Lunes, 12 de diciembre de 2011

Buscando un beso a medianoche fue una historia y una emoción inesperadas. Un guionista solitario y perdido, una actriz sin papel que fotografía zapatos desparejados y olvidados, su encuentro en nochevieja que bascula del sarcasmo a la (puta) melancolía, del enfado y las decepciones a un punto de apoyo para superar la tristeza, una ciudad fotografiada en blanco y negro, los edificios de cristal y los teatros abandonados, las calles del extrarradio y las estaciones de metro, la música de Shearwater y Okervill River, los primeros planos de Sara Simmonds, Bienvenido a L.A., prepárate a sufrir, los besos más tiernos y reales que recuerde en una película, los abrazos como embarcadero, un final extraño que te deja con las entrañas del revés. A veces ocurre que conectas con una historia y la haces propia y la dejas dentro de ti.

Contra el viento del norte ha sido una lectura errante y, también, inesperada. Monólogos que se convierten en diálogos, presencias intuidas que son caminos en blanco y negro sobre una pantalla de ordenador, dos seres que se cruzan por equivocación, por puro azar, y crean algo distinto, unos sentimientos que se desbordan en miedos, deseos, incertidumbres, pasos inconclusos, la perfección de lo intangible, las dudas, cómo trasladar el camino en blanco y negro a la realidad, vivir con una presencia continua, habitar y ser habitado en la distancia y el aire, el miedo y nunca hubo nada más duro que el amor...

Empecé la lectura errante de Contra el viento del norte en la esquina de una cafetería. Fuera, la torre de cristal de Iberdrola, un faro en mitad de la ciudad. Hace años ese lugar donde estaba sentado era una explanada de vías de tren y contenedores apilados unos sobre otros. Seguí en el parque de Doña Casilda, las hojas otoñales en el suelo y el atardecer tras los montes, hubo un momento donde la línea del atardecer se dibujó en los edificios que rodean el parque, a un lado de la línea la sombra oscura, al otro un rojizo cálido. Otro café y medio centenar de páginas más. Las luces parpadeantes de la gran vía y el bullicio de la estación de Abando. Terminé el libro sentado en una esquina de la estación de mi pueblo.

Y en los paseos entre cafés, parques, estaciones y mi casa, la letra de A Hush y la melodía de Whipping Boy de Shearwater unían Buscando un beso a medianoche y Contra el viento del norte, mezclaban historias y personajes, tristezas e ilusiones, imagen y palabra. Y también (sobre todo), miradas y silencios tras un teléfono. Espacio y tiempo. 



A Hush (Shearwater)



There was a hush inside the air
When you were lying on the stairs
Feeling the world had scattered there
Like little feathers on the air

And as the people filed away
The men in suits of black and gray
Each with his hands inside his coat
Each with that hush inside his throat

And this concrete cold
And this cruise control
And the drops of blood in the shaving bowl
Are the lovely things
Bright and hovering
That can pull you up
With a thousand wings
Let me through

They're thinking, "How did we arrive?
Was it by fortune or design?
Or was there something else in mind?
Let there be something else in mind"





Whipping Boy (Shearwater)



If I told you once, then I told you twice
That I would have paid just about any price
Just to see him jump, just to see him laugh
I would have washed in the blood of an innocent man

Let the whipping boy ride

The boy says to the wolf, "You're gonna be my dog"
The boy ties the wolf to a fence post
The wolf says, "Boy, if you're gonna be my man
Let's see how you fit in those britches"

I found a river that doesn't run to the sea
I found a river through the dead lands
I found a river that's been beaten by the sun
But a river that never did surrender to the sands

Let the whipping boy ride
I want to see him





Tags: a hush, whipping boy, shearwater, contra viento del norte, Daniel Glattauer, Buscando un beso, Alex Holridge

Publicado por elchicoanalogo @ 22:51  | Canciones
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