S?bado, 31 de diciembre de 2011

… entonces dejé los libros sobre la mesa de la cafetería, una pequeña torre formada por una autobiografía, un libro de viajes, una novela negra y los poemas de Isabel Bono. Pasaba de un libro a otro, leía páginas al azar, a veces la número noventa y nueve, como decía Maugahm, a veces el párrafo inicial, esa primera palabra que inicia un torrente y un viaje, una fuga hacia un destino difuso y lejano. Escoger párrafos aleatorios es una forma de sacar de contexto una historia y ver las piezas de un puzzle que ahora es desconocido pero que cobrarán sentido cuando cierre la última pagina.

Llegué a los poemas de Isabel Bono. Las palabras se desenrollaban de su libro Pan comido y parecían envolverme y jugar con mis entrañas, sentía que me encontraba ante una de las lecturas del próximo año, un libro que, creo, me dejará el corazón del revés y la mirada perdida y ampliada. Versos caóticos y heridas al descubierto, instantes detenidos y la pérdida, amores al extremo y pequeñas extinciones. Pequeñas piezas del puzzle cazadas al azar.

Las luces navideñas se encendieron fuera de la cafetería. La oleada azul y silenciosa de la gran vía y las sombras de los paseantes, la rapidez con que pasan las últimas horas de un año, como si tomasen una velocidad inverosímil y suicida. Dentro de mí, un caos y un laberinto, los recuerdos de este año y lo que está por llegar, los deseos de un abrazo y un viaje lejos, muy lejos para el  nuevo año y las imágenes como fotografías de lo vivido en los últimos meses (nota al margen: cómo fotografiar emociones, cómo elegir la palabra adecuada que describa un sentimiento, cómo hacer tangible un recuerdo que se modifica con el paso de los días).

Se sucedían los recuerdos, los espacios y tiempos divergentes y convergentes, las tardes de librerías, las lecturas en un parque, la luz a través de los ventanales de una cafetería, las meteduras de pata y las pequeñas victorias. Intenté fijar los recuerdos de este año. Entonces, aparecieron los días de manifestaciones y movilizaciones de inicios de año, una cuestión de dignidad y la convicción de que había que luchar aún anticipando la derrota; los viajes y otros trozos de cielo, las esperas y los cafés en los aeropuertos y estaciones de tren, las conversaciones y las habitaciones asépticas de hotel, las despedidas y estar en contenido en el otro, la luz gaditana y las sonrisas de Elche, el abrazo inesperado de Clara donde me convertí en refugio por una pequeña eternidad y una presentación literaria en un antiguo matadero que acabó con un cola-cao compartido a medianoche con Aurora, el espacio-tiempo colapsado y derruido, una plaza de toros reconvertida en un centro comercial donde se improvisan bailes y músicas y pasear bajo la lluvia solo e invisible, el horizonte en movimiento y yo libre; Lucia dentro de Diana y un puñados de tarde donde Arantza, Sergio, Diana, Carolina y yo retrocedimos media vida (exactamente media vida); los paseos improvisados con Iñaki, la mirada infinita de Blanca y los capones de Mariola; Verka en las calles de Bilbao, tomando fotos de las fachadas de los edificios y ayudándome a redescubrir la ciudad a través de su mirada; los diferentes matices de la voz de Gabriela a través del teléfono, la tristeza, la rabia o los susurros, cómo aún soy capaz de descubrir su estado de ánimo por la forma de decirme “hola”; un verano donde todo volvió a estar en su sitio antes de fracturarse de nuevo (pero eso es la vida, una montaña rusa); los silencios y mis errores, las noches de insomnio y los actos detenidos, la distancia que pongo con los demás y esos momentos donde necesito desaparecer de mí y ser transparente, como la imagen reflejada en un cristal.

Se acerca el final del año, las sensaciónes de frontera y nuevo inicio que aún mantengo dentro de mí, como si el domingo todo volviera a empezar y la expresión “última vez” se transformara en “primera vez” en un inusual juego de ilusionismo. No sé qué o quiénes están por llegar.

Salí a la calle, los libros en mi mano y el frío que salía de mi boca en minúsculas estelas de vapor. Un final es un inicio...


He de recordar aquí que nada de lo que cuente
ha de ser tenido en cuenta puesto que mis recuerdos
en el momento de ser vividos
ya estaban siendo falseados por mi propia imaginación.
Nunca creas una sola palabra.
No soy más que una mente colapsada
un cerebro comprimido
por tormentas y aguaceros que nunca tuvieron lugar.
Soy el historiador perfecto.
(Fragmento de Coloca un pájaro en la mesa y cierra las puertas, de Isabel Bono. En Pan comido. Bartleby editores).






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Al volver,
burocráticos hombres con cartera
descansan un momento.
Hay un rumor de luces suspendidas,
una dispersa claridad de voces,
y en la tarde se abren
los pájaros en fuga,
el coro de las madres y de las bicicletas,
un músico ambulante.
La vida rutinaria es esta mansedumbre
de gente que se llama, se besa, se despide,
mientras el sol incendia las fachadas
y se apaga en el agua de la fuente,
en la botella del mendigo.

