Domingo, 27 de noviembre de 2011

Como aclaran los traductores Junichi Matsuura y Lourdes Porta, varias personas se reunían por la noche y encendían primero muchas luces que luego apagaban, una a una, a medida que iban contando historias. Al final, en la oscuridad más absoluta, decían que aparecía un fantasma. La narradora de N·P contaría esa historia número cien y a medida que avanzaba por el libro de Yoshimoto sentía que había una sombra, un fantasma que rodeaba al libro y que esperaba al silencio tras la última palabra para hacerse presente. Es una idea hermosa, sentir una presencia bosquejada al acabar una historia.

Yoshimoto posee una escritura delicada, queda, pausada, parece que escribe impresiones, nostalgias, sueños, sombras y silencios, me atrae menos la historia en sí que la voz con que se cuenta esa historia. Es lo que me gusta de sus libros, esa sensación de estar ante un mundo donde se funde lo real con lo onírico, la voz nostálgica con amores pasionales y físicos, la sensación de pérdida y de estar en el umbral a otro mundo con la muerte y el paso del tiempo.

Como en las muñecas rusas, N·P contiene otras historias y voces dentro de la historia principal. Está Kazami y su primera historia de amor con Shoji, un amor pasado cuyo eco sigue resonando en el presente y que llevará a Kazami hasta los hijos de un escritor desconocido, está un libro llamado N·P que contiene noventa y siete relatos, está el misterioso escritor de ese libro que se suicidó, están los hijos del escritor que guardan dos relatos inéditos y que influyen en quien trata de traducirlos, está la imagen de una mujer tras esos relatos, una imagen extraída de la realidad, está la relación incestuosa entre dos hermanos... En menos de doscientas páginas, Yoshimoto cruza a a los vivos con los muertos y las historias que arrastran consigo.

N·P es como esas muñecas rusas que guardan otras muñecas dentro de sí, una historia que contiene otras y cada historia contenida, una especie de sombra y misterio.



Lo que sabía era que aquel sombrío escritor llamado Sarao Takase había vivido en Estados Unidos y que, a lo largo de una vida oscura, había ido escribiendo algunos relatos.
Que se había suicidado a los cuarenta y ocho años.
Que había tenido dos hijos con su esposa, de la que luego se separaría.
Que sus relatos, reunidos en un volumen, habían sido publicados en Estados Unidos siendo, durante un breve periodo de tiempo, un éxito de ventas.
El título del libro era N.P.
Contenía noventa y siete relatos cortos. Al parecer, era un hombre poco constante, así que en el libro aparecían, uno tras otro, una serie de relatos breves, poco más que simples esbozos.
Todo esto me lo había cotado Shoji, un antiguo novio. Él había hallado la historia número noventa y ocho, aún inédita, y la estaba traduciendo.

En el juego de los cien cuentos, siempre ocurría algo cuando se terminaba de contar la historia número cien, pero fueron, sin duda, mis experiencias de aquel verano las que constituyeron esta historia número cien. Tengo la sensación de haberla vivido íntimamente. La sensación de haber sido absorbida por la intensa atmósfera del cielo del verano. Sí, todo lo ocurrido durante aquel brevísimo espacio de tiempo fue como un relato.
Banana Yoshimoto
N·P (traducción de Junichi Matsuura y Lourdes Porta. Tusquets editores)


Tags: Banana Yoshimoto, N·P, Junichi Matsuura, Lourdes Porta, Tusquets

Publicado por elchicoanalogo @ 0:33  | Libros...
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