S?bado, 26 de noviembre de 2011

La primera regla del club de la lucha es que no se habla del club de la lucha... La segunda regla del club de la lucha es que no se habla del club de la lucha... Una vez aprendidas las reglas, un puñado de hombres grises se reúnen en bares y callejones para descargar su rutina, encabronamiento crónico, furia y desidia en combates con las manos desnudas. Cada golpe una forma de acercarse al abismo y sentirse libre y el dolor como sentimiento físico y emocional, una liberación de una parte reprimida y atada dentro de nosotros y las cicatrices como recuerdo de un momento de una extraña epifanía. 

El club de la lucha empezó como un cuento de apenas siete páginas y creció hasta convertirse en un libro extremista y de éxito. Es lo primero que me descolocó de la novela de Palahniuk, una narración a veces seca, a veces con un ritmo musical (y en esto se parece a Spanbauer), que describe una violencia extrema y nihilista, la necesidad de destruir toda una vida, tocar fondo para volver a la superficie cambiado, “salvado” e intentar empezar de nuevo. Hay quien decide romper con su vida y perderse en un viaje sin destino, quien claudica ante una realidad que le destruye poco a poco, quien no hace nada y quien busca una nueva oportunidad. La idea de Palahniuk es centrarse en ese proceso de destrucción de todo lo que somos para ver en qué y quién nos convertimos. Y es en ese proceso donde se quedan detenidos los personajes de la novela, atraídos por el dolor, la descomposición y las emociones al límite que trae consigo.

La figura de Tyler Durden es el principal atractivo de la novela, una figura mitificada entre los hombres grises por su vida llevada al extremo, un camarero y proyeccionista de cine que primero organiza peleas ilegales y luego planea golpes que intentan subvertir el orden establecido. Su figura crece a lo largo de la novela, se convierte en una especie de mesías de la desesperación, la degradación, la anarquía y la destrucción, el camino para llegar hasta el fondo.

Un par de meses después de leer la novela me parece hueca, unos párrafos endiablados y febriles como oasis en mitad de un desierto, más ruido que otra cosa.





Tyler me dice que todavía estoy lejos de tocar fondo y que si no bajo hasta el fondo no conseguiré salvarme. Jesús hizo lo mismo con su historia de la crucifixión. No debería limitarme a renunciar al dinero, la propiedad y el conocimiento. No es sólo un refugio para el fin de semana. Debería dejar de intentar mejorar y labrarme un desastre. Ya no puedo seguir jugando sobre seguro.
Esto no es un seminario.
—Si pierdes el temple antes de tocar fondo —dice Tyler— nunca lo conseguirás.
Sólo después del desastre podemos resucitar.
—Sólo después de haberlo perdido todo —dice Tyler— eres libre para hacer cualquier cosa.
Lo que he experimentado es una iluminación prematura.
—Y sigue removiendo —dice Tyler.
Cuando la grasa haya hervido lo suficiente y ya no salga más sebo, tira el agua hirviendo. Limpia la cacerola y llénala otra vez de agua.
Le pregunto cuánto me falta para tocar fondo.
—Desde donde estás —dice Tyler— jamás conseguirás ni imaginarte cómo es el fondo.
Chuck Palahniuk
El club de la lucha (traducción de Pedro González del Campo. Debolsillo)


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Publicado por elchicoanalogo @ 12:30  | Libros...
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