Domingo, 19 de diciembre de 2010

No fue un acto premeditado. Durante una semana estuve con los dos libros de cuentos de Raymond Carver que me quedaban pendientes de leer. Cuando terminé el último relato me di cuenta de cómo, por puro azar, había enlazado ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, su primer libro publicado, con Si me necesitas, llámame, la edición de cinco relatos encontrados tras su muerte, el inicio y el final del universo del escritor. Pensé que eran los últimos relatos de Carver, que ya no habría más. Entonces sentí una profunda tristeza y añoranza de un mundo cerrado antes de tiempo, la sensación de quedarme ante una frontera que nunca más podré traspasar.

Editar unos relatos inacabados (o sin la corrección última de Carver) podría parecer un epílogo inadecuado a su obra. Pero en Si me necesitas, llámame está la voz del escritor con toda su fuerza y emoción. Cinco relatos de seres reales, de días cotidianos, de derivas y naufragios y nuevos comienzos, de parejas en descomposición, de ecos que se apagan, de la lucha contra el alcoholismo y la pérdida de una parte de nuestra vida y de nosotros, de una mirada certera a la realidad circundante, de contar lo máximo con lo mínimo (una prosa desnuda de efectismos o estructuras extrañas que sólo buscarían tapar el vacío de quien no tiene nada que contar).

El inicio de Leña ya nos indica que estamos ante la conocida voz de Carver. “Era mediados de agosto y Myers estaba cambiando de vida. La única diferencia entre esta vez y las otras era que ahora estaba sobrio. Acababa de pasar veintiocho días en un centro de desintoxicación. Pero en ese tiempo a su mujer se le había metido en la cabeza largarse con un amigo de los dos, otro borracho. Aquel individuo había recibido una pequeña herencia y hablaba de comprar la mitad de un bar restaurante en la parte oriental del estado. Myers llamó a su mujer, pero ella le colgó. No sólo se negaba a hablar con él, sino que le prohibió acercarse a la casa. Había contratado a un abogado y tenía una orden judicial. Así que cogió algunas cosas, subió a un autobús y se fue a la costa, donde alquiló una habitación en una casa de un tal Sol que había puesto un anuncio en el periódico.” Myers es escritor, intenta superar la pérdida de su matrimonio y dejar atrás su problema de alcoholismo, deja breves anotaciones en un cuaderno (“el vacío es el principio de todas las cosas”), vive en una habitación de alquiler, apenas se relaciona con sus caseros y, a veces, parece uno de esos personajes de Kawabata que capta incluso el sonido de una montaña. Myers corta un cargamento de leña, el trabajo físico de partir los troncos como un símbolo de conseguir terminar algo, de estar preparado para seguir adelante.

La pareja de ¿Qué queréis ver? pasa sus últimos días juntos en una casa alquilada, han decidido separarse tras años de amor y convivencia. No hay nadie en sus vidas, sólo una relación que se ha desgastado tanto que ha acabado por desaparecer. Con una emoción ajustada y sin exageraciones, Carver describe los últimos días de la pareja y cómo los sentimientos caducan. “El caso era que íbamos a mudarnos, habíamos decidido separarnos. Yo iría a Vermont a dar clases durante un semestre en una pequeña universidad y Sarah había alquilado un apartamento en Eureka, ciudad que no estaba muy lejos. Al cabo de cuatro meses y medio, lo que duraba el curso, ya veríamos cómo estaban las cosas.”

En Sueños una mujer pierde a sus hijos en un incendio. El relato, extraordinario, conciso, sin caer en la sensiblería o el morbo, tiene el punto de vista de una pareja vecina de la mujer. La pareja duerme en el sótano para sobrellevar el calor, la mujer cuenta sus sueños al marido nada más despertarse, ven en la distancia a la mujer divorciada y su relación cercana y cariñosa con sus hijos. Carver, como es habitual en él, habla de gente común, los describe con pequeños trazos y huellas, y en mitad de esas vidas cotidianas la irrupción del drama (contado de forma austera). El fuego también es protagonista en Vándalos, y esa imagen de una casa que se consume parece acercanos a la idea de Carver de finitud y caducidad vital.

Si me necesitas, llámame es el relato del final de una pareja. Ambos se quieren, han tenido una relación paralela e intentan pasar unos días solos en una cabaña para ver qué pueden hacer por su vida en común y evitar el divorcio, pero su amor está agotado, ya no queda nada por lo que luchar. Hay una imagen poderosa en el relato, la irrupción de unos caballos que aparecen en mitad de la niebla, esa irrupción iniciará una noche de música, conversación y sexo en la pareja, una última noche antes del final, la despedida adecuada entre dos seres que se quieren pero dejaron de amarse. “Ni por un momento pensé que nos ocurriría esto a nosotros. Después de tantos años. Ni soñarlo. A nosotros, no.”

Y con esa pareja que se separa de forma emotiva termina el último relato publicado de Raymond Carver. Ahora sólo me queda regresar a ellos y descubrir su poesía. Adentrarme en el mundo de Carver ha sido un viaje emocionante, retratos acertados y cercanos y profundamente emotivos de seres reales.

Raymond Carver
Si me necesitas, llámame (traducción de Benito Gómez Ibáñez, Anagrama)


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Publicado por elchicoanalogo @ 4:04  | Libros...
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Comentarios

Curiosamente, fue este el primer libro de Carver que leí. Me soprendió, entre otras cosas, la austeridad de estos relatos, y el hecho de que estén contados sin ningún efectismo. No sabía entonces que acabaría leyéndolo casi todo del autor (bueno, en verdad no tiene mucho publicado, y también es cierto que aún me falta Tres rosas amarillas), pero soy de los que opina que Carver es uno de los maestros del cuento. Tampoco estaría mal leer Principiantes, a mí al menos me parece curioso comparar los estilos tan diferentes de Carver y Lish, como por otra parte ya hizo Baricco en "El hombre que reescribía a Carver". Gracias por enlazar.

Publicado por Bartleby
Domingo, 19 de diciembre de 2010 | 9:47

Me gusta la desnudez de estilo de Carver, cómo es capaz de contar tanto con los elementos justos. Tengo ganas de revisar Principiantes y, sobre todo, de empezar con sus poemas. Saludos

Publicado por elchicoanalogo
Domingo, 19 de diciembre de 2010 | 10:41