Mi?rcoles, 14 de diciembre de 2011

Llegué a Okkervil River a través de la banda sonora de Buscando un beso a medianoche. Hay películas y libros que no terminan en sí mismos, que te llevan a otras miradas, otras músicas, otras realidades, que son como las migas de pan de los cuentos infantiles.

Pienso en en las tres películas que me han descolocado este año, Beginners, Medianeras y El árbol de la vida, historias emotivas e intimistas y reflexivas, historias que me hicieron pasear en silencio por la ciudad, con una sonrisa o los ojos llorosos o la impresión de haber visto un caótico y hermoso poema visual.  

Beginners es una historia que te deja noqueado y sin aire, un puñado de personajes que sientes reales, cercanos, bajo tu piel. También es una historia de habitaciones y las formas que tenemos de vivir en ellas. Oliver acumula en su casa cajas de cartón con sus pertenencias, como si no pudiera asentarse en ninguna parte, en ninguna relación, y estuviera a punto de huir en cualquier momento. Parece perdido, extraño, cansado. Hal, su padre, ha transformado el endeble armazón del hogar familiar en un lugar donde vivir su amor, su homosexualidad, sin miedo ni trabas. Anna es una actriz que vive en una habitación de hotel y no contesta las llamadas de su padre. Los tres intentan aprender a salir adelante, abrir habitaciones que se comuniquen entre sí, que no sean temporalidad o mentira o algo ajeno a nosotros. Beginners me deja una historia de amor intensa, un hombre que no se resigna a sobrevivir en los últimos de su vida, unas imágenes que muestra cómo en ese proceso de cambio, de miedos e incertidumbres, se transforma tanto el lugar que habitamos como nosotros.




Medianeras habla de ciudades, del azar, de espacios que se evitan o confluyen en el tiempo, del amor y los miedos, de una ciudad caótica donde los edificios no casan entre sí, del primer plano de Pilar López de Ayala que busca a su Wally, de dos seres que viven sin saber del otro pero que se buscan sin saberlo. La historia de amor de Medianeras es emocionante, cómica, entrañable, el silencio y la voz en off, los dos personajes que se cruzan por una ciudad y yo que me preguntaba cómo se encuentra ese amor único entre tantos extraños. El azar y la magia. Es lo que me atrae de Medianeras, salir del cine con una sonrisa y los ojos llorosos sintiendo que todo es posible, que la magia existe.





Decía Carlos Boyero que El árbol de la vida es un poema visual. No hay una estructura clásica, una presentación, nudo y desenlace previsible, sino metáforas e ideas que se intuyen, que se desarrollan a lo largo de una película sin un orden temporal claro. La historia de un hombre que se ha perdido, que no entiende su presente, que intenta recuperar la esencia de quien fue, que recuerda su infancia y su familia, cómo bascula entre la severidad del padre y la bondad de la madre. Se suceden los planos poéticos, los movimientos extremos de cámara, travellings que siguen a los personajes de espaldas, que giran sobre los árboles y sobre la vida, que se detienen en el perfil de la madre o en la llama de una vela. La luz es un elemento importante en El árbol de la vida, la película se abre y se cierra con una pequeña llama y los personajes orbitan entre la luz y la sombra. Hay un momento donde Malick detiene la película para recrear el inicio del universo. Y es ahí donde sientes el abismo de todo lo que nos conforma, todo lo que llevamos dentro.




La magia del cine es la mirada, la elipsis, lo que se cuenta y lo que se intuye, el silencio en el momento adecuado y el gesto inesperado, la luz y la sombra en una pantalla, la sensación de estar fuera de tu mundo y dentro de otro inventado y, aún así, ver como tu propia vida se cuela en la ficción, o es la ficción la que recrea momentos precisos de tu vida. No hay cine sin un intercambio de miradas.



Our Life Is Not A Movie Or Maybe (Okkervil River)



It’s just a bad movie, where there’s no crying
handing the key to me in this Red Lion,
where the lock that you locked in the suite says there’s no prying.
When the breath that you breathed in the street screams there’s no science.
When you look how you looked then to me, then I cease lying and fall into silence.

It’s just a life story, so there’s no climax.
No more new territory, so pull away the imax.
In the slot that you sliced through the scene there was no shyness.
In the plot that you passed through your teeth there was no pity.
No fade in: film begins on a kid in the big city.
And no cut to a costly parade (that’s for him only!).
No dissolve to a sliver of grey (that’s his new lady!)
where she glows just like grain on the flickering pane of some great movie.

It’s just a house burning, but it’s not haunted.
It was your heart hurting, but not for too long, kid.
In the socket you spin from with ease there is no sticking.
From the speakers your fake masterpiece comes serenely dribbling.
When the air around your chair fills with heat, that’s the flames licking
beneath the clock on the clean mantelpiece. It’s got a calm clicking,
like a pro at his editing suite takes two weeks stitching up some bad movie.





Tags: Okkervil river, Beginners, Medianeras, El árbol de la vida

Publicado por elchicoanalogo @ 21:14  | Cine
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