Martes, 12 de abril de 2011

Una semana después de leer El cielo es azul, la tierra blanca me reencontré con la escritura sutil y cercana de Hiromi Kawakami en Algo que brilla como el mar, una historia que orbita alrededor del cambio y la entrada en la madurez, de las dudas y las distintas percepciones del mundo, de la familia y las relaciones e intimidad con las personas que forman nuestra vida. Kawakami escribe con delicadeza sobre cómo cambia el mundo de un adolescente a punto de entrar en la madurez, y lo hace con una suave fluidez, recopilando las diferentes piezas de la vida de Midori Edo como pequeños destellos, impresiones captadas de la realidad. Esa es la imagen que podría definir el estilo de Kawakami, impresiones fugaces, apenas entrevistas, pero que, sin darte cuenta, te calan hondo.

Midori Edo está en la frontera entre el mundo inocente de la infancia que se aleja y los cambios de la entrada en la madurez. Vive en una casa vieja y destartalada con su madre, Aiko, y su abuela Masako. Su padre biológico, Otori, aparece en los momentos más inesperados. Forman una familia peculiar, diferente, la madre, escritora freelance y más impulsiva que su hijo, la abuela que desaparece por unos días para arreglar una vieja amistad ahora que siente cercana la muerte, el padre que siempre fue una presencia más amistosa que paterna, y Midori, que parece un adulto prematuro.

Hay otra familia alrededor de Midori. Sus amigos. Hanada busca ser el centro de atención vistiéndose de mujer, una forma de sentir que lo apuñalan, de conocer la naturaleza del dolor, de verse dentro y fuera de su cuerpo como un ser escindido, diferente, extraño, un camino para llegar a las emociones más extremas, para ser “uno y una mitad”. Mizue, una chica risueña, inteligente, no comprende el distanciamiento de Midori, ella necesita una mayor intimidad, una cercanía física y espiritual, saber que Midori la quiere sin extraños muros. Tres adolescentes en esa encrucijada que es el paso a la madurez. “Mi familia no era lo único raro que tenía. También era raro que Hanada quisiera vestirse de mujer, o que Mizue estuviera en mi habitación a aquellas horas de la noche. Era raro que siempre acabara amaneciendo, y que el sol siempre se escondiera. También era un misterio que, en aquel preciso instante, pudiéramos continuar hablando sin desplomarnos de repente”.

La parte final de Algo que brilla como el mar transcurre en media docena de islas. Mientras leía esa parte final pensé en cómo los personajes de esta historia podrían ser islas que forman un pequeño archipiélago, cada personaje una isla y una soledad diferentes.

Kawakami, bajo la superficie de de Algo que brilla como el mar, deja pequeños indicios de los sentimientos más profundos de los personajes, de su pasado, del dolor y el amor que llevan dentro, de esos espacios en blanco que pocas veces conseguimos rellenar. Kawakami sugiere más que subraya. Y es todo eso, su capacidad de sugerir, de dejar impresiones sutiles, que la historia fluya poco a poco, lo que me emociona y me atrae de sus libros.



- ¿Por qué estamos vivos? -pregunté de sopetón.
Aquella pregunta me cortó la respiración nada más formularla, porque no me había propuesto verbalizar aquel pensamiento. No tenía la intención de compartirlo con nadie. Pero allí, en medio del bosque de una isla deshabitada, le hice mi pregunta a Hanada, que estaba sentado en el tronco mohoso de un árbol muerto.
-No lo sé -me respondió él, con simplicidad.
«No lo sé». Las palabras de Hanada resonaron en mi cabeza. No lo sé. No lo sabe nadie. La lluvia volvía a caer con más intensidad.
Hiromi Kawakami
Algo que brilla como el mar (traducción de Marina Bornas Montaña. Acantilado)


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Publicado por elchicoanalogo @ 8:49  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

"Algo que brilla como el mar" es mi favorito, donde la capacidad de evocación y sugestión de la autora alcanzan la cima. Ahora toca ponerse con "El señor Nakano y las mujeres". 

Publicado por Alex Pler
Lunes, 05 de agosto de 2013 | 18:15

El señor Nakano y las mujeres es otra preciosidad de Kawakami. El único que no consiguió atraparme fue Abandonarse a la pasión. Un saludo

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 05 de agosto de 2013 | 20:09