Mi?rcoles, 08 de septiembre de 2010

Como cabeza de familia, a Ogata Shingo le preocupa la decadencia moral de sus descendientes. Su hijo Shuichi, a quien la guerra ha helado el corazón, está casado con la maravillosa Kikuko, pero le es infiel y tiene un hijo con otra mujer; por otra lado, Fusako vuelve a la casa paterna con sus dos hijos tras haberse divorciado de un marido drogadicto. Tanto Shuichi como Fusako creen que su padre es demasiado viejo e interpretan sus silencios como senilidad. Pero, en realidad, el pensamiento de Ogata Shingo sigue activo, repleto de hermosas imágenes, de sonidos de la naturaleza, de aromas, de escenas. Bajo la fina capa de la vida familiar, cada uno de sus miembros vive, en solitario, su drama, luchando en unas ocasiones contra el amor y en otras, contra la muerte.

Con El rumor de la montaña hice el camino a la inversa, primero vi las delicadas imágenes que creó Mikio Naruse en su adaptación cinematográfica (Naruse fue uno de los grandes directores japoneses, a veces olvidado y opacado por la presencia de Mizoguchi, Kurosawa y Ozu) y hace unos días leí la novela de Kawabata. Las caras de los actores Sô Yamamura y Setsuko Hara se solaparon con las palabras de este libro sin quiebra ni extrañeza. Parece que Naruse acertó en el tono en su adaptación de la historia de Kawabata.

Hay una fuerza y una poesía que recorre El rumor de la montaña desde su inicio, con las reflexiones de Ogata Shindo, un hombre ya mayor que no consigue atrapar los recuerdos de su vida y lucha contra el vacío y la desorientación que deja el olvido dentro de él. Mira dentro de sí y todo es brumoso y huidizo, mira fuera de sí y se encuentra con la vida y la naturaleza. Y en esa naturaleza, una imagen poderosa, hermosa, inolvidable, el sonido de una montaña. “Entonces oyó la montaña.
No era el viento. Con la luna casi llena y la humedad en el aire bochornoso, la hilera de árboles que dibujaba la silueta de la montaña estaba borrosa, inmóvil.
En la galería, ni una hoja de helecho se movía.
En los retiros de montaña de Kamakura, algunas noches se podía oír el mar. Shingo se preguntó por un momento si habría sido el rumor del mar. pero no estaba seguro de había sido la montaña.
Era como el viento lejano, pero con la profundidad de algo que retumbara en el interior de la tierra. Sospechando que podía tratarse de un zumbido en sus oídos, Shingo sacudió la cabeza.
En ese instante, el sonido se interrumpió y, de repente, tuvo miedo. Sintió un escalofrío, como un anuncio de que la muerte se aproximaba. Quería preguntarse, con calma y determinación, si había sido el sonido del viento, el rumor del mar o un zumbido dentro de sus oídos. Pero había sido otra cosa, de eso estaba seguro. Había sido la montaña.”

Hace años comencé a leer a Kawabata y desde las primeras lecturas me sentí atraído por la unión de belleza y tristeza (como el título de uno de sus libros), la delicadeza de sus narraciones, el dolor del amor y el paso del tiempo, la reflexión sobre la vejez y la soledad, la sombra de la muerte y el olvido. Todo eso se encuentra en El rumor de la montaña.

Ogata Shingo ya ha pasado de los sesenta años, su memoria flaquea, como su cuerpo, e intenta atrapar algunos recuerdos de su juventud, en especial, el amor que sintió por la hermana de su mujer. Shingo ha llegado a un punto de su vida donde se pregunta sobre la familia, la vejez y la muerte (son extraños y dolorosos esos momentos donde el anciano protagonista acude a los funerales de sus compañeros y esa soledad que crece en cada uno de ellos). Mientras, la vida sigue a su alrededor y Shingo se deja llevar por las imágenes de una belleza extrema que le depara la naturaleza y los sueños que le acercan a su pasado o llenan el vacío que está dejando el olvido en él. En El rumor de la montaña los pequeños párrafos descriptivos parecen haikus.

Uno de los puntos fuertes de esta novela de Kawabata es la relación que se establece entre Shingo y su nuera Kikuko, una relación entrañable. Shingo, anciano, ve cómo todo se convierte en sombra y sus hijos se han desviado del camino que quería para ellos; Kikuko, mujer casada y paciente, debe convivir con las infidelidades de su marido. Ambos encontrarán en el otro un punto de apoyo, una relación de cercanía y cariño.

El rumor de la montaña es una delicada y emotiva novela de Kawabata, un pedazo de la vida de un anciano que es capaz de escuchar el rumor de una montaña...


En el mundo había gente tan parecida entre sí que se los podría tomar por padres e hijos. Pero difícilmente existieran muchos en el mundo. Tal vez hubiera un solo hombre que pudiera corresponderse con una muchacha y una sola joven que combinara con un hombre. Solo uno para algún otro; y tal vez en todo el mundo una sola pareja posible. Viven como extraños, sin suponer ningún tipo de lazo entre ellos y hasta ignorantes de la existencia del otro.
Por casualidad suben al mismo tren, se reúnen por primera vez y probablemente nunca vuelvan a encontrarse. Treinta minutos en el curso de toda una vida. Se separan sin decirse una palabra. Habiendo estado sentados uno al lado del otro, sin mirarse, sin darse cuenta del parecido, se alejan siendo parte de un milagro del que no tomaron conciencia.
Y el único admirado por la rareza de todo eso es un extraño que se pregunta si, al ser un accidental testigo no estará participando de un milagro.
¿Qué significaban ese hombre y esa mujer que parecían padre e hija, sentados uno al lado de la otra durante solo media hora en el curso de todas sus vidas, y que se habían mostrado así ante Shingo?
Allí había estado ella, con sus rodillas casi rozando las del hombre que no podía ser otro que su padre, todo porque la persona a quien esperaba no había llegado.
-¿Así es la vida? -era lo único que Shingo podía musitarse.
Yasunari Kawabata
El rumor de la montaña (traducción de Amalia Sato. Emecé editores)


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Publicado por elchicoanalogo @ 19:07  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

Me encanta Kabawata, pero este libro no lo he leído. Tomo nota.

Las lecturas que he hecho de él me sumergen en una sensación de melancolía de pérdida, no dolorosa, sino relajante. Es curioso, pero me pasa cpn Soseki y también, algo menos, con Murakami.

Besos

Isabelnotebook

Publicado por Invitado
Martes, 19 de octubre de 2010 | 13:12

Kawabata se está convirtiendo en uno de mis escritores favoritos. Lo próximo que leeré de él será Mil grullas... Me gusta eso que tú señalas, la suave melancolía de sus historias y esa forma de escribir como de haiku, muy poética.

Saludos, Isabel

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 19 de octubre de 2010 | 20:05