Domingo, 20 de marzo de 2011

Encontré El mar de todos los muertos en una feria del libro antiguo y de ocasión. El ejemplar estaba en un estado impecable, sin rastro de otras manos o del tiempo pasado en otra estantería. No dudé en comprarlo, Argüello me había sorprendido y descolocado con su primer libro, Siete cuentos imposibles, unos cuentos que parecían ir siempre un paso más allá, que daban una vuelta de tuerca a los mundos posibles que habitamos.

El mar de todos los muertos es la primera novela de Argüello. Si cada vez que inicio un libro siento incertidumbre y una emoción extraña, en esta ocasión se unieron las expectativas y el miedo a la decepción, a no encontrarme al Argüello de Siete cuentos imposibles. Muchas de las páginas de esta novela me devolvieron la febril imaginación que me deslumbró hace ya un año, otras me dejaron en tierra de nadie. A pesar de los altibajos, la lectura de El mar de todos los muertos ha sido toda una aventura.

Joaquín, el narrador es un escritor que decide dejar de escribir. Es lo primero que sorprende, un escritor que quiere alejarse de la palabra, de intentar traer a la superficie las sombras de otros mundos y otras vidas. Fuera las horas en una habitación cerrada, fuera las cenas y las presentaciones de libros, fuera las imágenes interiores. Hay algo enigmático desde el inicio, las sombras de los sueños que se adentran en la realidad, ese “mundo intermedio que separa a los vivos de los muertos”, un mundo intermedio que a veces parece abrirse y permitir el cruce entre vivos y muertos, entre ausencias y presencias. El mismo Joaquín escribe El mar de todos los muertos para una ausencia, una mujer que amó y de la que sólo queda el recuerdo de alguna imagen, un olor, una caricia.  Joaquín accederá a tomarse unas vacaciones en la casa de su editor en Mallorca, una forma de llevar a cabo su idea de dejar de escribir. Un hombre y una isla, una especie de burbuja.

Todo parece tranquilo en la isla, la soledad de un caserón junto al mar y un hombre que decide tomar distancia con su vida y parece querer dejarse llevar por una apacible inacción. “A veces sólo hace falta eso, detenerse y mirar. Dar con alguna excusa que nos permita parar un momento, bajarnos del carrusel en el que nos hallamos montados para mirar un poco alrededor y repartir cartas de nuevo. No se trata en general de una gran decisión, la mayor parte de las veces basta con un pequeño giro, un leve cambio de dirección que nos resitúe en el tablero”. Un isla, una casa, los cambios en el eco del mar, un hombre y la única compañía de un perro. Pero, como en aquellos cuentos de Poe o Hoffman, la casa solitaria y el terreno alrededor parecen esconder presencias extrañas, apenas intuidas, como la frontera entre el sueño y la realidad.

Llega un momento donde parece romperse la barrera entre realidad y ficción, entre el espacio y el tiempo. Joaquín inventa una historia que nunca escribirá para contentar a su editor, un hombre que no sabe que está muerto y decide embarcarse para realizar un largo viaje junto a un capitán que pereció en una tormenta, dos personajes que encerrará en una habitación de la casa y que escaparán para tener su propia existencia, su propio viaje por un mar que parece acoger todas las voces de quienes habitaron este mundo. También se encontrará con personas extrañas, una madre y una hija que viven rodeadas de presencias fantasmales, el reencuentro con una tía a la que apenas vio un par de veces en su infancia y que vive bajo tierra, el inesperado amor de Ana, un amor extremo, a veces plácido, a veces tormentoso y siempre inquietante, seres que parecen deambular entre la realidad y el sueño, entre el presente y el pasado, en ese mundo intermedio que separa a los vivos de los muertos.

El mar de todos los muertos es una historia que orbita entre las sombras y que a veces fascina y otras cansa, donde no hay una frontera clara entre la vida y la muerte, entre creador y creación.



La oscuridad era total, tanto que daba igual abrir los ojos que mantenerlos cerrador. Es curioso cómo es similar la oscuridad del mundo a la de los párpados, pantallas infinitas en donde puede escenificarse el mundo con más posibilidades de las que el mundo suele tener. Nuestra mente insiste en buscar las formas. Se abren ventanas aquí y allá, aparecen rostros y luego se alejan, van y vienen los colores. Los puntos de luz luchan caóticos hasta que de a poco se van aquietando. El mundo ha de parecerse más a eso que a las formas del día, recuerdo que pensé, partículas que agrupamos a merced de nuestros caprichos. Cuanto todo es negro la vista puede llegar a cualquier sitio. ¿Quién pone límites a la oscuridad? ¿Quién decide que lo que estamos viendo no llega hasta el final del universo conocido, y más allá, donde el espacio se confunde, donde no hay una conciencia pensando ni siendo pensada? Entonces desaparecen las cuatro paredes que nos contienen y podemos viajar hasta donde nuestros cuerpos nos llevan. Entonces podemos ver el mar, podemos ver el mar entero.

( … )

Seguimos bailando en silencio hasta que Blanca, que al parecer no había terminado, decidió romperlo. Los escritores son monos de feria, dijo, también lo somos sus viudas y todos los demás, los editores, los agentes. Los pintores son monos de feria, también los escultores. Hay personas que van a su trabajo y que simplemente lo hacen, y que charlan con otros mientras lo hacen sin tener la obligación de resultar ingeniosos o punzantes, luego vuelven a sus casas y nadie les pregunta por lo que han hecho ese día porque nadie espera de ellos que hagan cosas importantes. Ésa es la gente que lo ha conseguido, Joaquín, ésa es la gente que de verdad es libre. Si alguna vez te hallas en una encrucijada, sentenció Blanca con repentina seriedad, como si se tratara de algo que debía esforzarme por recordar, pregúntate por el camino que te hará más libre, ahí es donde radica la verdadera grandeza.
Javier Argüello
El mar de todos los muertos (editorial Lumen)


Tags: mar de todos los muertos, Javier Argüello, Lumen

Publicado por elchicoanalogo @ 4:46  | Libros...
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Comentarios

No conocía a Javier Argüello hasta que leí en este blog la reseña de "Siete cuentos imposibles". Meses después pude hacerme con él y la verdad es que fue una muy grata sorpresa, tiene mucho talento el argentino. Una pena que no tenga, aparte de este, más libros publicados. En fin, sólo quería decir GRACIAS por descubrirme a este autor. Un abrazo.

Publicado por Bartleby
Lunes, 21 de marzo de 2011 | 13:53

Yo lo conocí gracias a una amiga que me envió Siete cuentos imposibles como regalo de cumpleaños, aluciné desde las primeras páginas. Es lo bueno de todo esto, conoces autores y novelas diferentes gracias a amigos, otros blogs y foros de literatura. Un abrazo

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 21 de marzo de 2011 | 21:53