Mi?rcoles, 11 de agosto de 2010

Sarah Grimes se casó por amor y se niega a divorciarse a pesar de la desilusión que la invade. Emily, más independiente y liberada, salta de un amante a otro, y así llega a encontrarse con 50 años, sola y sin amigos. Ambientada en el Nueva York de la década del 30 a la del 70, al que llegan los ecos de la Segunda Guerra Mundial y el psicoanálisis, Las hermanas Grimes narra el viaje de la inocencia a la experiencia.

Hace años descubrí la tristeza de Richard Yates en uno de sus relatos incluidos en una antología del cuento norteamericano, un escritor que se acercaba a la pareja no con complacencia, sino de forma realista y dolorosa. Luego vino Vía revolucionaria, con el desencanto y el amor quebradizo que destila la pareja protagonista. Ahora, Las hermanas Grimes me confirma la calidad, supervivencia y tristeza de Richard Yates. (Nota al margen: encontré este libro en una feria de segunda mano. Me pregunto por qué su anterior (¿primer?) dueño se deshizo de él)

El inicio de Las hermanas Grimes es demoledor: Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz.  Y de eso habla Yates en este libro, de la búsqueda de la felicidad y la forma en cómo nuestros ideales se resquebrajan con el paso del tiempo, de la soledad dañina y la necesidad de llenar ese vacío aún con pasos falso y apariencias, de lo complicado que es la vida de pareja, la vida en sí misma. Yates muestra el lado triste, cruel y desgarrador de la realidad.

Sarah y Emily, las hermanas Grimes, inician una vida itinerante tras la separación de sus padres, unas niñas incapaces de arraigarse en una comunidad, de pertenecer a un círculo, siempre en movimiento, ninguna estabilidad ni física ni emocional. Sólo se tienen ellas. Sarah es tranquila y campechana, Emily tiene nervio, es inquieta. Ambas crecen entre continuos viajes con su madre, la fugacidad y la distancia con la vida. Es difícil avanzar si no hay una base, unas raíces, algo donde sustentarse. Un embarcadero al que regresar.

Las hermanas crecen y eligen caminos distintos para sus vidas. Sarah se casa y tiene tres hijos, busca en el matrimonio ese embarcadero que la refugie. Emily, en cierta forma, sigue con la vida itinerante de su niñez y adolescencia, y en su madurez irá de relación en relación amorosa para intentar huir de una soledad extraña y dolorosa. Como nos avisaba Yates en las primeras páginas del libro, ninguna de las hermanas conseguirá esa felicidad, al contrario, sus vidas serán descarnadas, tristes, desgarradores, un grito de frustración y no entender nada de lo que les sucede.

Yates escribe sin artificios y de la manera más sencilla posible, y consigue conmover con esa sencillez. Las caídas de las hermanas Grimes, cómo sus sueños se resquebrajan y no llegan a construir un embarcadero en el que resistir y cobijarse, el dolor y el vacío de la soledad, encontrarse frente a un espejo que devuelva una imagen inesperada de nosotros mismos... Hay momentos donde te dan ganas de tomar por el brazo a una de las hermanas y ayudarla a levantarse. Un gran libro.


Durante un año encontró un dolor exquisito, casi un placer, en enfrentar el mundo como si no le importara. “Mírenme -se decía en medio de un día difícil-. Mírenme: sobrevivo; me las arreglo; tengo el control de la situación”.
Richard Yates
Las hermanas Grimes (traducción de Rolando Costa Picazo. Alfaguara)


Tags: Las hermanas Grimes, Richard Yates, Alfaguara, Rolando Costa Picazo

Publicado por elchicoanalogo @ 21:09  | Libros...
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