Martes, 13 de diciembre de 2011

Salíamos de la pista de baloncesto. Hacía viento y algunos niños se organizaban en equipos para jugar un partido de fútbol. Los gritos enfervorizados y los chillidos de lamento, el esfuerzo de las carreras y la discusión sobre las faltas, los choques de manos y las miradas al cielo, las burlas y las risas puras. Mi sobrino me agarró la mano. Volvíamos en silencio a casa. Había aceptado su derrota con buen ánimo. Su mano dentro de la mía me recordó cuando era un bebé y lo resguardaba dentro de mi pecho mientras le hablaba de Tom Sawyer y Tom Doniphon, de una ballena blanca y una máquina del tiempo. Me gustaba aquella sensación de tener su cabeza en mi corazón, de abrazarlo y que toda la oscuridad desapareciera, de sentir cómo se dormía con mis susurros. Nunca sabré quién cuidaba a quién.

Entonces, mi sobrino me preguntó sobre la magia, Osaba, ¿a que la magia existe? Realmente no era una pregunta, Oier necesitaba que le confirmase la existencia de la magia, aún cree que los adultos conocemos los secretos de la vida. Se acerca la navidad, los regalos del Olentzero, el carbonero vasco, esa duda de cómo es posible llegar a todos los niños en una noche. Hace años, cuando era “el primito” (aún lo soy, pero con canas y cicatrices), Elisa me habló de cómo conoció a Christopher Reeve en el rodaje de Superman y que se enamoraron y hablaron entre ellos en francés porque era “el idioma del amor”. Hoy sonrío al recordarlo. Contesté a Oier que la magia existe, que hay otros mundos posibles que no podemos o no sabemos ver, que hay algo llamado azar que puede  trastocar una vida, que el Olentzero es capaz de detener el tiempo y descomponer espacios. No lo hice por conservar su ilusión, sino por convicción. La magia existe.

A veces la magia se disfraza de azar. Una estrella solitaria en el cielo que se hace visible sólo cuando dañan el corazón de una mujer; una ruptura que me hace crear un blog que me lleva a bailar salsa en Serbia; meterse en otros sueños y parar la lluvia; dos amigos que desaparecen para el otro durante quince años y un reencuentro donde ambos recuperan parte de la esencia perdida por las decepciones y las heridas; un libro que habla de Mallarmé y me recuerda un poema como Brisa Marina, una búsqueda en una noche de diciembre y dos caminos que se cruzan; el vértigo de cada encuentro, las vidas que corren paralelas hasta que confluyen por un detalle que parece insignificante, todos los caminos no recorridos, (¿y si nunca hubiese leído a Mallarmé?). Al final nuestra biografía se compone de lo vivido, los proyectos truncados y las vidas no elegidas cuando estamos ante cruce de caminos.

Pienso en lo que le queda por vivir a mi sobrino, esos momentos donde creerá que la magia es cosa de niños y esos otros donde sentirá el vértigo del azar y que todo es posible. Incluso desandar el espacio y trucar el tiempo.


Don't ask me
I'm just improvising
My illusion of careless flight
Can't you see
My temperature's rising
I radiate more heat than light



Tags: espacios en blanco, rush, presto

Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

Todo es y será posible...

Incluso recorrer el espacio y revelarse contra el tiempo.

Incluso juntar los espacios y coincidir en el tiempo...

Publicado por Invitado
Martes, 13 de diciembre de 2011 | 17:21

Todo es y será posible sí...

Descubrir cómo acaba aquel día donde abrí La cuarentena de Le Clézio...

Y vivir de otra manera el espacio y el tiempo.

 

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 13 de diciembre de 2011 | 17:32