Martes, 28 de junio de 2011

Primero fue la portada de Signatura 400, una estantería de colores luminosos y cálidos desbordada de libros y una escalera negra como nota discordante, una edición preciosa de la editorial Blackie Books; y luego, la sinopsis y algunos fragmentos al azar que anticipaban un libro que hablaba sobre los libros como objetos, como cobijo de otros mundos posibles y como compañía (compañeros). Mientras hojeaba la novela de Sophie Divry pensé en otras historias que se centraban en el amor por los libros y la literatura, Bradbury y su Fahrenheit 451, los libros como el último reducto de libertad, o 84 Charing Cross Road, lectores desconocidos que cruzan sus caminos gracias a su pasión lectora.

Sophie Drivy escribe una pequeña historia amena y entrañable en la que uno se reconoce en muchas de las ideas y sentimientos de esa maniática bibliotecaria amante de los libros. Signatura 400 es un monólogo de una mujer que no llama la atención, una mujer invisible que se ocupa de la sección de Geografía, que vive rodeada de libros, que disfruta de la compañía que puede dar una novela o un ensayo y la sensación de plenitud, de llegar a lugares desconocidos o territorios amigos que dan los libros.

La anónima bibliotecaria descubre a un lector que se quedó atrapado en su sección de Geografía y aprovecha unos minutos antes del inicio de su jornada laboral para sincerarse con el desconocido, para dejar escapar sus sentimientos sobre las bibliotecas, la lectura, los lectores, el sistema de clasificación Dewey o el amor. El estilo es directo, sencillo, tan luminoso como la portada, con vaivenes en el ánimo del monólogo. 

Su vida se centra en ordenador y clasificar libros, en atender a lectores que no la ven, una vida pausada, silenciosa, tranquila, tan ordenada como su sección, sólo rota por el anhelo en llegar a la sección de Historia y por la presencia de un joven investigador con el que apenas habla. Es una mujer inteligente, inquieta, extrema y maniática. “El amor lo encuentro en los libros. Leo mucho, y eso me consuela. Nunca estás sola cuando vives entre libros. Los libros me elevan. Lo importante es elevarse”. Solo que esconde unos pendientes en un cajón por si se hace visible.

La bibliotecaria habla de la clasificación Dewey que pone orden y fronteras, de cómo se ha dejado huérfana la signatura 400, un hueco, el miedo a un vacío aún no llenado, de los diferentes lectores que aparecen en cada estación del año y de los asiduos que reconoce por su fidelidad, de las disputas con otras secciones de la biblioteca; la bibliotecaria habla de las bibliotecas como de un ser vivo que crece y devora espacios, un ser al que hay que nutrir constantemente de nuevos libros, de la lucha por adquirir las obras de tal o cual escritor.

Hay frases que sientes cercanas: Cuando leo dejo de estar sola, converso con el libro. Podemos llegar a ser íntimos. ¿No le ha pasado nunca? Esa sensación de intercambio mental con el autor, de que puedes seguir su camino, de que te  acompaña durante semanas. Cuando leo soy capaz de olvidarme de todo.

Signatura 400 es una lectura sencilla, un pequeño homenaje a los libros y la literatura.



Nunca hay que quedarse en casa aburrido mientras uno espera. Cuando tu familia te ha abandonado, tus amigos te rehuyen, cuando tú mismo te consideras un fracaso, un impotente, un parásito, rodearse de libros ayuda mucho. Reflexione un segundo: ¿qué puede provocar más sufrimiento en el ser humano que la conciencia de esta finitud? No me refiero al miedo a la muerte, sino a ese sufrimiento de saber que nuestra inteligencia es limitada. Ahora bien, cuando entramos en una biblioteca y contemplamos estas extensiones librescas, ¿qué ocurre en nuestra alma sino es una gracia? Espiritualmente, al fin podemos colmar ese sentimiento atroz de vacío que hace de nosotros gusanos de este bajo mundo. Las largas estanterías nos devuelven una imagen ideal, la de los dominios completos del espíritu humano.

( … )

Uno no se encierra diez horas al día para escribir si todo le va bien en la vida. La escritura solo llega cuando algo no funciona. Si todo el mundo fuese feliz en la tierra, no se escribirían más que recetas de cocina y tarjetas postales, no habría libros, ni literatura, ni bibliotecas.
Sophie Divry
Signatura 400 (traducción de María Enguix Tercero. Blackie Books)


Tags: Sophie Divry, Signatura 400, María Enguix Tercero, Blackie Books

Publicado por elchicoanalogo @ 7:11  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

me encantó  Signatura 400.... espero ansiosa más obra de Sophie

Publicado por Invitado
Domingo, 21 de agosto de 2011 | 22:24

Es una lectura entrañable y con un punto de mala leche. Habrá que esperar el siguiente paso de Divry

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 22 de agosto de 2011 | 17:18