Viernes, 16 de diciembre de 2011

Aún me sorprendo cuando descubro un nuevo autor. Siento que la literatura se acerca al infinito, que hay tantos mundos posibles como miradas, que se puede recrear y transformar el mundo a través de las palabras. Me gusta que me cuenten historias.

Margaret Atwood me habla con una voz cristalina, íntima e irónica sobre el mundo de la pareja y los (des)amores, las ilusiones perdidas y las decepciones, la rutina y la reflexión. Los cuentos de Érase una vez tienen el ritmo pausado y atento y la cadencia de la poesía, una frase que mira dentro y fuera del narrador, que se pregunta y se cuestiona por los caminos que ha tomado su vida, cómo se ha convertido en algo anodino o dónde quedó la pasión de un amor.

El libro empieza y termina con dos cuentos llenos de ironía, en el primero el muro de lo políticamente correcto como cortapisa para crear cuentos infantiles, el último se titula A favor de las mujeres tontas, el sarcasmo como forma en que se ve a las mujeres.

Cada cuento te envuelve y te descoloca. Se centran en acciones cotidianas, un viaje turístico de una pareja, la infancia lejana, una habitación con la ropa por el suelo, largos paseos en silencio. Atwood se detiene en ese momento donde todo parece haberse quedado quieto, donde las relaciones no tienen misterio ni sorpresas y ya no se viven sino se sobreviven, pura rutina y tedio. Escritura cristalina para crear imágenes grises, de quietud absoluta, de algo que se ha perdido en el camino, de derrumbes silenciosos.

Hay momentos de extraordinaria belleza, el regreso a los recuerdos de infancia en Betty y la mujer que da título al cuento, alguien que siempre pasa desapercibido, en un segundo plano, como si su voz nunca fuese tomada en cuenta; un viaje a la tumba de un poeta y un castillo semiderruido que parece la metáfora de la pareja protagonista; dos estudiantes que nunca arrancaron en su amor y el silencio tras una llamada telefónica. La cadencia de la poesía...

He descubierto el mundo de Margaret Atwood. En mi estantería de pendientes está El asesino ciego. Tengo ganas de más, volver al banco del parque de Doña Casilda y leer con el sol de otoño esquinado.



Ladeo la cabeza para mirarle. En lugar de resultarme una persona más familiar, como cabría esperar, en los últimos días me resulta más ajeno. Arrimado a mí, es territorio extraño, poros y pelo; pero no está más cerca, sino más lejano, como la luna cuando al fin alunizas. Me separo un poco para verle mejor. Él lo interpreta como que voy a levantarme y se estira para impedírmelo. Me besa, hundiendo sus dientes en mi labio inferior. Al notar que me duele demasiado, me aparto. Yacemos hombro con hombro, sufriendo ambos de amor no correspondido.
Esto es un intervalo, una tregua. Ambos sabemos que no puede durar, han surgido demasiadas diferencias (de opinión, las llamamos nosotros), pero ha sido algo más; lo que para él significa seguridad para mí significa peligro. Hemos hablado demasiado o no lo suficiente: para lo que tenemos que decirnos no hay lenguaje, lo hemos intentando todo. Pienso en las antiguas películas de ciencia ficción, en el ser de otra galaxia finalmente encontrado tras tantos años de señales y peripecias, para, en definitiva, destruirlo porque no logra hacerse entender. En realidad, más que de una tregua se trata de un descanso, esos silencios comediantes en blanco y negro que se pegan hasta desplomarse y que, tras una pausa, se levantan para emprenderla de nuevo a golpes. Nos amamos, eso es cierto, signifique lo que signifique, pero no nos amamos bien. Para algunos es un saber; para otros una adicción.

( … )

Si, como ha ocurrido varias veces, mi amor era correspondido, si se convertía en una cuestión de futuro, de adoptar una decisión que inevitablemente condujese a escuchar el zumbido de la maquinilla de afeitar del amado, mientras una porfiaba por desprender yema de huevo helada de su plato del desayuno, el pánico se apoderaba de mí. Mis investigaciones académicas me han familiarizado con el momento en que al más íntimo amigo, al compañero en quien mayor confianza se ha depositado, le crecen colmillos o se convierte en un murciélago. Ese momento era de esperar y no me inspiraba excesivo terror. Mucho más desconcertante me resultaba ese otro momento en el que se me cayese la venda de los ojos, y mi amor de entonces no se me revelase como un semidiós o un monstruo, impersonal e irresistible, sino como un ser humano. Lo que Psique vio con una vela no fue un dios alado, sino un joven con pecho de palomo y espinillas, y ésa fue la razón de que ella tardase tanto en hallar el camino que conducía al verdadero amor. Es más fácil amar a un demonio que a un hombre, aunque sea menos heroico.
Margaret Atwood
Érase una vez (traducción de Víctor Pozanco y Toni Hill. Lumen)


Tags: Margaret Atwood, Érase una vez, Víctor Pozanco, Toni Hill, Lumen

Publicado por elchicoanalogo @ 14:43  | Libros...
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Comentarios

Hola, quizás os interese saber que tenemos una colección que incluye el relato 'Death by Landscape' de Margaret Atwood en versión original conjuntamente con el relato 'The Progress of Love' de Alice Munro.

 

El formato de esta colección es innovador porque permite leer directamente la obra en inglés sin necesidad de usar el diccionario al integrarse un glosario en cada página.

 

Tenéis más info de este relato y de la colección Read&Listen en http://www.ponsidiomas.com/catalogo/alice-munro---margaret-atwood-.html

Publicado por Invitado
Viernes, 13 de enero de 2012 | 9:32

Fer, estoy ahora con el. Soy una incondicional de la Atwood, y su vision de la mujer siempre me sorprende y me resulta tremendamente  sugerente. 

Julia

Publicado por Invitado
Viernes, 17 de agosto de 2012 | 20:24

Los cuentos de Atowwod fueron una gran lectura, a veces irónica, a veces tierna, a veces dura, me gusta su voz, su inteligencia, su forma de escribir tan directa. A ver si me pongo con El asesino ciego, que lo tengo en las estanterías. Un abrazo, Julia

Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 17 de agosto de 2012 | 20:43

Soy una adicta a esta mujer, todo lo que leido me ha dejado en estado de shock,  El asesino ciego te encantara. 

Publicado por Julia
Domingo, 19 de agosto de 2012 | 13:16

Pues lo aparto de la estantería de pendientes para tenerlo a mano, los cuentos me dejaron muy buen sabor de boca. Un abrazo, Julia

Publicado por elchicoanalogo
Domingo, 19 de agosto de 2012 | 13:33