Domingo, 06 de marzo de 2011

Las fotografías apenas tapan la mitad de mi mano. Como los recuerdos que guardan, son imágenes en un blanco y negro a veces nítido y preciso, a veces neblinoso, y en el centro, jóvenes de mirada diáfana y despreocupada y escenas de bailes y fiestas de los veranos de hace cincuenta, sesenta años. Algunas fotografías tienen dobleces, manchas o les falta una parte, como aquella donde están mis tías, una imagen bella y apacible y, también, misteriosa, quién estará en la parte perdida (¿arrancada?), qué esconde ese vacío.

Cada fotografía me acerca a mi padre. Al principio, un jovenzuelo con las orejas algo grandes y la expresión pícara y sonriente. Luego, un hombre de cara sólida, de límites duros, claros y atractivos. A veces pienso que me gustaría tener el dibujo de la cara de mi padre, la mandíbula fuerte, el semblante maduro, enérgico. Y dentro de cada fotografía, una mirada que es una historia, un baile, una sonrisa, un amor, una pérdida, un misterio y la magia de un instante detenido. Porque hay magia no sólo en esas fotos, también en su reverso con pequeñas anotaciones de amor o amistad, fotografías utilizadas como recordatorios, como postales, como mensajes en una botella.

Hace días que me siento junto a mi padre para ver y escanear sus fotos. Me habla de Lombardero, el fotógrafo que se acercaba en su moto a las fiestas, los bailes o los días de malla y tomaba las imágenes de los jóvenes de la Ribeira de Piquín; me habla del trabajo de carpintería que hizo junto a su padre para la fragua de Modesto de Conde o lo que tardaron en terminar tal o cual mueble que aún hoy está en pie y que yo rocé con mis manos medio siglo más tarde, una forma de plegar y jugar con el tiempo; me habla de las siete pesetas que cobraba cada día o de cómo empezó a fumar. Y, sobre todo, me habla de algunos nombres y personas que poblaron mi infancia en Galicia. La vida, al final, es una curva constante.

Hay una fotografía que me atrae de forma especial. Al fondo, una pared blanca, luminosa, casi desnuda, y delante de ella un grupo de amigos que posan de manera apacible y sonriente. Uno parece estar con ellos, una charla alegre, las bromas entre amigos, el momento antes del baile. En el medio, mi padre, con camisa blanca y corbata negra, enciende un cigarrillo. Me gusta ese gesto concentrado, me recuerda mi niñez cuando le observaba encender sus Ducados después de comer y me sorprendía al ver cómo salía humo de su boca o su nariz.

El pasado, en ocasiones, es tangible y cabe en la palma de una mano.

 


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Publicado por elchicoanalogo @ 0:01  | Espacios en blanco
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Comentarios

Preciosa entrada, Fernando. No hay nada más bonito que compartir las historias de las fotos antiguas con sus protagonistas. Estas pasadas navidades, cuando estábamos en casa de mi tía celebrando las fiestas, sacó una caja enorme con fotos del pasado, tanto de los primos, como de los padres, cuñados, hermanas... Toda la familia nos sentamos alrededor de las fotos, recordando viejas historias (y sobre todo, rememorando a los que ya no están). Probablemente, fue el mejor momento de la pasada Navidad.

Abrazos.

Publicado por Junior
Domingo, 06 de marzo de 2011 | 11:36

Y es que, además, antes se hacían pocas fotos y cada una de ellas era especial, una historia inolvidable. Ahora lo tenemos muy fácil, de un fin de semana sacamos un centenar de fotos. Me gusta el tacto del papel fotográfico, voluminoso, las fotos de los bailes "agarrados", la pose despreocupada y, sobre todo, el pasado que transmiten. Es muy lindo cuando nos ponemos a ver estas fotos y nos recuerdan un pasado que no hemos vivido pero que sentimos como nuestro. Un abrazo, gaditano lindo

Publicado por elchicoanalogo
Domingo, 06 de marzo de 2011 | 15:06

Hola Feranando, hoy al comprobar si se habian publicado unas fotos que subí sobre el incendio del día23, fue una agradable encontrar tu "fotografias en blanco...". Al leerlo

tambien yo recordaba los tiempos pasados de aquellas fiestas y reuniones.

Pero sobre todo me alegró comprobar que "el chico analogo" sigue escribiendo. Pues desde hace años no leia nada tuyo.

Un abrazo

Felix de Santalla

Publicado por Invitado
Jueves, 03 de noviembre de 2011 | 1:48

Hola, Félix, escribí este artículo cuando escaneé las fotos de mi padre para la página de la Ribeira. Fueron unos días muy lindos donde mi padre me volvió a hablar de aquellas fiestas y tiempos. ESpero qur todo esté bien por allá tras el incendio. muchos cariños

Publicado por elchicoanalogo
Jueves, 03 de noviembre de 2011 | 19:13