S?bado, 09 de abril de 2011

A lo largo de Mil grullas se repite la poética imagen de un pañuelo con el dibujo de mil grullas blancas que el joven Kikuji entrevé en una tradicional ceremonia de té. Esa imagen del pañuelo, unida a la hermosa mujer que lo lleva, aparecerá una y otra vez en el recuerdo de Kikuji como un momento de epifanía, de temporalidad, de belleza inmaculada, de un ideal incorpóreo, una imagen enigmática y brumosa. “El sol rojo parecía derramarse sobre las ramas. La arboleda se recortaba, oscura. El sol que se derramaba por las ramas se introdujo en sus ojos cansados. Los cerró. Las grullas blancas del pañuelo de la joven Inamura volaron en el sol de la tarde, que todavía estaba en sus ojos”.

Kawabata escribe con una sutileza conmovedora y admirable una historia plagada de sombras y fantasmas del pasado, de muerte, culpabilidad y remordimientos, de deseos, belleza y sensualidad. El joven Kikuji se cruza con las mujeres y amantes que formaron parte de la vida de su padre (Kikuji como receptor de deseos, recuerdos y caricias de mujeres que una vez habitaron a su padre, como los antiguos objetos que forman parte de la ceremonia del té llenos de huellas y ausencias).

Y en mitad de esta historia donde la muerte se interna en la vida, donde el amor está repleto de esquinas, salientes y dudas, las tradiciones y el rito de la ceremonia del té, un rito centenario donde cada gesto y cada objeto parecen guardar la sombra de quienes los manejaron, el peso del pasado, las relaciones paralelas, los sentimientos de amor, frustración, venganza o deseo.

El joven Kikuji acepta una invitación de Chikako para asistir a la ceremonia del té que tanto conmovía a su padre. El pecho de Chikako está cubierto por una mancha que intenta esconder a toda costa. Allí se reencontrará con la señora Ota, antigua amante de su padre, y su hija Fumiko. También verá a la muchacha del pañuelo de las mil grullas, la joven Inamura, una imagen imborrable. Cada mujer, un mundo; Chikako, amante por un corto periodo de tiempo del padre de Kikuji, es una mujer entrometida que manipula a los demás como lo hace con los objetos de la ceremonia del té; la señora Ota revivirá el recuerdo del padre en el hijo, su cuerpo maduro y sensual como cruce de huellas entre padre e hijo; Fumiko busca el perdón de Kikuji por lo ocurrido en el pasado entre sus padres; la belleza entrevista de la joven Inamura y las mil grullas de su pañuelo que aparecen a lo largo de la novela como una belleza inasible.

En Mil grullas hay un juego de espejos en las relaciones entre los personajes. La señora Ota recupera el recuerdo del amante desaparecido en los brazos de su hijo Kikuji, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo y volviera a sentir la piel de su amante. Kikuji buscará en Fumiko la presencia de la señora Ota tras su muerte, capturar el aliento de su cuerpo maduro en la joven Fumiko. Chikako, al igual que en el pasado, se entrometerá entre los amantes e intentará envenenar sus relaciones. La mancha de su pecho también se extiende piel adentro.

Hay otra imagen de gran aliento poético en Mil grullas. Fumiko regala el tazón de té de su madre a Kikuji y, en el tazón, el rastro del carmín de la señora Ota. La sombra de los muertos queda impresa incluso en los objetos, sus huellas se superponen y se confunden, entran en contacto con los vivos. Los objetos de la ceremonia del té han pasado entre las manos de los amantes y sus parejas, las huellas se han solapado en extraños e inesperados cruces.

Yasunari Kawabata se ha convertido libro a libro en mi escritor japonés favorito. Su forma de sugerir más que mostrar emociones, su delicadeza y sutileza en la escritura, la forma en la que fluyen sus historias de una manera queda y sin trompicones hacen de las novelas de Kawabata una lectura conmovedora.



Mirando desde el tren abarrotado, sintió que la calle flotaba sola en ese peculiar momento de la tarde, como si un país extranjero la hubiera dejado caer allí.
Kikuji tuvo la ilusión de que la joven Inamura caminaba en la sombra de los arboles, el pañuelo rosa y sus mil grullas blancas bajo el brazo. Podía ver las grullas y el pañuelo con nitidez.
En ese instante percibió algo fresco y limpio.

( … )

Kikuji sacó los tazones y otros utensilios para el té de unas cajas del rincón. Recordó que la noche anterior la joven Inamura los había utilizado, pero los sacó de todas maneras.
Las manos de la señora Ota temblaban. La tapa tintineó sobre la tetera.
Ella se inclinó para levantar el medidor de té de bambú y una lágrima humedeció el borde de la tetera.
–Tu padre fue bastante bueno como para comprarme esta tetera.
–¿De verdad? No lo sabía.
Kikuji no halló nada desagradable en el hecho de que la tetera hubiera pertenecido al esposo de la mujer. Y no pensaba que sus palabras fueran algo raro; sólo las había dicho.
–No puedo acercártelo. –Ella había terminado de hacer el té. –Ven a buscarlo.
Kikuji se aproximó al brasero y tomó el té allí.
La mujer cayó en su regazo como si se desmayara.
Él le rodeó el hombro con el brazo. Temblaba, y su respiración se volvía cada vez más tenue. En sus
brazos, ella era tan tierna como un bebé.
Yasunari Kawabata
Mil grullas (traducción de María Martoccia. Emecé )


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Publicado por elchicoanalogo @ 4:21  | Libros...
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Comentarios

El comentario sobre Mil grullas me actualizó la fascinación que me provoca Kawabata. Lei primero País de nieve y me enamoré. La sutileza, la observación y la presencia de la naturaleza, los misterios de la cultura japonesa, la singular descripción de los personajes femeninos (al protagonista no lo describe), todo me mantuvo la sensibilidad a flor de piel.

Saluditos desde 25 de Mayo, Pcia. de Buenos Aires. Argentina

Marisa Peña      [email protected]   @marisera  en twiter

Biblioteca Juan Francisco Ibarra         [email protected]

 

Publicado por Invitado
S?bado, 30 de julio de 2011 | 18:02

Hola, Marisa,

País de nieve también fue uno de mis primeros Kawabata, junto Lo bello y lo triste, y ahí quedé atrapado por el escritor japonés y esa forma tan sutil que tiene de escribir y de mirar, uno de mis referentes.

Un saludo desde la zona minera vizcaína, en el norte de España

https://www.facebook.com/pages/Espacios-en-blanco-despues-del-naufragio/120 073654723131

Publicado por elchicoanalogo
S?bado, 30 de julio de 2011 | 21:51