S?bado, 26 de marzo de 2011

Tengo un puñado de tierra rojiza del Monument Valley en mi habitación y a veces siento como si una pequeña parte del alma de las historias y los personajes de Ford estuviera en ella. En Fort Apache, fotografiada en un hermoso blanco y negro, el polvo del Monument Valley envuelve a los personajes, oculta los combates y las escaramuzas en nubes de tierra que, al disiparse, dejan al descubierto una realidad de muerte y desorden, como en la inolvidable escena final de la carga india, rodada en la distancia justa, sin alardes heroicos, la muerte que llega en mitad del polvo y la tierra que se mete y se mezcla con la sangre de los hombres.

Fort Apache inicia la trilogía de la caballería de Ford y lo hace con una analogía entre el coronel Thursday (Henry Fonda), que tomará el mando de un fuerte en mitad de un paraje desértico tras sus años de servicio en Europa, y la derrota de Custer en Little Big Horn. Thursday, altivo y egocéntrico, sólo aspira a capturar a Cochise y los indios escapados de la reserva para conseguir mayor gloria militar y un destino mejor. En contraposición, el capitán York (John Wayne), un oficial cercano, sin la rigidez ni la estrechez de meras de Thursday y que es uno más entre la tropa, un hombre que intenta mediar en el conflicto con los indios y que busca una salida pacífica.

Como Custer en la realidad, Thursday llevará al desastre a sus hombres aunque la leyenda se impondrá a la realidad y será recordado con aquello que anhelaba, una gloria desmerecida (uno de los temas recurrentes de Ford, si la leyenda supera la realidad, publica la leyenda, un lema que es la base de la triste, muy triste El hombre que mató a Liberty Valance). Al igual que en otros westerns de Ford, los indios están mostrados con dignidad, hablan en su lengua y lo único que buscan es un lugar donde seguir con su vida, como en el último western de Ford, El gran combate.

Ford vuelve a sus temas más queridos en Fort Apache, la familia y el hogar como base de la comunidad (en este caso el fuerte y la caballería) o la gloria en la derrota. Orson Welles definió de manera acertada a Ford cuando dijo que era un poeta y un comediante. En Fort Apache Ford supo combinar el drama con el humor, porque la vida es eso, la combinación de ambos extremos. Y como en sus mejores películas, detiene la acción para mostrar la vida diaria de un fuerte y se dedica a filmar hermosas escenas de baile, el cuidado que dispensan los sargentos al hijo novato del sargento mayor o la incursión del capitán York en México para parlamentar con Cochise.

Otro de los puntos fuertes de Ford es cómo sugiere historias secundarias que transcurren junto a las principales. Uno de mis personajes favoritos en Fort Apache es el oficial Sam Collingwood. Apenas aparece en la película pero sabemos que es alcohólico, que coincidió en el pasado con el coronel Thursday, quien no duda en humillarlo cada vez que tiene una oportunidad de hacerlo, y que no llegó a tiempo a una batalla. Durante la película, Collingwood busca una forma de redimirse, de volver a sentirse un oficial valiente.

También, ver una película de Ford es estar de nuevo ante los rostros familiares de secundarios como Jack Pennick, Hank Worden, Ward Bond o Victor MacLaglen, como una compañía de teatro donde los actores pasan de una obra a la siguiente.

En Fort Apache hay camaradería, hogar y familia, dignidad, derrota y la tierra del Monument Valley que, al final, todo lo cubre. Y yo tengo un pedazo de esa tierra en mi habitación.

 

 


Tags: Fort Apache, John Ford, Henry Fonda, John Wayne

Publicado por elchicoanalogo @ 4:36  | Cine
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