Mi?rcoles, 15 de septiembre de 2010

Escritos entre 1951 y 1961, y publicados un año después de Vía revolucionaria, estos espléndidos cuentos retratan a seres que no viven grandes tragedias o epopeyas, sino la callada desolación de la vida diaria: ciudadanos medios de Manhattan en la década de los cincuenta, oficinistas, un taxista empeñado en que el tiempo no borre para siempre sus experiencias, un novelista frustrado, una severa maestra, una pareja de jóvenes americanos de viaje en Cannes, un niño que acaso sea redimido por su profesora, hombres perdidos en la anodina vida suburbana, una joven embarazada que se niega a confesar el nombre del padre de su futuro hijo, mujeres sin amor…


Cuando terminé la triste historia de Las hermanas Grimes busqué otro libro de Richard Yates que me acercase al mundo realista y melancólico del escritor neoyorquino. Once maneras de sentirse solo es mi tercera aproximación a Yates, y, como en Vía revolucionaria y Las hermanas Grimes, una tenue tristeza y supervivencia cruzan los relatos recogidos en este libro de personajes perdidos y amores que se apaciguan antes de empezar.

La fotografía de la portada es perfecta como introducción a los que nos espera en las páginas de Once maneras de sentirse solo. Una fotografía en blanco y negro de oficinistas y empleados de pulcros trajes y sombreros que cruzan una calle en una escena cotidiana vista desde el aire, donde el espectador puede parecer un pequeño e invisible semi dios que, escondido, ve retazos de la vida de seres anónimos y grises. Es en ese mundo de gente corriente donde mejor se mueve Yates, supervivientes y seres atrapados en una rutina de trabajos intrascendentes, barras de bar y relaciones apagadas y marchitas. Hay mucha tristeza en el realismo de Yates, también retazos de ternura y reflexión.

Escribía Richard Ford en la introducción de su antología al relato norteamericano: “Todos los relatos aquí reunidos impresionarán a los lectores con su esencia narrativa: sus cualidades en tanto que “hechura”; la urgencia de dirigirse al lector; sus contornos esmerados, su brevedad y capacidad de moderación contra la urgencia de decir más cuando es mejor decir menos; su convicción fundamental de que la vida puede -y quizás debería- ser minimizada, y al mismo tiempo ser enfatizada en un solo gesto, y de este modo juzgada moralmente. Estos relatos afirman que en medio del gran tumulto aparentemente indistinguible de la vida, se puede encontrar lo primordial.” (Traducción de Manuel Pereira). Este párrafo de Ford puede servir para definir los relatos de Yates, cómo el escritor encuentra la medida y la distancia justas para sus relatos, su capacidad de vislumbrar y acercanos la vida con los mínimos elementos.

En Once maneras de sentirse solo conviven un chico nuevo en un colegio y su intento por adaptarse al nuevo entorno, una mujer que visita a su marido enfermo (y el silencio rutinario de su encuentro y el frío dentro y fuera del hospital y el amante que le espera en un coche), un hombre que encuentra un especial placer (nunca gloria) en la derrota con un escritor que trabaja como negro de un taxista aficionado a recopilar las historias que ocurren en su taxi, un sargento rudo, un pianista de jazz, oficinistas, ex combatientes tuberculosos, parejas a la deriva... La cara oculta y escondida del estilo de vida americano.

Richard Yates retrata esos años posteriores a la segunda guerra mundial donde la vida se reanudaba y los sueños se resquebrajaban de forma imperceptible. Lo mejor de todo es mi relato favorito, excepcional descripción de una pareja en la víspera de su boda. Yates muestra la evolución de una relación amorosa tomando unas pocas horas en la vida de una pareja a punto de casarse, la pasión inicial que parte de la mujer y cómo ésta, ante el hastío de su futuro marido, pasará a un conformismo y una rutina anodina. En pocas horas Yates condensa la vida futura que espera a la pareja.

Seguiré tras los libros de Yates.



Ese estado de ánimo de la hora del cóctel era una efecto cuidadosamente estudiado, Walter lo sabía. Lo mismo que su seriedad de madre durante la cena de los niños; otro tanto la dinámica e impetuosa eficiencia con la que, horas antes, habría hecho la compra; y sería también un efecto estudiado la ternura con que, más tarde, se entregaría a sus brazos. Su vida era una ordenada rotación de estados de ánimo prefabricados o, mejor dicho, había degenerado en esto. Ella lo llevaba bien, y sólo en contadas ocasiones, mirándola detenidamente a la cara, podía él percibir el enorme esfuerzo que le estaba costando.
Richard Yates
Once maneras de sentirse solo (Traducción de Luis Murillo Fort. RBA)




Tags: maneras de sentirse solo, Richard Yates, Luis Murillo Fort, RBA

Publicado por elchicoanalogo @ 21:54  | Libros...
Comentarios (6)  | Enviar
Comentarios

Qué gusto da pasarse otra vez por este blog, después de tanto tiempo, y ver que no para de mejorar. Mañana me hago con este libro de Yates. Me ha bastado tu crónica para convencerme. Leí y vi Revolutionary Road y, tanto el libro como la película me encantaron. No conocía este libro pero el título es tremenda y peligrosamente atractivo.

Alba Taboada

Publicado por Alba Taboada
Lunes, 27 de septiembre de 2010 | 22:55

Saludos, Alba, Hay otro libro de Yates que está realmente bien, Las hermanas Grimes, tan triste y desesperado como Vía revolucionaria. Alguno de los cuentos de Once maneras de sentirse solo son extraordinarios y parecen, por el tono y la forma, en precursores de los relatos de Carver y Ford. Un abrazo y ya me dirás qué te parece.

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 28 de septiembre de 2010 | 18:32

Queda también apuntado. Y te invito a que te asomes por aquí, porque te menciono: http://albataboada.blogspot.com/

Publicado por Alba Taboada
Martes, 28 de septiembre de 2010 | 20:26

Voy a echarle un vistazo. Saludos

Publicado por elchicoanalogo
Mi?rcoles, 29 de septiembre de 2010 | 15:11

Yo soy otro admirador de Yates. Simplemente comentaros (por si no lo sabéis) que hay otra novela suya recientemente traducida que está muy bien: "Cold Spring Harbor". Saludos.

Publicado por Invitado
Viernes, 14 de enero de 2011 | 22:14

Tengo ganas de leer ese libro, cualquier cosa de Yates me parece que merece la pena. Un saludo

Publicado por elchicoanalogo
S?bado, 15 de enero de 2011 | 10:48