Viernes, 11 de junio de 2010

Hay títulos que sobresalen entre las estanterías de una librería. Cuando llegué a la altura de Hotel Nómada tuve que detenerme para hojearlo, el título era demasiado atractivo para dejarlo pasar. No había leído nada de Cees Nooteboom y esta recopilación de artículos de viaje era la mejor manera de empezar con el autor neerlandés.

Nooteboom conjuga el libro de viajes con el ensayo, la crónica periodística y el libro histórico. El libro se inicia sobre una reflexión sobre los mapas (y recuerda aquel cuento de Borges donde el mapa tenía el mismo tamaño que el país que representaba) y el mismo acto de viajar: Quien viaja continuamente nunca para en el mismo sitio -visto desde su perspectiva- y, por lo tanto, siempre está ausente -desde la perspectiva de los demás, de los amigos-. Y es que, para ti mismo, estás en efecto "en otro sitio", es decir, no estás, aunque en realidad si estás, es decir, estás en ti mismo. Para Nooteboom, viajar significa estar siempre en casa, deshacerse de algunas capas innecesarias, entrar en un vacío cómodo, cercano, puro, ampliar la mirada y descubrir que son posibles otros mundos, otras formas de vivir, que surcar un río africano es adentrarse en el inhóspito terreno de la historia ajena a occidente, una historia transmitida de forma oral, con mitos, leyendas y héroes desconocidos para nosotros.

Nooteboom nos recuerda que dentro de este mundo hay cientos de otros mundos (im)posibles, que  hay que quitarse muchas vendas para poder comprender la nueva vida que nos rodea y cómo la mirada puede afectar a esos mundos diferentes (escribe Nooteboom: ¿Cuánto tiempo más permitirá nuestro mundo la existencia de ese otro mundo? Lo único que amenaza la integridad de esa sociedad africana es que sea vista por nosotros, pues no sería la primera vez que con nuestra mirada se iniciara su descomposición).

Gambia, Mali, El Sahara, Bolivia y México son los lugares que nos describe Nooteboom (y como él dice, es más difícil describir que escribir), también las habitaciones de hotel, los aeropuertos, los cielos calurosos, el polvo de las llanuras, los caminos de tierra, las rutas sin marcar, los ríos de África o las montañas de Sudamérica, las pisadas difusas de quienes habitaron antes que nosotros la tierra bajo nuestros pies y que hoy son sombras y fantasmas. Y en este camino sin fin se cruzan políticos corruptos, extranjeros enraizados en otras tierras, turistas que no ven más que aquello que les indican, incapaces de bajar a tierra para conocer el país que visitan, nómadas del desierto y mundos en proceso de desaparición.

Nooteboom escribe sobre el viaje como forma de vida. Saberse extranjero, en el otro lado de la frontera, ser el que llega de fuera, el que debe adaptarse a lo desconocido, cada paso un descubrimiento, un mundo posible, otra forma de sociedad y de tiempo. A veces hay que ponerse al otro lado, ser el extranjero.

Hotel Nómada es pura aventura, un doble viaje, el literario y el continuo de Cees Nooteboom.


Esa noche me duermo tarde sabiendo que al día siguiente tendré que recorrer un mundo del que sólo tengo una ligera sospecha.

( … )

El silencio es profundo. Sólo se oyen nuestros pasos y un suave jadeo mientras subimos lentamente otra cuesta. Es éste un valle mágico, un Shangri La real, y ahora que, transcurrido un tiempo, estoy en casa escuchando música dogon y mirando fotos en las que las personas se han convertido en lo que sus máscaras que representan, me vuelve a invadir la misma sensación de felicidad, pero ahora mezclada con nostalgia, porque tal vez no regrese nunca más a ese lugar. Y si volviera, ¿sería lo mismo? ¿Cuánto tiempo me permitirá nuestro mundo la existencia de ese otro mundo? Lo único que amenaza la “integridad” de esa sociedad africana es que sea vista por nosotros, pues no sería la primera vez que con nuestra mirada se iniciara su descomposición. Mi nostalgia se debe tal vez al hecho de saber que ese mundo tiene los días contados.

( … )

El hombre blanco viaja por África consentido en su soledad y, por ser un consentido, su comportamiento es antisocial, de modo que no es capaz de ver más allá de sus narices. Los turistas, que acuden en hordas cada vez más numerosas a contemplar animales salvajes y máscaras que bailan por dinero, tampoco ven nada. Y, sin embargo..., y, sin embargo..., Lévi-Strauss lo ha formulado con más claridad: “los etnólogos existen para dar testimonio de que nuestro modo de vida no es el único posible, de que hay otros modos que han permitido a los seres humanos llevar una vida feliz. Los etnólogos nos invitan a moderar nuestra presunción, a respetar otros modos de vida. Las comunidades investigadas por los etnólogos contienen lecciones que vale la pena escuchar. Son comunidades que han sabido hallar un equilibrio entre el hombre y el medio natural, un equilibrio cuyo sentido y misterio hoy ignoramos”.

( … )

Ver cosas que no alcanzas a comprender, signos que no sabes interpretar, una lengua que no entiendes, una religión cuya esencia ignoras, un paisaje que te rechaza, vidas que serías incapaz de compartir. Ahora experimento todas estas sensaciones como un placer. El shock que produce lo absolutamente desconocido es de una suave voluptuosidad. Si lo que quieres es integrarte en un nuevo mundo, hay mucho que debes dejar en casa. Tus máscaras ya no te sirven. Para un bereber de Goulimine, tú podrías ser tanto de Ohio como de cualquier otro lugar, lo que significa que todos los matices que confirman nuestra identidad, conquistados con dolor y esfuerzo a lo largo del tiempo, se desvanecen. Por esta razón, el acto de viajar te instala en una especie de estimulante vacío, en un estado de ingravidez en el que, aun cuando no abandones del todo la actualidad, se te dispensa de mucho. Flotas por un territorio que te es extraño..., ves, miras, ves..., aquí y allá haces un arañazo en la indestructible superficie, desapareces de nuevo, y regresas más vacío aún pero con palabras. 

( … )

¿Qué es lo que me hace sentir tan feliz aquí? Tal vez sea el silencio, es decir, la presencia exclusiva de personas y animales. En una esquina del mercado están aparcados todos los burros. Dentro de un par de años serán motocicletas, más tarde, automóviles. Pero ese momento todavía no ha llegado. Mi sensación de bienestar podría deberse también a la transparencia, es decir, a ver cómo se fabrican las cosas. Herreros, curtidores, panaderos, todos reunidos en el mercado, escritores y narradores de cuentos, mendigos y carniceros, el universo entero encima de un terrón, un mundo encerrado en sí mismo, autosuficiente, un mundo en orden, ésa es la impresión que produce.
Cees Nooteboom
Hotel Nómada (traducción de Isabel Clara Lorda Vidal. Debolsillo)


Tags: Hotel Nómada, Cees Nooteboom, Isabel Clara Lorda Vidal, Debolsillo

Publicado por elchicoanalogo @ 20:04  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

magnifia presentacion de tus propistos.

De la misma forma yo hice mi blog que te invito a conocer  :

http://gatoconbotas.obolog.com/

 

Un abrazo

javier .- gato con botas

Publicado por Invitado
Viernes, 11 de junio de 2010 | 20:25

Saludos, Javier. Tienes un interesante blog. Lo enlazo. Muchos abrazos

Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 11 de junio de 2010 | 20:45