Martes, 20 de septiembre de 2011

He tardado en volver a leer a Sándor Márai tras su novela El último encuentro, una lectura que recuerdo emocionante y lejana, dos amigos que se ven después de cuarenta años de ausencia y silencio para aclarar el pasado y desenredar su odio. La herencia de Eszter, escrita tres años antes de El último encuentro, sigue ese esquema, dos personajes que llevan veinte años sin verse y cuyo reencuentro traerá el recuerdo de una pasión pasada, de unos sentimientos apagados pero no olvidados, el repaso de lo ocurrido entre ellos pero a la distancia justa (la decepción justa) que otorgan los años transcurridos.

Eszter escribe sobre aquel extraño domingo donde se reencontró con Lajos, su único amor, y cómo su vida se volteó una vez más y cambió de forma definitiva. El inicio de su narración anticipa el desastre, el paraje desierto que queda tras el encuentro con Lajos, la sensación de un destino inquebrantable. Superviviente de un naufragio, de un engaño brutal, Eszter lleva veinte años sumida en una rutina anodina en la casa que heredó de su padre, acompañada por Nunu y las visitas de su hermano y un par de amigos, una vida tranquila, bucólica y sombreada por la espera, por un pasado imposible de esquivar, por sentir Eszter que anda por la vida en un extraño sueño y saberse ante un abismo en cuanto abra los ojos.

Márai describe una pasión dolorosa y destructiva, un reencuentro donde Eszter no espera más que los engaños de Lajos pero que, a la vez, se deja llevar por emociones y sentimientos antagónicos, los recuerdos de un amor que no se dio y las mentiras y mezquindad de un personaje vividor y egoísta incapaz de ver más allá de él. La narración comienza con pausa y, poco a poco, aumenta el ritmo ante la inminente llegada del pasado, el recuerdo y la extrañeza por un reencuentro años después de que Lajos golpeara la vida de Eszter, dejándola desamparada, las dudas de Eszter ante la naturaleza de sus sentimientos, la vida tranquila que había armado tras años de soledad pero que no era más que retiro y renuncia. Con la llegada de Lajos y la confrontación con el pasado, Eszter asume esta nueva derrota, se sabe presa de un destino extraño del que no puede desprenderse, un último golpe que acabará por romper los últimos fragmentos de tranquilidad en su vida.

Eszter es renuncia y aceptación, se sabe derrotada de antemano. Lajos no cambia con los años, egoísta y vital y que arrolla la vida de quien tiene delante. La caída de Eszter dura una veintena de años. Y éste es el drama de la novela de Márai, una mujer que amó a un hombre; el hombre que destruyó su vida. En apenas ciento cincuenta páginas, Márai emociona y golpea a partes iguales.



Lo miré a los ojos y me eché a reír. «¡Todo esto no es serio!», pensé. Pasado cierto tiempo, ya no se puede arreglar nada entre dos personas. Y yo comprendí esa verdad desesperante en aquel momento, allí, en el banco de piedra donde nos encontrábamos sentados. Uno vive, construye y destruye su vida, trata de corregirla, de remediarla, poniéndole parches; y pasado un tiempo se da cuenta de que todo el conjunto, tal cual está, lleno de casualidades y de equivocaciones, ya no se puede cambiar más. A esas alturas, Lajos ya no podía hacer nada. Había reaparecido desde el pasado, anunciando con un tono sentimental que quería «arreglarlo todo», pero sus intenciones me parecieron lamentables y ridículas: el tiempo se había encargado ya de «arreglarlo todo», a su manera, de la única manera posible.
Sándor Márai
La herencia de Eszter (traducción de Judit Xantus Szarvas. Salamandra)


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Publicado por elchicoanalogo @ 18:30  | Libros...
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