Domingo, 26 de junio de 2011

Recuerdos de un callejón sin salida está formado por cinco relatos que nos traen la suave tristeza y los dolores cotidianos de las historias de Banana Yoshimoto, su prosa sutil y sus jóvenes desorientados, la mezcla de lo onírico con lo real, los momentos de calma tras la debacle, las conversaciones en la comida y las cocinas. Estos cinco relatos son pequeños susurros, pequeñas muestras de la vida de un puñado de jóvenes que intentan superar un momento difícil en sus vidas tras una ruptura amorosa o una pérdida. Es territorio conocido. Como Tsugumi o Kitchen.

La tristeza sobresale en estos cinco relatos, no es una tristeza cortante o dañina, sino una tristeza otoñal, pausada, una tristeza con fronteras y límites en la que parecen reconocerse y sentirse a gusto los personajes de Yoshimoto. Uno de los personajes llega a asegurar: Sentirse solo a pesar de tener un hogar al que regresar, a pesar de ser amado..., puede que en eso consista ser joven.

Hay dos cuentos que sobresalen sobre el resto. En el inicial La casa de los fantasmas, lo irreal, otra dimensión, se cruza y se mezcla con la realidad, una casa a punto de ser derruida, donde los dos personajes protagonistas hacen el amor, aprenden el cuerpo del otro o conversan bajo las mantas y, de vez en cuando, consiguen ver a los antiguos dueños, un anciano matrimonio que murió de forma plácida en la casa. En el cuento conviven los dos jóvenes protagonistas, él que quiere romper con la tradición familiar y buscar otra vida, ella que se siente tranquila ante el futuro que le espera, una casa herrumbrosa que está a punto de ser derruida, la sombra de un matrimonio muerto, unos fantasmas que habitan otra dimensión. La historia fluye con suavidad, con calma, giros inesperados y un amor sencillo.

En el final Recuerdos de un callejón sin salida, la joven protagonista trata de superar una dolorosa ruptura amorosa. Se instala encima de un bar en un callejón sin salida para restañar las heridas, para intentar levantarse de nuevo y no sentirse vacía, abandonada y desnutrida. Y es en ese callejón sin salida donde conoce a un joven que le ayudará a salir del vacío con su presencia y continuas conversaciones, una amistad que cura las heridas, que fortalece a la joven.

Y entre esos dos cuentos, tres historias que hablan de una pequeña y triste historia de amor entre niños, una joven que intenta no perder su felicidad a pesar del dolor alrededor y una empleada de una editorial que tras estar al borde de la muerte quiere recuperar sus emociones y su rutina sin miedos.

Banana Yoshimoto escribe cinco historias de amores, rupturas, muerte, fantasmas, amistades, luz, comida y sueños. La sensación que transmiten estas historias es de delicadeza, de pisadas en la lluvia.



Yo siempre había estado convencida de que no ocupaba un espacio demasiado grande en el mundo. Cuando alguien se va, todos, tarde o temprano, acaban por acostumbrarse. Eso es así, sin duda alguna.
Pero cuando me imaginaba a las personas a las que yo amaba viviendo en un mundo sin mí, se me saltaban las lágrimas.
No sé por qué, pero me parecía que ese mundo del que habrían arrancado mi persona era muy triste. Ese espacio que uno ocupa, siquiera un breve periodo, y aunque antes o después todos los personajes deban desaparecer en los confines del tiempo, resplandece como algo sumamente valioso.
Me resultaba tan preciado como los árboles, la luz del sol o los gatos con que me topaba por el camino.
Miré una y otra vez al cielo, absorta en esos pensamientos. «Estoy aquí, ahora, con mi cuerpo, mirando al cielo. Éste es mi espacio.»
Absorta en esa vida a la que mi cuerpo sólo daría cobijo una vez, bella como el crepúsculo que resplandecía a lo lejos.
Banana Yoshimoto
Recuerdos de un callejón sin salida (traducción de Gabriel Álvarez Martínez. Tusquets)


Tags: Banana Yoshimoto, recuerdos de un callejón, Tusquets, Gabriel Álvarez

Publicado por elchicoanalogo @ 22:24  | Libros...
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