Mi?rcoles, 13 de julio de 2011

Asegura Fresán en las últimas páginas de El fondo del cielo que no ha escrito una novela de ciencia-ficción, sino una novela con ciencia-ficción. Mi impresión al cerrar el libro es la de encontrarme ante una novela libre, llena de recovecos, de laberintos, de cruce de estilos e imágenes, algo difícil de catalogar y definir. Ciencia-ficción, sí, y poesía y la sensación de estar ante una historia sin límites o fronteras, una historia que te atrapa de a poco hasta que te llena y rebosa en imágenes de seres de otros mundos que miran a través de los ojos de distantes humanos y que se sorprenden por nuestra capacidad de contar historias, muñecos de nieve en una noche eterna que reaparecen en otros espacios y otros tiempos, una amistad y un amor compartidos, los finales del mundo. Hay momentos donde la novela de Fresán corre vertiginosa, imparable, desbocada. Ya la portada te avisa de que estás ante una mirada que intenta subvertir el orden conocido, una fotografía vuelta del revés, los rascacielos como techo y el cielo como suelo.

Me ganó el inicio, Te encuentres donde te encuentres, cerca o lejos, si puedes leer esto que ahora escribo, por favor, recuerda, recuérdame, recuérdanos así. Una de las sorpresas de esta novela con ciencia-ficción es que se trata de una historia de recuerdos, de miradas atrás, de intentar revivir un momento del pasado donde dos amigos y una chica parecían estar en un instante de pura armonía, una noche donde los chicos crean un universo de hombres de nieve para esa chica que ambos aman sin egoísmos ni cegueras, de una forma pura y sencilla.

En El fondo del cielo aparecen ecos de Vonnegut y Dick (leer este libro es volver a Matadero 5 o El hombre en el castillo), es decir, una mirada que intenta mostrarlo todo al mismo tiempo, una mirada que no se sabe si es real, extrañada o inventada, que va desde el último habitante de un planeta a una mujer que intenta recuperar y congelar una imagen del pasado. Fresán habla de las diferentes corrientes de la ciencia-ficción, de escritores clásicos como Wells o Clarke o cómo se queda con los más esquizofrénicos y valientes como Philip K. Dick, también homenajea 2001, una odisea espacial, donde Kubrick decidió dejar de lado un argumento explicativo para centrarse en narrar una aventura más allá del espacio y el tiempo.

La historia de El fondo del cielo está protagonizada por tres amigos, un libro de culto, un fin del mundo, una noche invernal, recuerdos y más recuerdos que parecen un horizonte que rodea a los protagonistas a cada instante, un ser que es el último de su especie y que se emociona por mirarnos desde su lejanía, por vernos llenos de historias, de contradicciones, de sueños y visiones tan alejadas de la realidad. Todo tiene cabida en este libro, el pasado y la memoria, la historia de amor (un amor loco, único, extravagante) y los mundos que la ciencia-ficción hace posibles, el riesgo y la reflexión.

La sensación al terminar el libro de Fresán es de incredulidad y belleza, de haber estado ante una historia que se acercaba a la infinitud, a lo inabarcable, que se desbordaba en imágenes y palabras sorprendentes e inesperadas sin importar la verosimilitud o la cercanía con la realidad. Estar ante un mundo imposible.



Te encuentres donde te encuentres, cerca o lejos, si puedes leer esto que ahora escribo, por favor, recuerda, recuérdame, recuérdanos así.
Recuérdanos, recuérdame, recuerda que entonces los habitantes de nuestro planeta, de nuestro tan pequeño universo, se dividían en viajeros interplanetarios y en criaturas de otros mundos.
El resto eran, apenas, personajes secundarios.
Los anónimos constructores del cohete.

( … )

Porque la historia de lo que fue -toda teoría, o ensayo histórico- es también una novela de ciencia-ficción.
Lo que sucedió es algo tan fantástico como lo que sucederá.
El pasado nunca deja de moverse aunque parezca algo inmóvil.
Como la nieve.
Y sí, estaba la nieve y estaban los muñecos de nieve, los hombres de nieve.
Y estábamos nosotros – yo y Ezra- en la nieve.
Y nuestro planeta nunca es más otro planeta -nunca se siente tan ajeno y distante, nunca parece más nuevo y diferente que luego de una nevada larga y poderosa.
Y aquel año -recuérdalo, recuérdanos así- nevó como nunca había nevado.
Y nosotros bajo la nieve, frente a todos esos muñecos de nieve y de esa gigantesca esfera. Y era como si fuésemos nosotros, Ezra y yo, los que ascendíamos entre la nieve, detenida pero viva en la luz pálida del día recién encendido. Y era como si cada copo de nieve-diferente de los demás- fuese una estrella única. Y la nieve -ver y sentir la nieve- nos vuelve a todos poéticos y, en mi caso, un pésimo poeta.
Y una ráfaga de viento y tú en la ventana.
Rodrigo Fresán
El fondo del cielo (Random House Mondadori)


Tags: Rodrigo Fresán, El fondo del cielo, Random House Mondadori

Publicado por elchicoanalogo @ 20:26  | Libros...
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