Martes, 08 de noviembre de 2011

¿Dónde termina la tarde dónde comienza la ciudad 
dónde termina la ciudad dónde comienzas tú
dónde termino yo dónde comienzo?
(Nazim Hikmet)



Aparté la cortina a un lado. La ciudad anochecida, el rojo y azul de las farolas que parecían estrellas binarias al reflejarse en los charcos de la calle, los viajeros que arrastraban maletas fuera de la estación del tren, que se escondían de la lluvia bajo un paraguas, pura fugacidad, el horizonte desconocido. Detrás de mí, una anónima habitación de hotel y los libros de Vonnegut, Levi y Millu, cientos de imágenes, sonidos y olores, recuerdos aún intactos y la sensación de estar perdido al otro lado del horizonte. La ciudad, tú y yo.

Durante unas horas revolucioné mi mirada. No estabas a mi lado para guiarme y llevarme entre las calles y la gente y ejercer así de faro que ilumina un camino oscuro y desconocido. Paseé bajo la lluvia de la mañana. Las gotas se colaban bajo mi ropa y por unos instantes volví a ser aquel crío que disfrutaba al mojarse camino del colegio. Estuve perdido, no tenía puntos de referencia, una esquina o un edificio amigos. Y me gustaba. Era como estar desaparecido, sin nada ni nadie que me alcanzase, que supiese dónde estaba, qué era de mí, qué sentía o pensaba.

Todo era nuevo, todo era diferente. Necesitaba recolectar imágenes, aprender (aprehender) las fachadas y las esquinas, sentir que estaba en otra ciudad posible, que cada paso abría docenas de posibilidades inéditas, que podía ocurrir cualquier cosa. Las nubes bajas sobre los montes, los mendigos dormidos dentro de los cajeros, las colas en las pastelerías, los kioscos cubiertos por un plástico, los cafés somnolientos, una avenida tomada por mujeres vestidas de rosa, los cruces de calles y una moneda mental que elegía si seguir adelante o torcer a derecha o izquierda, mis pisadas que esquivaban o saltaban los charcos, el silencio. Me sentía fuera del tiempo.

La ciudad...

Las ciudades se andan (como se habitan los cuerpos y se convive con los vacíos). Y andamos kilómetros de calles matemáticamente alineadas y paseos donde debíamos sortear a otros paseantes. Improvisamos el camino a seguir, una plaza de toros reconvertida en centro comercial, un baile inesperado, una rambla que daba a un paseo que terminaba en una librería, un libro con las hojas en blanco, un barrio que parecía un pueblo escondido dentro de una ciudad, y tú a mi lado, dejándote llevar por recuerdos y emociones pasadas.

Hablamos de desamor y distancias, de dolores y pasado, hablamos de ese vacío que dejan las ausencias y cómo ese vacío pesa y nos hace zozobrar y nos deja sin dirección. Nuestras caras son como ciudades y horizontes. Miraba tus manos, la expresión de tu cara, los diferentes tonos de tu mirada, cada palabra tenía un gesto diferente, la mirada profunda y apagada para el dolor, la sonrisa abierta, sencilla y acogedora para los viajes y los libros y los buenos momentos, las manos nerviosas bajo los ojos para recuerdos y ausencias, la voz alegre y desenfadada para los pequeños triunfos. La última vez que te vi te dirigías a un andén de metro y tu cara era puro cansancio. Desapareciste al otro lado del horizonte.

Tú...

El tren vacío, el cielo bajo, los viñedos rojizos, los trenes en la dirección contraria, las gotas de lluvia que resbalaban por el cristal, las curvas y los valles. Pensaba en la primera mirada sobre la ciudad y sobre ti y cómo aprendí a estar junto a las dos, saltaba por los recuerdos que con el tiempo dejarán de ser exactos pero que siempre serán reales, volví a ver tu pequeña cara cansada, los edificios con balcones que parecían melenas de león, la azoteas y tejados de la ciudad vistos desde el tejado de una antigua plaza de toros. Y reviví la sensación de estar perdido.

Yo...

 

 




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Comentarios (7)  | Enviar
Comentarios

Qué bonito!

Yolanda

Publicado por Invitado
Viernes, 11 de noviembre de 2011 | 22:06

Es que fue un bonito fin de semana...

Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 11 de noviembre de 2011 | 22:15

A pesar de la lluvia muy bonito...

Yolanda

Publicado por Invitado
Viernes, 11 de noviembre de 2011 | 22:29

O mejor dicho gracias a la lluvia fue especial!!!

Yolanda

Publicado por Invitado
Viernes, 11 de noviembre de 2011 | 22:40

Incluso la lluvia moló (hay quien baila bajo ella, como Gene Kelly). No le veo ningún pero a ese fin de semana, realmente necesitaba viajar, desconectar, ver nuevas calles y una conversación continua.

Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 11 de noviembre de 2011 | 22:40

Esa ciudad, como tantas otras. 

A veces, al caminar por ellas, se presenta un sentimiento de vacío, de volatilidad en medio de lo ajeno, que nos derrota, que nos puede frente la belleza incorpórea del conjunto. 

Ciudades que son como desiertos, aún estando llenas de almas que vagan por ellas de un lado a otro. 

Ciudades repletas de medianeras que nos incomunican.

Ciudades sin ti.

Publicado por Invitado
Jueves, 24 de noviembre de 2011 | 17:39

... Hace años que viajo a personas en vez de ciudades, entonces las ciudades ya no son extranjeras o ajenas, hay algo en ellas que me resulta familiar y cercano y me siento cómodo en ellas aunque camine horas y horas en soledad.

Lo que debe ser una experiencia es una ciudad a tu lado, contigo, un mundo de nuevas formas y digresiones, un espacio abarcador, un tiempo habitable...

Publicado por elchicoanalogo
Jueves, 24 de noviembre de 2011 | 19:40