Martes, 08 de junio de 2010
Crónica de un fracaso precoz. Así se subtitula este libro de memorias de Auster. Y es una definición acertada. Auster nos habla de sus fracasos como escritor y en su intento de vivir al margen del dinero, en esa frontera difusa y complicada donde se cruzan lo que queremos para nosotros y lo que la vida nos muestra o por dónde nos lleva.

A salto de mata es un ejercicio de recuerdo y de espejos, porque una vez pasado el tiempo, esos recuerdos son un reflejo y retazos de quienes fuimos, no del todo reales, no del todo exactos. Como decía John Ford en El hombre que mató a Liberty Valance, si la leyenda supera a la realidad, publica la leyenda.

Auster recorre su biografía, nos muestra de manera rápida, sencilla y acertada su paso a la madurez y su decisión de no dejarse llevar por una vida marcada por un horario y un trabajo de oficina. Auster quería escribir y vivir, salirse de lo establecido, no estar encadenado al dinero. Ser libre y seguir sus propias normas. En este libro, Auster repasa sus problemas de dinero, sus viajes a Francia, sus intentos de convertirse en escritor, sus diferentes trabajos para sobrevivir, desde traducir al inglés poemas vietnamitas (o su nueva constitución) a estar enrolado en un petrolero. Como escribe Auster, sólo me hacía falta un poco de espacio para respirar, la ocasión de comprobar, de una vez por todas, si era verdaderamente la persona que creía que era. Las memorias terminan donde arranca su carrera, con la muerte de su padre, un hecho que le haría escribir La invención de la soledad.

Lo que más me interesó en este libro no fue tanto la vida de Auster (de él me atraen sus libros) sino los personajes peculiares que conoce y la reflexión interesante y diferente sobre el dinero. Por las páginas de A salto de mata se cruzan vagabundos, seres errante, supervivientes de naufragios interiores, escritores olvidados, estrellas de cine o John Lennon, seres que aparecen por una pequeña eternidad y se convierten en sombras tan leves como pisadas en la lluvia. Son esos personajes los que me interesan, los que me hacen preguntarme cómo llegaron a estar fuera de la sociedad, invisibles y perdidos.

Auster escribe sobre el dinero: A fin de cuentas, el dinero es una ficción, papel sin importancia que sólo adquiere valor porque un gran número de personas deciden dárselo. El sistema se basa en la fe. No en la verdad ni en la realidad, sino en la creencia colectiva. ¿Y qué pasaría si esa fe fuese socavada, si un gran número de personas empezara a dudar del sistema? Las reflexiones sobre el dinero y cómo nos influye predominan en estas memorias, la valentía o cobardía al decidir sobre qué parte queremos que ocupe el dinero en nuestra vida. Auster eligió escribir y no sucumbir ante trabajos que le asfixiasen ese deseo. Su elección fue como caminar por una cuerda floja...

A salto de mata es un libro ameno, interesante cuando se trata de personajes secundarios y reflexiones sobre qué hacer con nuestra vida.

 
 
Cuando llegué a la treintena, pasé por unos años en los cuales todo lo que tocaba se convertía en fracaso. Mi matrimonio terminó en divorcio, mi trabajo de escritor se hundía y estaba abrumado por problemas de dinero. No me refiero simplemente a una escasez ocasional, ni a tener que apretarme el cinturón de cuando en cuando, sino a una falta de dinero continua, opresiva, casi agobiante, que me envenenaba el alma y me mantenía en un inacabable estado de pánico.
La culpa era sólo mía. Mi relación con el dinero siempre había sido imperfecta, enigmática, llena de impulsos contradictorios, y ahora pagaba el precio de negarme a aceptar una decisión clara al respecto. Desde siempre, mi única ambición había sido escribir. Lo sabía desde los dieciséis o diecisiete años, y nunca me había hecho ilusiones de que podría ganarme la vida escribiendo. El escrito no “elige una profesión”, como hace el médico o el policía. No se trata tanto de escoger como de ser escogido, y una ves que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida. A menos que se resulte ser un elegido de los dioses (y pobre del que cuente con ello), con escribir no se gana uno la vida, y si se quiere tener un techo sobre la cabeza y no morirse de hambre, habrá que resignarse a hacer otra cosa para pagar los recibos. Yo comprendía todo eso, estaba preparado para ello, no me quejaba. En ese aspecto tuve una suerte inmensa, y la perspectiva de se pobre no me asustaba. Lo único que quería era una oportunidad de realizar la obra que sentía en mi interior.

( … )

Mi problema era que no quería llevar una doble vida. No es que no quisiera trabajar, pero la idea de fichar en algún sitio de nueve a cinco me dejaba frío, totalmente desprovisto de entusiasmo. Con veintipocos años me sentía demasiado joven para sentar cabeza, demasiado lleno de proyectos para perder el tiempo ganando más dinero del que quería o necesitaba. En el aspecto financiero, sólo pretendía arreglármelas.

( … )

Estaba harto de clases, y la perspectiva de pasarme otros cinco o seis años estudiando me parecía un destino peor que la muerte. Ya no quería hablar más de libros, quería escribirlos. No me parecía bien, por principio, que un escritor se refugiase en la universidad, rodeándose de personas afines y viviendo demasiado a gusto. Existía un riesgo de autocomplaciencia, y una vez que cae en ella, el escritor puede darse por perdido.
Paul Auster.
A salto de mata. Crónica de un fracaso precoz (traducción de Benito Gómez Ibáñez. Anagrama)

Tags: A salto de mata, Paul Auster, Benito Gómez Ibáñez, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 18:40  | Libros...
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