Lunes, 21 de noviembre de 2011

Si en Una mujer en Berlín seguíamos los diarios escritos por una mujer durante los últimos meses de la guerra en Europa (la vida en los refugios, las cartillas de racionamiento, los bombardeos, las violaciones con la llegada de los soldados rusos, el lento regreso de una extraña normalidad tras el horror), en El humo de Birkenau Liana Millu habla de las mujeres y su superviviencia en los campos de concentración nazis. Hay algo que une a ambas autoras, una mirada atenta, intensa e incisiva y una forma de describir la realidad sin aspavientos ni metáforas, como si tomasen fotografías de la vida que les rodea.

La chimenea y el humo es una imagen constante entre las mujeres encerradas en Birkenau, un recordatorio permanente de su incierto futuro, del horror que están viviendo y de la deshumanización de la vida. El humo se eleva hacia el cielo o envuelve la tierra y siempre aprisiona el corazón de las mujeres. La única forma de escapar de esa realidad e intentar sobrevivir no sólo física sino también emocionalmente es la esperanza de que todo acabará por navidad y regresarán a sus casas, un espejismo que les sirve de protección y les de fuerza para seguir de pie un día más.

Millu no necesita adornarse en los seis relatos que componen El humo de Birkenau, su mirada es directa y abarca la vida en el campo, las relaciones que se crean entre mujeres de diferentes países, los estallidos de odio y crueldad, las familias desmembradas, los diferentes comandos de trabajo, los extraños momentos de calma donde hay confidencias entre las mujeres y un hueco a la esperanza, los distintos modos de sobrevivir. Son imágenes del abismo. Mientras avanzaba por El humo de Birkenau sentía un mundo en descomposición y cómo, incluso en las situaciones más extremas, hay quien saca fuerzas de flaqueza para intentar sobrevivir y hablarnos de ello.

En El humo de Birkenau, Liana Millu coloca ante nuestra mirada distanciada fotografías del horror: una mujer enviada al crematorio por celos, una chica intenta que su embarazo pase desapercibido atándose mantas alrededor de su vientre, dos hermanas eligen caminos opuestos, una se decide por el burdel del campo de los hombres, la otra por los comandos de trabajo... La vida llevada al límite, a la crueldad extrema.

Escribía Primo Levi en el prólogo: La autora aparece rara vez en primer plano: es un ojo que penetra, una conciencia admirablemente alerta que registra y transcribe, en un lenguaje siempre digno y medido, estos acontecimientos que escapan a toda medida humana. Cada relato se cierra con una nota atenuada, con un toque fúnebre, el de una vida que se apaga. Y resulta significativo cómo estás muertes individuales, personales, todas trágicas, pero distintas, pesan mucho más, influyen mucho más en nuestra sensibilidad que los millones de muertos anónimos reflejados por las estadísticas.

Un libro duro y necesario.



-¡Y pensar que nos queríamos! ¿Cómo es posible que dos personas que vivieron juntas, la una para la otra, se encuentren de pronto más alejadas que si fueran extrañas o enemigas? ¿Te acuerdas cuando te conté que nos cogieron juntas en una redada, que no pudimos volver a ver a nadie y que en el camión lleno de gente muerta de miedo, trastornada, deshecha, sólo nos teníamos la una a la otra, que era lo único que nos quedaba en este mundo? Durante todo el viaje, durante toda la cuarentena estuvimos siempre juntas, porque teníamos pánico de que nos separaran.
» Y después, ya lo sabes, fuimos juntas a trabajar a ese terrible comando de los canales; todo el día con los pies metidos en el agua y el cieno, cavábamos cerca de los crematorios las fosas donde echaban el exceso de cenizas y, además del cansancio, sentíamos el olor de aquel humo. Lo veíamos tan negro, tan pesado, que le costaba disolverse para siempre en la nada; y lo miras cada vez que levantas la cabeza de la zapa y piensas: “Dentro de una semana, dentro de un mes, me tocará a mí.” Y entonces me parecía que ya estaba saliendo por la chimenea, sobre los tejados del Lager, y sentía que me esfumaba poco a poco, hasta que no quedaba ningún rastro de mi paso por la tierra.
» Me acordaba de los sermones del pastor, cuando comentaba la Biblia, creo que era el libro de Job, cuando Job tampoco pudo más y se rebeló ante la idea de que ¿como nube que se desvanece y pasa, así el que desciende al Seol no subirá allí; no volverá más a su casa”. No quería desvanecerme como la nube que pasa, quería volver a casa.
Liana Millu
El humo de Birkenau (traducción de Celia Filipetto. Acantilado)


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Publicado por elchicoanalogo @ 20:31  | Libros...
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