Mi?rcoles, 16 de junio de 2010

Hay quien decide el siguiente paso a seguir lanzando un palo al aire, quien se deja llevar por la corriente y quien piensa detenida y racionalmente cada acci?n antes de ejecutarla. Hace tiempo me ve?a, de forma cinematogr?fica e irreal, como el samur?i Sanjuro, que en cada encrucijada de caminos tomaba la direcci?n que le marcaba un palo al caer. Ahora s?lo me dejo llevar, sin miedo ni esperanza.

Hace a?os vigilaba la placidez del sue?o de Arantza. Ella dorm?a apoyada en mi hombro, tranquila y aquietada. Yo miraba al paisaje a?n nocturno, los destellos fugaces de las estrellas y la Luna huidiza y me preguntaba en qu? lugar se encontrar?a Arantza. A veces estudiaba la expresi?n de su rostro dormido, quedo, para tratar de adivinar qu? tipo de sue?o ten?a. Deb?a estar alerta en caso de que me necesitase.? Recuerdo esos amaneceres con ternura, alguien que dorm?a cobijado en m? y que, de alguna manera, me necesitaba. Yo como cobijo y refugio...

Arantza desapareci? despu?s de mi primer naufragio para reaparecer quince a?os m?s tarde, tras mi segundo naufragio. Ella, en cierta forma, delimita dos momentos extremos y amargos en mi vida. A veces le digo que podr?amos hacer de nuestra amistad un cuento, reencontrarnos cada quince a?os para ver c?mo han cambiado nuestras vidas en esos a?os de ausencia. Arantza est? acostumbrada a mis desvar?os.

Tras quince a?os, nuestra esencia permanec?a inalterada, reconocimos a aquellos estudiantes despreocupados que compart?amos asiento en el autob?s y quimeras en la cafeter?a de la universidad. Pero todo lo vivido en nuestra ausencia nos hab?a ayudado a madurar y cambiar, a ser ?algo m?s? que la sombra de quienes fuimos. Arantza (que a Sergio y a m? nos llama ?sus chicos?) dice que tengo temple. Pero no sabe que para llegar a ese temple he tenido que destrozarme el coraz?n en varias ocasiones, que tengo miedo de convertirme en alguien c?nico y descre?do, que, dentro de m?, convivo con varios vac?os y que soy m?s fr?gil de lo que ella piensa y m?s fuerte de lo que yo creo.

En esos quince a?os de ausencia hice varios trucos de prestidigitador. Par? la lluvia, am? a una mujer voladora, conoc? a una sirena terrestre con luz de luci?rnaga, un libro me esper? durante un a?o a que yo lo recogiera, pos? una foto en la desembocadura del r?o Tajo y vi c?mo segu?a la corriente sin hundirse (tal vez esa foto? est? en mitad del Atl?ntico o en el est?mago de alg?n tibur?n), y comprob? la realidad de aquello del eterno retorno de lo id?ntico. Curvo es el sendero de la eternidad... Desde nuestro reencuentro me saqu? de la chistera un par de trucos m?s, me col? un par de veces en el sue?o de una mujer a las 4.30 de la madruga, una mendiga me pidi? un beso y conoc? a una estrella marina que brilla solitaria en mitad del cielo. La vida es pura magia.

En los ?ltimos meses Arantza volvi? a ?dormir en mi hombro?, se refugi? en m? en los momentos de tempestad. Y yo, que ya no soy aquel adolescente t?mido y distante, he necesitado dormir en el suyo. Estos ?ltimos meses he presionado mi coraz?n hasta sus ?ltimos l?mites, y mi coraz?n, tras un a?o de absoluta calma, no estaba acostumbrado a tal esfuerzo. A veces olvido que puedo apoyarme en las personas que quiero y no silenciar aquello que vivo y me preocupa. Ser refugio y refugiarme.

Arantza y yo

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