Lunes, 21 de febrero de 2011

Cruz?bamos las cumbres nevadas de los montes. Regresaba de Elche y estaba en ese punto del viaje donde lo que dej?s atr?s tiene m?s fuerza que lo que espera delante de ti. Miraba la blancura del horizonte, las nubes descendientes, la hilera de luces rojas en la carretera y, dentro de m?, se mezclaban recuerdos, im?genes, risas, conversaciones y emociones, algunas de forma n?tida, otras empezaban a difuminarse, a tornarse en fotograf?as borrosas donde construir no un recuerdo exacto sino una peque?a leyenda.

Las primeras imagenes del viaje... De pie en la cafeter?a del tren, sent?a como si el cielo se desplomase sobre la tierra, los campos oscuros que desped?an un aliento gris y desperezado, las nubes bajas, el horizonte lejano, inasible, el movimiento del tren, la sensaci?n de estar de viaje, en una especie de burbuja espacio-temporal, desconectado de mi vida y con un lugar al que llegar. Viajar es como desgajarse en dos mitades.

En la pared de la habitaci?n alguien pint? un n?mero, 2002. Siempre he sentido las habitaciones de hotel como espacios as?pticos, temporales, transitorios, deshumanizados, pero ese n?mero me hizo pensar en quien lo dibuj?, en c?mo, aun sin notarlo, dejamos huellas de nuestros pasos. Somos como las mariposas que ilustran la teor?a del caos, un aleteo inapreciable puede cambiar la vida en la otra punta del mundo.

Las primeras emociones del viaje... Un restaurante de comida oriental y tres sonrisas que reconfortaban, tres sonrisas sinceras, abiertas, entra?ables, luminosas, funambulistas, c?lidas, abarcadoras, alocadas, ir?nicas y perennes, tres sonrisas que aparec?an en medio de la conversaci?n con una facilidad pasmosa y que me hicieron sentir c?modo. Sonia, Mar?a y Esther. Hay algo que me emociona de ellas, y es su capacidad de transmitir vitalidad y optimismo y ver el vaso medio lleno. Por la noche se unieron dos sonrisas m?s, Nuria e Irene, en una cena alocadamente estridente, nunca en silencio, una velada desvariada y alocada.

Un s?bado diferente... Cada viaje es una oportunidad para desperezarme, para vivir aquello que no tengo en mi pueblo, para alejarme de las horas solitarias y silenciosas ante libros y pel?culas y tardes de carreras y noches de escritura ca?tica. El s?bado con Sonia fue para hablar de libros y buscar t?tulos entre las estanter?as de la fnac, una comida con bolsas de libros a nuestro lado y coronada por un monumental postre de chocolate mientras la conversaci?n derivaba a nuestras vidas, un peque?o descanso y una pel?cula de humor y di?logos r?pidos y personajes entra?ables, Primos (la frase de la pel?cula... ?te pre-quiero!), que me record? a aquellas comedias alocadas de los a?os treinta, otra cena copiosa y un brownie de postre. Las im?genes del d?a se suced?an en mi cabeza antes de dormir.

No me gustan las despedidas, no s? c?mo despedirme, qu? palabra o gesto usar, siempre a trompicones, ya sea en un aeropuerto tucumano o en una estaci?n de tren ilicitana. Sonia y yo sentados en un banco, habl?bamos mientras esperamos la llegada de mi tren. Y es eso lo que ahora recuerdo de la despedida, la tranquilidad de la conversaci?n y Sonia despidi?ndome fuera de la ventana.

Dec?a que viajar es como desgajarse en dos mitades. Porque hay una parte de m? que a?n est? en Elche y que sigue recordando y sonriendo.


Publicado por elchicoanalogo @ 16:26  | Great White Way
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