S?bado, 15 de enero de 2011

Fue una emoci?n fugaz. La serenidad del amanecer, las cumbres rojizas y somnolientas, la estela quebradiza de las estrellas, el silencio alrededor, la idea de que todo empezaba de nuevo y, tambi?n, que todo estaba en su sitio. Es en lo amaneceres donde sientes esperanza, magia y un mundo por delante (en los atardeceres, la l?nguida tristeza de la oscuridad, la vida en fuga constante, los recuerdos de viajes, habitaciones de hotel, aeropuertos o ese segundo donde el tiempo parece detenerse antes de rozar la piel de un cuerpo semi desnudo, una piel que sonar? a mar y olas crepitantes, a hojas oto?ales que se desgajan quedamente de los ?rboles neblinosos).

Pensaste en 2666, voluptuoso, aventurero, abarcador, c?mo cada vez que abres el libro Bola?o te transmite v?rtigo y un vac?o en el est?mago, asomarse al infinito o a los acantilados que te devuelven un viento desestabilizador y peregrino, miedo y deseo mezclados, la realidad de un mundo de ficci?n. Las palabras parec?an inacabables para Bola?o, siempre hab?a una curva m?s, un recodo en el que detenerse a descansar y escuchar una historia enfebrecida, la aventura de adentrarse en caminos poco transitados y dejarse la piel y las entra?as en el intento.

Necesitas los mundos que las palabras hacen posibles. Sientes el lenguaje en la sangre, un lenguaje hecho de letras o n?meros o im?genes o simples sensaciones, un lenguaje que te ubica en el mundo y, tambi?n, lo transforma. Crees que la palabra hace real y tangible el mundo que describe, lo arranca de la invisibilidad, de la niebla y la mudez, la palabra como una dimensi?n que te lleva m?s all? de los sentidos y la realidad.

Recuerdas la voz llena de matices y recovecos de Elisa recitando Las monarcas de Olds, las palabras corp?reas que sal?an de Elisa para quedar suspendidas y ocupar el espacio en blanco que hab?a entre vosotros. Recuerdas las estanter?as de Aurora, los libros amontonados y las palabras silenciadas dentro del papel (y la idea de que, tal vez, al cerrar un libro, las palabras se trastocan y cambian de lugar) y, sobre todo, las conversaciones fugaces sobre esos libros, Aurora que destacaba unos autores sobre otros, que seleccionaba voces que arrancar del silencio. Recuerdas a Marta dibujando su personalidad en una cartulina, l?pices de colores y purpurinas y caminos hechos de medias lunas.

Tambi?n recuerdas tu aire susurrado que se adentraba en otra boca, y en ese aire susurrado: te quiero, te deseo, me mueves, me refugias.

Abres los ojos y a cada mirada, una historia; cierras los ojos y las palabras e im?genes se suceden en cascada. Bola?o, Elisa, Aurora, Marta, las sensaciones ancladas a los recuerdos, la piel que sonaba a mar, la piel que crepitaba a hoja oto?al, las cumbres rojizas y el camino de estrellas que se desvanec?a en el amanecer. Te sentir?as perdido sin historias, sin los mundos (im)posibles que hay tras cada palabra, imagen y caricia.


Publicado por elchicoanalogo @ 22:32  | Great White Way
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