Lunes, 22 de agosto de 2011

Las imágenes idílicas del pueblo de Ithaca y sus diferentes habitantes, los diálogos y escenarios, la segunda guerra mundial de fondo, el tono cándido, inocente y cálido con el que está escrito La comedia humana me recordaron a las películas norteamericanas de los años treinta y principio de los cuarenta, a Frank Capra y James Stewart, a La sinfonía de la vida y Qué bello es vivir, un mundo que parecía construido con sueños e inocencia y que soportaba y superaba cualquier intromisión del mal.

William Saroyan escribe con sencillez e inocencia la historia de Ithaca y la familia Macauley. El pueblo parece un pequeño edén fuera de la guerra que se desarrolla en medio mundo. El inicio recuerda a Twain, un niño curioso y aventurero que quiere aprehender el mundo que le rodea y se emociona con el paso de un tren. “Ulysses miró a su alrededor. Allí estaba, rodeándolo, raro y solitario: el mundo en que él vivía. Aquel mundo extraño, infestado de maleza, abandonado, maravilloso, absurdo pero hermoso ( … ). El niño se dio media vuelta despacio y echó a andar hacia su casa. Mientras caminaba, seguía oyendo el ruido del tren, la canción del negro y sus palabras llenas de dicha: «¡Me voy a casa, chico! ¡Me voy al sitio del que soy!». Se paró a pensar en todo aquello, merodeando detrás de un cinamomo y dando patadas a sus frutos caídos, amarillos y malolientes. Al cabo de un momento sonrió con la sonrisa de los Macauley, aquella sonrisa amable, sabia y secreta que decía «hola» a todas las cosas”. El paseo del pequeño Ulysses en el capítulo inicial nos da el tono costumbrista y cálido con el que está construido el resto de la novela.

Homer Macauley vertebra y une a los diferentes personajes de este relato. Tiene catorce años y tras la muerte de su padre y el reclutamiento de Marcus, su hermano mayor, intenta hacerse cargo de la familia con su trabajo como mensajero de telegramas, ser el apoyo de su madre, su hermana Bess y su hermano pequeño Ulysses. En ese primer trabajo Homer descubrirá las distintas caras de un mundo al que apenas se había asomado, un mundo donde conviven buenas personas como su jefe o el viejo telegrafista del turno de noche que no quiere ser sustituido por una máquina, con los telegramas que anuncian la muerte de un un soldado en el frente. La confrontación entre un mundo puro y otro de dolor y sombras ayudará a madurar a Homer, a saber que se puede escupir a la vida por ser injusta y, también, encontrar en una chica la belleza primera del mundo.

Y alrededor de Homer, un pueblo donde conviven un viejo telegrafista borrachín, una adolescente que espera el regreso de su amor, un chaval que parte al frente con miedo a la muerte, un enorme desconocido que libera a un niño de una trampa, un tendero armenio de infinita tristeza, unos soldados anónimos que pasan una noche de cine con unas chicas, una noche en las antípodas de las que les esperan en combate, o un director de una compañía de telégrafos capaz de besar a una desconocida. “En la esquina que tenía delante, a treinta metros, había una chica de dieciocho años o diecinueve años, de aspecto solitario y tímido, cansada, silenciosa y por tanto preciosa. Estaba esperando a que pasara un autobús para llevarla a su casa después del trabajo. Aunque estaba corriendo, a Spangler le resultó imposible no percibir la soledad de la chica. Y aunque tenía mucha prisa, le dio la impresión de que aquella soledad era como la soledad de todas las cosas, que se encuentran aisladas entre sí. Sin hacer el payaso y sin premeditación, con ágil naturalidad, fue a donde estaba la chica, se paró un momento y la besó en la mejilla. Antes de continuar su camino, le dijo la única cosa que era posible decirle: -¡Eres la mujer más encantadora del mundo!” La comedia humana son fragmentos y fotografías de Ithaca, de sus personas y momentos cazados al azar, caminos que se cruzan, sueños y magia, la vitalidad homérica por estar y sentirse vivo a pesar de saber que cerca del mundo en el que se vive hay una oscuridad amenazante. Ithaca como un lugar donde prima la belleza y la luz del sol, un pueblo que puede ser el hogar de cualquier desconocido que intenta reanudar su vida tras un desastre.

Tal vez Saroyan haya escrito una historia blanda, idealista y cándida, pero a veces es necesario leer historias donde el dolor sea algo que se puede asumir y aún quedan rastros de inocencia y ternura y una mirada vital y llena de ensoñación hacia el mundo. La comedia humana es una de esas obras que te dejan ternura y una sonrisa tras su lectura.



En un estado democrático todo hombre es igual a los demás hombres hasta que empieza a ejercitar sus capacidades, y a partir de ese momento todo el mundo es libre de ejercitar las capacidades que prefiera. Estoy ansiosa porque mis chicos y chicas empiecen a esforzarse por actuar de forma honorable. No me importa lo que mis criaturas parezcan en la superficie. No me engañan ni los modales elegantes ni los malos modos. Me interesa lo que hay debajo de los modales de cada clase. No me importa si una de mis criaturas es rica o pobre, brillante o lenta, genial o obtusa, con tal de que tenga humanidad, de que tenga corazón, de que ame la verdad y el honor, de que respete tanto a sus inferiores como a sus superiores. Y si las criaturas de mi clase son humanas, no quiero que todas sean humanas del mismo modo. Con tal de que no sean corruptas, no me importan sus diferencias. Quiero que cada una de mis criaturas sea ella misma. No quiero que seáis otra persona solamente para complacerme o para facilitar mi trabajo. Me hartaría muy pronto de una clase llena de jóvenes damas y caballeros perfectos. Quiero que mis criaturas sean gente, todos distintos, todos especiales, que cada uno de ellos sea una variación agradable y excitante de los demás. Quería que Hubert Ackley estuviera aquí para escuchar esto contigo, que entendiera junto contigo que aunque en el presente él no te caiga bien y tú no le caigas bien, eso es perfectamente natural. Quería que él supiera que los dos empezaréis a ser verdaderamente humanos cuando, a pesar del hecho de que no os caéis bien, os respetéis mutuamente. Eso es lo que significa ser civilizados, eso es lo que tenemos que aprender del estudio de la historia antigua. Me alegro de haber hablado contigo más que con ninguna otra persona que conozco. Cuando te marches de esta escuela, mucho después de haberme olvidado a mí, estaré buscando señales tuyas en el mundo.
William Saroyan
La comedia humana (Traducción de Javier Calvo. Acantilado)


Tags: La comedia humana, William Saroyan, Javier Calvo, Acantilado

Publicado por elchicoanalogo @ 20:37  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

Coincido completamente con tus comentarios.

Saroyan tiene esa manera sencilla bella de contar historias muy humanas que te hacen sonreir y llorar.

Recomiendo casi cualquiera de sus libros.

Publicado por Invitado
Lunes, 07 de abril de 2014 | 13:10

Hay otro libro de Saroyan que me gusta mucho, Las aventuras de Wesley Jackson, fue una lectura divertida, entrañable y profunda, o los cuentos de Me llamo Aram, también estimables. Un buen escritor.

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 07 de abril de 2014 | 17:23