una partida.

Hay escenas inquietantes en El Tercer Reich, las noches de fiesta tienen un halo de peligro que parece va a devorar a los personajes, el tablero de juego sobre la mesa, una presencia fantasma y abisal, la forma que tiene Udo de alejarse de la realidad y adentrarse en una partida que marcará las últimas páginas de la novela de manera obsesiva, las relaciones de amor entre las parejas. Todo es extraño e inquietante en esta historia. Y sobre todo ello, el personaje de el Quemado, un hombre con el cuerpo desfigurado, sin huellas. Apenas se sabe nada de su pasado, sólo su trabajo en la playa, el fortín que cada noche construye con los patines de la playa, su distancia y su silencio y cómo se adentra con pasión en los war games, parece ante el umbral de otra realidad.

El Tercer Reich merece la pena, anticipa las mejores obras de Bolaño. Muchas gracias por el regalo, Motor.


¿Por qué a veces tengo tanto miedo? ¿Y por qué cuando más miedo tengo mi espíritu parece hincharse , elevarse u observar el planeta entero desde arriba? (Veo a Frau Else desde arriba y tengo miedo. Veo a Ingeborg desde arriba y sé que ella también me mira y tengo miedo y ganas de llorar.) ¿Ganas de llorar de amor? ¿En realidad deseo escapar con ella no ya sólo de este pueblo y del calor sino de lo que el futuro nos reserva, de la mediocridad y del absurdo? Otros se calman con el sexo o con los años. A Charly le basta las piernas y las tetas de Hanna. Se queda tranquilo. A mí, por el contrario, la belleza de Ingeborg me obliga a abrir los ojos y perder la serenidad. Soy un atado de nervios. Me dan ganas de llorar y de dar puñetazos cuando pienso en Conrad, que no tiene vacaciones o que ha pasado sus vacaciones en Stuttgart sin salir siquiera a bañarse a la piscina. Pero mi rostro no cambia por eso. Y mi pulso sigue igual. No tan sólo me muevo, aunque por dentro esté desgarrándome.
Roberto Bolaño
El Tercer Reich (Anagrama)

Tags: El Tercer Reich, Roberto Bolaño, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 4:29  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Martes, 04 de mayo de 2010
Como el protagonista de El palacio de la Luna, Jim Nashe busca desaparecer de la vida, aunque en su caso no por la quietud llevada al extremo, por una inacción pura, sino en un viaje sin destino por las carreteras de Estados Unidos, un viaje tanto interior como exterior, una forma de desprenderse de quien fue y de las reglas sociales. Nashe no tenía ningún plan definido. Como máximo, la idea era dejarse ir por algún tiempo, viajar de un sitio a otro y ver qué pasaba. Suponía que se cansaría de ello al cabo de un par de meses y entonces se sentaría a preocuparse por lo que debía hacer. Pero después de dos meses aún no estaba dispuesto a renunciar. Poco a poco se había enamorado de su nueva vida de libertad e irresponsabilidad, y una vez que ocurrió eso, ya no había ninguna razón para detenerse.

La primera parte de la novela parece el guión de una road movie. Jim conduce de manera obsesiva y continua, y es en esas horas al volante donde se deja llevar por una soledad hipnótica, por el perpetuo cambio del paisaje, por la sensación de desaparecer en mitad de la nada y no tener más límites que los que ilumina los faros de su coche. Cada jornada de su viaje parece quitarle una capa de su ser, es un viajero en mitad del vacío. El coche se convirtió en un santuario de invulnerabilidad, un refugio en el que nada podía herirle ya. Mientras conducía no llevaba ningún peso, ni la más ligera partícula de su vida anterior le estorbaba. Esto no quiere decir que no surgieran recuerdos, pero ya no parecían producir la angustia de antes. ( … ) Al cabo de tres o cuatro meses le bastaba con entrar en el coche para sentir que se desprendía de su propio cuerpo, que una vez que ponía el pie en el pedal y empezaba a conducir, la música le transportaba a una esfera de ingravidez.

Pero en todo viaje, aun en los que no tienen destino, hay cruces de caminos inesperados, ese azar que tanto (pre)ocupa a Auster, donde cada paso en el presente cambia el futuro de manera definitiva. Jim recibe una herencia de su padre ausente que le permite cortar con su rutina e iniciar un viaje iniciático. Y en ese viaje, un cruce de caminos con un desconocido que alterará la vida de ambos. Jim ayudará a un hombre perdido y ensangrentado, Jack Pozzi, un jugador de póquer joven y animoso. Ese cruce, ese azar, cambiará la vida de Jim y el tono de la novela.

Si el inicio de La música del azar es una novela itinerante, un libro de viaje, con el encuentro de Jim y Jack la historia deriva hacia regiones oscuras, simbólicas y kafkianas. Jim necesita más dinero para seguir su vida errante y se hace socio de Jack en una partida en la que esperan desplumar a dos ricachones incautos. La llegada a la extraña mansión de la pareja de ricos es excelente, tenebrosa. El tono ha cambiado, se siente cierta fatalidad en el ambiente.

Jim y Jack deberán pagar la deuda que contraen construyendo un muro con diez mil piedras de un viejo castillo europeo. Al igual que en sus viajes por carretera, Jim seguirá desaparecido en mitad de un extraño vacío pero el movimiento y la libertad de sus viajes han mudado en una especie de prisión al aire libre y en un trabajo mecánico y agotador.

La música del azar es un gran libro de Auster, una historia con un gran poder de atracción y donde no sólo se habla de la influencia del azar en nuestras vidas, cómo cada paso altera y modifica el futuro, también de las diferentes formas de desaparecer, de alejarse de una vida predecible y estática.



Durante todo un año no hizo otra cosa que conducir, viajar de acá para allá por los Estados Unidos mientras esperaba a que se le acabara el dinero. No había previsto que durara tanto, pero una cosa iba llevando a la otra, y cuando Nashe comprendió lo que le estaba ocurriendo, había dejado de desear que aquello terminara. El tercer día del decimotercer mes conoció al muchacho que se hacía llamar Jackpot. Fue uno de esos encuentros casuales que parecen surgir de la nada: una ramita que el viento rompe y que de repente aterriza a tus pies. Si hubiera sucedido en cualquier otro momento, puede que Nashe no hubiese abierto la boca. Pero como ya había renunciado, como pensaba que ya no tenía nada que perder, vio en el desconocido un indulto, una última oportunidad de hacer algo por sí mismo antes de que fuera demasiado tarde. Y así, sin más, se decidió y lo hizo. Sin el menor atisbo de miedo, Nashe cerró los ojos y saltó.
Paul Auster
La música del azar (traducción de Maribel De Juan. Anagrama)

Tags: La música del azar, Paul Auster, Maribel de Juan, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 4:45  | Libros...
Comentarios (3)  | Enviar
Domingo, 02 de mayo de 2010
Desventurados los que divisaron  
a una muchacha en el Metro  

y se enamoraron de golpe  
y la siguieron enloquecidos  

y la perdieron para siempre entre la multitud  

Porque ellos serán condenados  
a vagar sin rumbo por la estaciones  

y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles

Y quizás el amor no es más que eso:

una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro

y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre
Óscar Hahn
En una estación de metro


Tags: En una estación de metro, Óscar Hahn

Publicado por elchicoanalogo @ 17:00  | Poes?a
Comentarios (6)  | Enviar