Martes, 22 de marzo de 2011

Estaban en el cuarto de estar. Se decían  
adioses. El fracaso repicando en sus oídos.  
Habían pasado mucho juntos, pero ya  
no podían dar ni un paso más. Brotaban lágrimas  
cuando de la niebla salió un caballo  
que entró en el jardín delantero. Luego otro, y  
otro. Ella salió y dijo:  
"¿De dónde venís, caballitos?"  
y paseó entre ellos, sollozando,
tocándoles los flancos. Los caballos se pusieron
a hacer corvetas en el jardín.
Él hizo dos llamadas: una llamada directamente
al sheriff - "a alguien se le han escapado los caballos".
Pero hubo también otra llamada.
Luego se unió a su mujer en el jardín
delantero, donde hablaron y murmuraron
a los caballos, juntos. (Todo lo que pasaba
ahora pasaba en otra época).
Los caballos pastaban la hierba del jardín
aquella noche. Una luz roja
resplandeció cuando un sedán surgió de la niebla.
Vinieron voces de la niebla.
Al final de esa larga noche,
cuando al fin entrelazaron los brazos
su abrazo estaba lleno de
pasión y recuerdos. Cada uno recordó
la juventud del otro. Ahora algo había terminado,
otra cosa corría a ocupar su lugar.
Llegó el momento mismo de la despedida
"Adiós, sigue" - dijo ella.
Y la dura separación.
Mucho después
él recordaba haber hecho una llamada desastrosa.
Una en la que tuvo que insistir e insistir,
una maldición. Se redujo
a eso. El resto de su vida.
Maldición.
Raymond Carver
En plena noche con niebla y caballos (en Bajo una luz marina. Traducción de Mariano Antolín Rato. Visor libros)


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Publicado por elchicoanalogo @ 4:27  | Raymond Carver
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