Jueves, 08 de diciembre de 2011

Viajes con Clara por Alemania fue una lectura tan entrañable como El trompetista del Utopía. Fernando Aramburu escribió un libro de viajes diferente, una historia amena, divertida, llena de calidez y un humor irónico y desenfadado. El narrador acompaña a su mujer escritora a través de un viaje por el norte de Alemania y decide escribir sus impresiones sobre aquello que ve pero sin detenerse en la historia o en los edificios de las ciudades visitadas sino en el sabor de los bombones en un cementerio, los dimes y diretes con Clara o una jornada de navegación con su sobrino autista. Aramburu tiene la facilidad de ser cercano, de poder escribir sobre temas aparentemente livianos con humor y profundidad. Y, sobre todo, Viajes con Clara por Alemania es una bella e hilarante historia de amor. Hay dos escenas que perdurarán en mi recuerdo, aquella donde la pareja se reconcilia en el teatro después de uno de sus enfados y los párrafos donde el narrador recuerda el día en que eligió a Clara en vez del regreso a casa.

Roberto Bolaño y A. G. Porta se adentraron en la escritura a cuatro manos con Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, una novela febril e inquieta que avanza a trazos, a latigazos. Por momentos me recordó Malas Tierras de Terrence Malick, una joven pareja que inicia una vida de atracos y decide estar fuera del sistema. Las presencias fantasmales, el amor enloquecido por la literatura y la escritura y esa fina línea donde se mezclan realidad y ficción, el desarraigado y la soledad, las emociones llevadas hasta su última frontera, el amor loco y al límite. Bolaño y Porta tejen un relato intenso y lleno de recovecos, una de esas novelas que se leen sin interrupciones.

En Hiroshima, John Hershey recoge los recuerdos de seis supervivientes de la bomba atómica y lo hace con la distancia justa, sin resultar morboso ni frío pero sí abarcador y desnudo. La primera parte se centra en el instante de la explosión, cómo cada uno de los supervivientes sienten la luz y el resplandor con diferente intensidad e intentan comprender lo ocurrido. Es sorprendente la diferente percepción de la luz que tiene cada uno de los supervivientes. A partir de ahí, imágenes de una ciudad arrasada, de las ruinas y los fuegos en las casas, de una masa desorientada que intenta encontrar un refugio, de los gritos que salen bajo tierra, de la muerte, las diferentes imágenes de la muerte. Hay momentos de una dureza dolorosa y otros donde te sorprendes por la capacidad de supervivencia y de fuerza de los que vivieron aquel horror para seguir adelante.

Antonio Muñoz Molina es uno de mis escritores favoritos. Sefarad o Ventanas de Manhattan fueron lecturas inolvidables donde no paraban de cruzarse caminos e historias dentro de historias, donde la ficción y la realidad estaban en un mismo nivel. Nada del otro mundo es un entretenido libro de cuentos donde lo misterioso y fantasioso irrumpen en la realidad. Fantasmas y presencias abisales, escritores mediocres y hombres de provincias, asesinos en serie y solitarios que viven en pequeñas cajas de zapatos, amores inconclusos y pianistas maniáticos, oficinistas enamorados de forma platónica y chicas que se dedican a esperar en una mesa de un café y en esa espera pierden la vida. Me gusta esa capacidad de Muñoz Molina para construir frases donde podría existir un libro entero.

Galápagos es una corrosiva novela del siempre inesperado Kurt Vonnegut, una novela que se centra en un particular fin del mundo y en la estupidez humana. Y es esa estupidez la que me hizo pensar en cuánto se parece el humor de los hermanos Coen al de Vonnegut. Galápagos está narrada por un fantasma curioso que quiere presenciar el curso de la humanidad tras un apocalipsis que se inicia con una crisis económica. Un puñado de supervivientes se dirigen hacia las Galápagos, unos personajes extremos, desvariados, la mayoría estúpidos y arrogantes, en una especie de segundo arca de Noé. Y es en las islas donde, sin saberlo, dan el primer paso para que aparezca una nueva humanidad y se deje atrás los voluminosos cerebros de tres kilos, la raíz de todos los problemas. De Vonnegut me quedo con su humor, sus historias siempre sorprendentes y esa forma de narrar que tiene donde se rompe el espacio y el tiempo.


Tags: Fernando Aramburu, A. G. Porta, John Hershey, Kurt Vonnegut, Roberto Bolaño, Antonio Muñoz Molina

Publicado por elchicoanalogo @ 8:23  | Libros...
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