Mi?rcoles, 18 de agosto de 2010

Este libro de Gabriel García Márquez no fue concebido para serlo. Más que un texto literario, es el ejemplo de un excelente reportaje, de un periodismo auténtico. La historia de esta aventura fue publicada por entregas en El espectador de Bogotá. El 28 de febrero de 1955, se conoció la noticia de que ocho miembros de la tripulación de un destructor de la Marina de Guerra de Colombia habían caído al agua y desaparecido a causa de una tormenta en el mar Caribe. De los ocho sólo sobrevivió Luis Alejandro Velasco, que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber...

A veces se podría hacer una novela con los caminos que toma una historia hasta convertirse en un libro. Relato de un náufrago nació como reportaje periodístico. García Márquez entrevistó a Luis Alejandro Velasco, un marino colombiano que había sobrevivido a diez días a la deriva y sin provisiones en el mar Caribe, convirtiéndose en un héroe nacional. Aquella noticia se publicó por entregas (como los antiguos folletines) y creó un revuelo al denunciar los trapicheos de la armada y separar la leyenda de la realidad. Años más tarde, García Márquez reunió aquellos artículos y les dio forma de libro.

Relato de un náufrago destaca por mezclar la crónica periodística con el libro de aventuras y, en la frontera, con el diario personal. Porque García Márquez decide que el narrador sea el marino Luis Alejandro Velasco y consigue, con una sencillez de estilo impagable, que no haya una separación entre el escritor, el protagonista de la hazaña y los hechos narrados, todo está armado de manera compacta, unitaria, casi parece escucharse de viva voz la odisea del marino.

Una travesía entre Estados Unidos y Colombia se convierte en toda una aventura para Luis Alejandro Velasco, quien, agazapado en cubierta entre cajas de productos de contrabando, verá cómo una enorme ola lo lanzará al mar junto a varios de sus compañeros. El aturdimiento y la congoja iniciales darán paso a la lucha por la supervivencia de Luis Alejandro. Atrincherado en una pequeña balsa, el marino ve morir a algunos de sus compañeros a apenas dos metros de él y cómo el barco se aleja luchando contra las olas.

A partir de aquí, Relato de un náufrago describe no sólo la aventura del marino en su deriva, sus encuentros diarios con los tiburones que acompañan a la balsa, cómo mitigar la sed y el hambre, el paso del tiempo y las esperanzas, el recuerdo de sus compañeros muertos y el tiempo vivido en Estados Unidos mientras esperaba a embarcar de nuevo; también reflexiona sobre la heroicidad y la supervivencia.

García Márquez escribe un relato sencillo, apasionado y conmovedor sobre los diez días que Luis Alejandro Velasco vivió a la deriva, una historia que bascula entre la leyenda, la aventura, el periodismo y la reflexión.



Hay un instante en que ya no se siente dolor. La sensibilidad desaparece y la razón empieza a embotarse hasta cuando se pierde la noción del tiempo y del espacio. Boca abajo en la balsa, con los brazos apoyados en la borda y la barba apoyada en los brazos, sentí al principio los despiadados mordiscos del sol. Vi el aire poblado de puntos luminosos, durante varías horas. Por fin cerré los ojos, extenuado, pero entonces ya el sol no me ardía en el cuerpo. No sentía sed ni hambre. No sentía nada, aparte de una indiferencia general por la vida y la muerte. Pensé que me estaba muriendo. Y esa idea me llenó de una extraña y oscura esperanza.

( … )

Miré al lado de la balsa donde anotaba los días y conté ocho rayas. Pero recordé que no había anotado la de aquel día. La marqué con las llaves, convencido de que sería la última, y sentía desesperación y rabia ante la certidumbre de que me resultaba más difícil morir que seguir viviendo. Esa mañana había decidido entre la vida y la muerte. Había escogido la muerte, y sin embargo seguía vivo, con el pedazo de remo en la mano, dispuesto a seguir luchando por la vida. A seguir luchando por lo único que ya no me importaba nada.

( … )

Nunca creí que un hombre se convirtiera en héroe por estar diez días en una balsa, soportando el hambre y la sed. Yo no podía hacer otra cosa. Si la balsa hubiera sido una balsa dotada con agua, galletas empacadas a presión, brújula e instrumentos de pesca, seguramente estaría tan vivo como lo estoy ahora. Pero habría una diferencia: no habría sido tratado como un héroe. De manera que el heroísmo, en mi caso, consiste exclusivamente en no haberme dejado morir de hambre y de sed durante diez días.
Yo no hice ningún esfuerzo por ser héroe. Todos mis esfuerzos fueron por salvarme. Pero como la salvación vino envuelta en una aureola, premiada con el título de héroe como un bombón con sorpresa, no me queda otro recurso que soportar la salvación, como había venido, con heroísmo y todo.
Se me pregunta como se siente un héroe. Nunca sé qué responder. Por mi parte, yo me siento lo mismo que antes. No he cambiado ni por dentro ni por fuera. Las quemaduras del sol han dejado de dolerme. La herida de la rodilla se ha cicatrizado. Soy otra vez Luis Alejandro Velasco. Y con eso me basta.
Quien ha cambiado es la gente. Mis amigos son ahora más amigos que antes. Y me imagino también que mis enemigos son más enemigos, aunque no creo tenerlos. Cuando alguien me reconoce en la calle se queda mirándome como a un animal raro. Por eso visto de civil, hasta cuando a la gente se le olvide que estuve diez días sin comer ni beber en una balsa.
Gabriel García Márquez
Relato de un náufrago (Tusquets)


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Publicado por elchicoanalogo @ 2:28  | Libros...
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