Domingo, 16 de octubre de 2011

Nunca consigo anticipar tu regreso. Desapareces durante semanas y cuando creo que ya no volverás a mi vida me encuentro con tus palabras, tus canciones y tus fotografías, una parte del mundo que forma tu mirada. Entonces, por unos días, me siento como un satélite que orbita alrededor de un planeta extraño, atraído por su fuerza gravitatoria, por el misterio que eres.

Hace tiempo un hombre salió de una caverna para descubrir que la vida no era una pared donde se reflejaban extrañas sombras sino bosques, cielo abierto y luz. Cuando regresó a la caverna para contar su verdad lo tomaron por loco, como si sólo fuera posible un mundo y una mirada y todo lo que se desvíe de lo aprendido un sueño inútil. A veces te veo como ese hombre, tú te aventuras fuera de la caverna y cada cierto tiempo regresas para hablarme de otros mundos posibles.

Cuando reapareces me hablas de pequeñas revoluciones, de cambios y viajes, de ganas de partir y encontrar tu lugar en el mundo fuera de los caminos marcados por otros. Porque no quieres dejarte llevar por la corriente, por las miradas grises de otros, por todos aquellos deseos que nos imponen y son extranjeros y lejanos. Buscas la libertad de desmarcarte y es ahí, en esa valentía, donde me sorprendes y te siento cercana.

A veces me enseñas fotografías de aquella ciudad donde armaste tu mirada revolucionaria, imágenes que se detienen en la nostalgia y dureza de los primeros días del otoño, las laberínticas ramas de los árboles y las líneas rectas de los edificios, la quietud blanca del invierno, la nieve y el cielo inmaculado, la expectación de la primavera, el reflejo de las nubes en los cristales, unas zapatillas sobre el asfalto y tú. Por un instante se desvanece tu misterio y siento que formo parte de tu mirada, que las imágenes no son fotografías tuyas sino recuerdos míos.

Entonces, yo te hablo de las bandadas de pájaros grises en el cielo y la sensación de cambio que me transmiten, como si anticipasen el final de una época y el inicio de otra, de las gotas de lluvia que resbalan sobre los cristales y los paraguas, de las personas que no tienen nada que decirse en las cafeterías, transparentes para el otro, su mirada fija y cegada en el frente, de una canción de Talking Heads y cómo a veces el hogar es una ciudad, una persona, un sentimiento, una palabra, una canción o un atardecer.

 

 


Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

Confieso que lo sigo leyendo...

Publicado por Invitado
Lunes, 24 de octubre de 2011 | 21:43

Confieso que sigues siendo un inesperado misterio...

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 24 de octubre de 2011 | 21:53