Domingo, 06 de junio de 2010
Única obra narrativa de la gran poeta norteamericana, ésta es una novela sobre la adolescencia, un retrato de la artista adolescente y de las dificultades que debe salvar para encontrar un lugar propio en un mundo plagado de hostilidades.

Hace años descubrí los poemas de Plath en algunas páginas literarias de Internet. La angustia, el miedo o la locura se sucedían en sus versos. Era una poeta cercana, desgarradora, una voz llena de sombras tristes y mortuorias. Mis poemas favoritos, Temores o Lady Lazarus. Y es la voz de Lady Lazarus la que resuena en La campana de cristal. El poema dice en una parte: Morir / Es un arte, como cualquier otra cosa. / Yo lo hago excepcionalmente bien. / Lo hago para sentirme hasta las heces. / Lo ejecuto para sentirlo real. / Podemos decir que poseo el don. / Es bastante fácil hacerlo en una celda. / Muy fácil hacerlo y no perder las formas.

Hablar de La campana de cristal es hablar del vacío y desgarro de la narradora, es andar sobre la cuerda floja de la cordura y el miedo a la vida. Esther es una joven en el umbral de la madurez, en ese momento donde todo son cambios y un posicionarse en la vida de forma definitiva, donde atisbamos lo que hay al otro lado del umbral y, a veces, sólo a veces, nos quebramos por dentro por el miedo, naufragamos como barcos a la deriva.

Esther es brillante e inteligente, ha ganado un concurso que le ha llevado a Nueva York durante un mes para trabajar en una revista. En esa primera parte de la novela, Esther nos cuenta su vida en la gran ciudad rodeada de lujos, fiestas y moda y, como afluentes, retazos de su vida en el campo, de sus recuerdos y sus miedos. La muerte de su padre cuando ella contaba nueve años, su posicionamiento sobre el amor y el sexo lleno de dudas, miedos y esperanzas, la relación con su madre, su forma de comer compulsivamente, las dudas sobre lo que quiere para sí misma... Hay momentos donde las descripciones y reflexiones parecen retazos de un poema de Plath.

El regreso a su vida colapsará a Esther. No puede dormir ni leer o escribir. No sabe cuál es su lugar en el mundo y tampoco quiere ser una marioneta guiada por los demás. No sabe cómo conducir su rebelión. El colapso nervioso le llevará a la depresión y locura (y Esther/Plath lo narra con distancia, como si hablase de otra parte de sí ). Esther intenta suicidarse sin conseguirlo (aún así, el intento de lesionarse es un medio de anular el dolor espiritual a través del dolor físico), se encierra en sí misma, en una campana viciada y asfixiante. Dentro de ella, el vacío y el desgarro, fuera de ella, las habitaciones de los diferentes manicomios. Cómo quebrar la campana y salir libre al mundo, sin miedos, sin colapsos...

La campana de cristal es una obra dolorosa, poética, extraña y cercana donde Plath se desnuda y muestra su vida y sus miedos, cómo a veces andamos en el borde de un acantilado y lo fácil que es caer y quebrarse en mil pedazos.



El silencio me deprimía. No era realmente el silencio. Era mi propio silencio.

( … )

Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento.
De la punta de cada rama, como si de un grueso higo morado se tratara, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era un famoso poeta, y otro higo era un brillante profesor, y otro higo era E Ge, la extraordinaria editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona de equipo olímpico de atletismo, y más allá y por encima de aquellos higos había muchos más higos que no podía identificar claramente.
Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies.

( … )

Las piedras yacían abultadas y frías bajo mis pies desnudos. Pensé con añoranza en los zapatos negros que estaban en la playa. Una ola se echó hacia atrás, como una mano, luego avanzó y me tocó el pie.
La marea parecía arrastrar el fondo mismo del mar, donde blancos peces ciegos avanzaban por su propia luz a través del gran frío polar. Vi dientes de tiburones y esqueletos de ballenas esparcidos allá abajo, como lápidas sepulcrales.
Esperé como si el mar pudiera tomar la decisión por mí.
Una segunda ola se aplastó sobre mis pies, orlada de blanca espuma, y el frío aferró mis tobillos con un dolor mortal.
Mi carne retrocedió, acobardada, ante tal muerte.
Cogí mi bolso y regresé andando sobre las frías piedras hasta donde mis zapatos continuaban su vigilia en la luz violeta.

( … )

Para la persona encerrada en la campana de cristal, vacía y detenida como un bebé muerto, el mundo mismo es la pesadilla.
Sylvia Plath
La campana de cristal (traducción de Elena Rius. Edhasa)


Tags: La campana de cristal, Sylvia Plath, Elena Rius, Edhasa

Publicado por elchicoanalogo @ 21:58  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

Cuando lei por primera vez el concepto la Campana de Cristal fué en el libro Otras Voces Otros Ambitos de Truman Capote, pero no entendí verdaderamente su sgnificado hasta que contemple la obra de Plath, al final de cuentas todos tenemos nuestra propia Campana de Cristal con su aire viciado porque en ocasiones el mundo es tan aterrador que decidimos encerrarnos en nosotros mismos.

Publicado por Invitado
Jueves, 01 de diciembre de 2011 | 8:49

El libro de Plath es tremendo, sentimientos llevados al extremo. La imagen de la campana de cristal es tanto refugio como cárcel. Da vértigo. Un saludo

Publicado por elchicoanalogo
Jueves, 01 de diciembre de 2011 | 11:51