Martes, 10 de mayo de 2011

Con ¡Indignaos! buscaba un ensayo que me hablase sobre las claves sobre la crisis y los cambios que estamos viviendo en los últimos años y el papel de los gobiernos y los estamentos económicos, que me descubriese nuevos puntos de vista para acercarme a la época que estamos viviendo, que me explicase la merma en nuestros derechos sociales y económicos. Pero, como se dice en la portada, ¡Indignaos! es más un alegato que anima a la insurrección pacífica que un ensayo sobre las causas de la crisis económica, no hay un análisis sobre el origen y consecuencias de esta crisis ni se dan posibles soluciones y salidas. Quien busque un análisis profundo deberá encontrarlo en otros libros o documentales.

Hessel, miembro de la resistencia francesa y uno de los redactores de la declaración de los derechos humanos hace medio siglo, recuerda aquella Europa de la segunda guerra mundial que le tocó vivir, una época donde la rebelión y la lucha y el enemigo eran evidentes, donde el objetivo era resistir los diferentes frentes totalitarios que asolaban el continente. Y ése es el punto atractivo que he encontrado al alegato de Hessel, cómo en otras épocas el enemigo era claro, fácil de identificar y hubo quien lo arriesgó todo en esa lucha, mientras que ahora no vemos con la misma facilidad al “enemigo”, no sabemos a quién señalar o cómo funcionan los bancos, las grandes corporaciones económicas y de comunicación o los gobiernos de los diferentes países. Quién nos manda.

El consejo de Hessel, indignarse, la resistencia no violenta. “Es cierto, las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo, demasiado complejo. ¿Quién manda? ¿Quién decide? No siempre es fácil distinguir entre todas las corrientes que nos gobiernan. Ya no se trata de una pequeña élite cuyas artimañas comprendemos perfectamente. Es un mundo vasto, y nos damos cuenta de que es interdependiente. Vivimos en una interconectividad como no ha existido jamás. Pero en este mundo hay cosas insoportables. Para verlo, debemos observar bien, buscar. Yo les digo a los jóvenes: buscad un poco, encontraréis. La peor actitud es la indiferencia, decir "paso de todo, ya me las apaño". Si os comportáis así, perdéis uno  de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue”. Hessel nos anima a indignarnos, aunque no nos enseñe una pauta, un camino.

Algo se está moviendo. Han aparecido películas como el documental Inside Job que analiza y saca a la superficie el origen de esta crisis que vivimos, o The Company Men, que se centra en las consecuencias de una política económica basada en el despido como medio para aumentar las ganancias y no en la creación de nuevos trabajos. Y libros como este ¡Indignaos!, que, aunque no es un ensayo profundo, sí aporta su grano de arena para que empecemos a cuestionarnos cómo hemos llegado a esta situación de involución económica y pérdida de derechos sociales.



Se atreven a decirnos que el Estado ya no puede garantizar los costos de estas medidas ciudadanas. Pero ¿cómo puede ser que actualmente no hay suficiente dinero para mantener y prolongar estas conquistas cuando la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, un periodo en el que Europa estaba en la ruina? Pues porque el poder del dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta la más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general. Nunca había sido tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero.
El motivo fundamental de la Resistencia fue la indignación. Nosotros, veteranos de la Resistencia y de las fuerzas combatientes de la Francia Libre, apelamos a las jóvenes generaciones a dar su vida y transmitir la herencia de la Resistencia y sus ideales. Nosotros les decimos: coged el relevo, ¡indignaos! Los responsables políticos, económicos, intelectuales y el conjunto de la sociedad no pueden claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercados financieros que amenazan la paz y la democracia.
Os os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es un valor precioso. Cuando algo te indigna como a mí me indigno el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido. Pasas a formar parte de esa corriente histórica, y la gran corriente debe seguir gracias a cada uno. Esa corriente tiende hacia mayor justicia, mayor libertad, pero no hacia esa libertad incontrolada del zorro en el gallinero. Esos derechos, cuyo programa recoge la Declaración Universal de 1948, son universales. Si os encontráis con alguien que no se beneficia de ellos, compadecedlo y ayudadlo a conquistarlos.
Stéphene Hessel
¡Indignaos! (traducción de Telmo Moreno Lanaspa. Ediciones Destino).


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Publicado por elchicoanalogo @ 16:18  | Libros...
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