Lunes, 17 de enero de 2011

I

No lo comprendo.  
No sé  
            por qué hay que ir tan deprisa.  
No entiendo  
            por qué hay que caminar tan rápido  
ni por qué es tan temprano  
ni por qué la calle está tan enturbiada y húmeda. 

No entiendo  
qué dice este rumor en tránsito 
           (este siseo infatigablemente frágil) 
ni sé  
           a dónde llevan tantos pasos 
con la obstinada decisión de no perderse. 


II

Estoy en la puerta de mi casa:
desde aquí puedo ver,
tras los cristales,
                    un copo de cielo, 
un harapo azul de distancia,
un tragaluz de lejanía.

Cierro la puerta
                    y no lo entiendo,
pero hago un gran esfuerzo en retener
ese jirón azul en la pupila
           y pienso en la corona de espuma del ahogado
           y en os clavos grises que me aguardan.

Sin embargo, ya sé que no hay coronas:
estamos muy lejos del mar
y yo llevo los ojos llenos de bruma y humo
como si los cubriera la sombra de una lágrima
que aún no he sabido llorar.
           Digo que lo sé, peor no estoy segura: 
tan sólo
cierro la puerta de mi casa
como si cerrara la puerta de mi alma
o de algún alma
que se parece demasiado a la mía.


III

Parece temprano,
parece pronto,
quisiera decir: la ciudad se despierta
o nace el día
o empieza un día más.
Pero no lo entiendo,
no consigo entenderlo:
he bajado las escaleras
y he llegado a un lugar
que dice llamarse calle;
desde luego, no veo náufragos coronados
ni distingo a los viajeros de los comerciantes
ni a los habitantes de los ciudadanos
ni a los ahogados de los turistas
ni a mí de mí.
En este momento,
tan sólo reconozco mis zapatos
y su exuberante y urgente necesidad
por incorporarse al ajetreo de la vía.



IV

Es pronto:
no sé a dónde,
pero hemos llegado pronto.
Por lo demás, todo sigue.
Aunque yo no entienda lo que dice la palabra prisa
aunque no sepa lo que nombra la palabra ruido,
aunque no comprenda lo que calla la palabra calla,
los zapatos silenciosos,
en su obstinada decisión de no perderse,
lo entienden todo por mí.
Guadalupe Grande
Ocho y media (en La llave de niebla. Calambur)


Tags: Guadalupe Grande, Ocho y media, La llave de niebla, Calambur

Publicado por elchicoanalogo @ 11:50  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios