S?bado, 30 de octubre de 2010

Nocilla Experience es un caleidoscopio ficcional, donde cabe todo menos el sopor, incluso las enseñanzas de un código samurái, sin olvidar las andanzas de un elenco de protagonistas con rarezas de primera magnitud que no son más que la expresión de su radical soledad. Un libro con muchos ecos: de la literatura de Perèc al cine de Jim Jarmusch o Francis Ford Coppola.

En la primera parte del proyecto Nocilla, Agustín Fernández Mallo mezclaba la literatura con la ciencia en unas imágenes llevadas al límite. Aún recuerdo aquel álamo en mitad de la nada del que colgaban docenas de zapatos y los personajes que deambulaban por carreteras que parecían sacadas de París-Texas, de Wim Wenders.

Nocilla Experience es la segunda parte del proyecto Nocilla y, como en la primera parte, se suceden los capítulos cortos (que parecen sacados de un blog) donde se mezclan los personajes extravagantes y solitarios, las imágenes que conjugan ciencia y poesía, extractos de entrevistas, recortes de prensa, diálogos de Apocalypse Now de Coppola y Ghost Dog, el camino del Samurái de Jim Jarmusch o la reinterpretación de Rayuela.

Pienso en Nocilla Experience y me quedo con las imágenes de un edificio de cristal en mitad de la estepa rusa, un museo dedicado al parchís y abandonado a su término y del que sólo sale el sonido de una radio que dejaron encendida, de fórmulas matemáticas tendidas en los colgadores de una azotea de Madrid, de casetas construidas con trozos de latas y carteles, de cocineros capaces de cocinar el horizonte, de un hombre que proyecta una torre para suicidas y un museo de la ruina, de ciudades protegidas del frío por una capa casi infinita de tela, de personajes rodeados por una soledad extrema y, sobre todo, de horizontes, espacios vacíos y piel.

Es difícil definir este libro, podría decir que es un puzzle matemático, humo, fragmentos de un blog o reinterpretaciones de películas y otros libros.



El asunto que lo distrae es una teoría que hace años que tiene en marcha, enmarcada en algo más amplio que él denomina socio-física teórica. El radio de acción, el banco de pruebas para su constatación, no pasa de 2 o 3 manzanas en torno a su azotea. En el barrio encuentra todo cuanto necesita: comestibles, conversaciones banales y ropa de temporada en tergal. La pretensión de su teoría consiste en demostrar con términos matemáticos que la soledad es una propiedad, un estado, connatural a los seres humanos superiores, y para ello se fundamenta en una evidencia física bien conocida por los científicos: sólo existen en la naturaleza 2 clases de partículas, los fermiones [electrones protones, por ejemplo] y los bosones [fotones, gluones, gravitones, etcétera]. Los fermiones se caracterizan por el hecho, ampliamente demostrado, de que no puede haber 2 o más en un mismo estado, o lo que es lo mismo, que no pueden estar juntos. La virtud de los bosones es justamente la contraria: no sólo pueden estar varios en un mismo estado y juntos, sino que buscan ese apilamiento, lo necesitan. Así, Marc toma como reflejo y patrón esa clasificación para postular la existencia de personas solitarias que, como los fermiones, no soportan la presencia de nadie.

( … )

Una mujer llamada Cynthia Ferguson, licenciada en Medicina por la Universidad de Columbia, ha escrito el libro Historia universal de la piel, un tratado que abarca desde las enfermedades de ese órgano a la antropología, usos y costumbres asociadas a ella a lo largo de un amplio abanico de culturas y razas. Cuenta que todo se le ocurrió cuando, en las prácticas de cirugía que ella supervisaba en la universidad, todos los alumnos tenían un miedo impresionante al primer tajo del bisturí, cortar la piel les producía una desazón y grima que incluso algunos no podían soportar. Sin embargo, en cuanto metían las manos dentro de la brecha y tenían que acometer auténticas carnicerías en los órganos internos, ese rechazo desaparecía, y hasta se divertían de la misma manera que los niños cuando juegan con el barro o a las cocinitas. Eso le hizo ver el poder de ese órgano que mide 2 m² en un ser humano estándar, el órgano más extenso que existe.

( … )

Debido a que nada que porte información puede ir más rápido que la velocidad de la luz, existe lo que los cosmólogos llaman horizonte de sucesos, el punto más allá del cual no podemos aún conocer lo que ocurre. Señales de luz que se emitieron hace millones de años y de cuya existencia aún tardamos en saber. Pero ese horizonte no es plano, sino una extensa superficie que esféricamente nos rodea, una bola cerrada e impermeable hasta que indique lo contrario una simple fórmula que liga la velocidad con el tiempo.
Agustín Fernández Mallo
Nocilla Experience (Santillana)


Tags: Agustín Fernández Mallo, Nocilla Experience, Santillana

Publicado por elchicoanalogo @ 19:38  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios