S?bado, 26 de noviembre de 2011

Hace tiempo me hablabas de tus paseos por una ciudad desconocida, tu mirada quebrada en dos mitades, una que aún miraba al pasado y todas las dudas iniciales que arrastrabas y otra que descubría nuevas calles y esquinas, edificios extraños y los parques de árboles invernales. Era como pasear por el lado oscuro de la Luna, pisadas ingrávidas y la sensación de estar al otro lado de un umbral nunca antes cruzado. Eras una astronauta en tierra. Llevabas música en tus paseos sin destino y sentías que las canciones escogidas transformaban la vida que te rodeaba.

Tus palabras escritas hace unos meses seguían en forma de eco dentro de mí (eres como un eco o como las olas de un mar interno, me golpeas cada poco tiempo).

Intenté imitarte en esta pequeña ciudad de provincias donde el misterio se desvaneció tiempo atrás, donde conozco sus recovecos y no puedo perderme o sentir que estoy ante algo nuevo y lejano. Somos lo suficientemente estúpidos como para convertir los cuerpos, las ciudades, los escritores, los edificios, los sentimientos en inercia y rutina.

Llegué a un cruce de calles. Saltó una instrumental de Hammock. Cerré los ojos mientras la música ascendía y tomaba cuerpo, una melodía nostálgica y lánguida que a veces siento una declaración de amor. Al abrir los ojos, una pequeña fractura. No estaba delante de la ciudad tal como la había dejado segundos atrás. La música se adecuaba a los edificios y la gente. O tal vez fuera la gente quien, sin quererlo, tomaba el paso de la música.

Cada gesto y cada mirada parecían haberse ralentizado, las voces apagadas, las caras tras los cristales, los cambios en los semáforos, las terrazas y las maletas arrastradas por la acera, los besos de despedida y el humo del tabaco en las puertas de los bares, las nubes reflejadas en los edificios de cristal y los mendigos sentados en el suelo de una plaza. Me sentí rodeado por cientos de historias anónimas,  puntos que se cruzan sin tocarse antes de perderse para siempre. Las sonrisas se acentuaban, los edificios parecían espejos que reflejaban otra realidad y las avenidas promesas de un inicio. Pensé en cómo sería ver en un mismo plano todas las ciudades vividas, que se mezclasen y transparentasen unas sobre las otras. Hay una vida subterránea.

Durante un instante te colaste entre las nuevas imágenes. Un árbol invernal, las piedras de una costa desconocida, una bicicleta. Qué canción podría definir tu mirada...



Dark Beyond the Blue (Hammock)




Tags: espacios en blanco, hammock, dark beyond the blue

Publicado por elchicoanalogo @ 7:27  | Canciones
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