Está la plaza llena todavía.
Desde el balcón, sentado con un libro,
comparto en soledad la jubilosa
caída de la tarde.
Después habrá un misterio en cada esquina,
un silencio de tilos y de sombras.
Descenderá la noche
saltando como un gato de ojos brillantísimos
y por el decorado de la plaza,
lejos ya del rumor de los talleres,
veré cruzar extrañas siluetas,
un loco en su caballo,
un monarca asesino,
una mujer adúltera de sueños descompuestos,
el sabio que ha vendido su alma, detectives
cargados de derrota,
piratas infernales
y también
burocráticos seres con cartera
que esconden en su vida rutinaria
un estrangulador,
un resistente
de guerras y ciudades sometidas
o tal vez un poeta.

En mitad de la plaza hay alguien que se vuelve
y levanta los ojos
para buscar la luz en mi ventana,
el faro de la noche y sus fantasmas.
Luis García Montero
El lector (en Habitaciones separadas. Visor libros)


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Publicado por elchicoanalogo @ 19:59  | Poes?a
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Hay tres libros que me dejaron una sensación de plenitud y, también, tristeza. Pienso en Bolaño, Kawakami y Kristof e intento imaginar un punto donde se crucen sus diferentes concepciones del mundo, la intensidad y los arrebatos de Bolaño con la crueldad y la austeridad de Kristof y la delicadeza y el amor sutil de Kawakami. Tres formas diferentes de ver el mundo, tres libros que me dejaron del revés y se quedaron dentro de mí.

2666 de Roberto Bolaño fue una lectura febril e intensa, una aventura que empieza con un pequeño paso y se desborda en docenas de historias inusuales que transcurren en tiempos y espacios distantes entre sí, un continuo cruce de caminos, la sombra de Traven y Cortázar, los crímenes de Ciudad Juárez, la segunda guerra mundial en el frente ruso, los amores cruzados entre cuatro filólogos, las digresiones melvillianas y la sensación de que todo tenía cabida en 2666. Cuando acabé el libro sentí que había terminado con el mundo de Bolaño, al igual que había cerrado mi época de Carver. Los poemas de Los perros románticos, locos, arrebatados, rabiosos, me devolvieron el interés y la curiosidad por el escritor chileno.

Llegué a Claus y Lucas a través de una recomendación de Aurora, sus palabras cuidadas y acertadas sobre la forma desnuda y austera de escribir de Kristof despertaron mi curiosidad. Me gusta cuando otra persona me descubre un libro y un escritor, es una forma de unir su recuerdo a la recomendación dada. Agota Kristof escribe en Claus y Lucas una historia cruel, sin efectismos, con una desnudez extrema, desértica, un libro magnético que llega y golpea las entrañas.

La sorpresa lectora de este año es para El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami escribe una sutil y delicada historia de amor, un par de supervivientes que se encuentran por azar, y en ese encuentro un inesperado amor. Las tabernas y los platos de comida, las conversaciones pausadas y una emoción que crece de a poco, las diferentes soledades y dos personajes que orbitan alrededor del otro. El tono de Kawakami se acerca a la poesía, al susurro, pequeños reflejos difusos que van tomando forma poco a poco.

Otros libros. Los cuentos minimalistas y oscuros de Askildsen y los cristalinos y reflexivos de Margaret Atwood; las imágenes poéticas que Kawabata desarrolla en delicadas pinceladas en Mil grullas y la emocionante confesión de la protagonista de Veinticuatro horas en la vida de una mujer de Zweig; la intensidad de Mailer en Los desnudos y los muertos y los poemas de Carver en Bajo una luz marina; el misterio y la aventura clásicas de La mujer de blanco de Collins y la locura e ironía de los mundos imposibles de Philip K. Dick en Los clanes de las lunas Alfana y Kurt Vonnegut en Galápagos; la ternura y humor de Aramburu en Viajes con Clara por Alemania y la nostalgia de Beatles de Lars Saabye Christensen...

Ha sido un buen año lector.


2666 - Roberto Bolaño
Kitchen - Banana Yoshimoto
Claus y Lucas - Agota Kristof
El mapa del tiempo - Félix J. Palma
Mendel el de los libros - Stefan Zweig
El mayorazgo - E. T. A. Hoffman
El mar de todos los muertos - Javier Argüello
Bajo una luz marina - Raymond Carver
Mil grullas - Yasunari Kawabata
El cielo es azul, la tierra blanca - Hiromi Kawakami
Emaús - Alessandro Baricco
Algo que brilla como el mar - Hiromi Kawakami
Kanikosen. El pesquero - Takiji Kobayashi
El hombre que plantaba árboles - Jean Giono
La nave de los muertos - B. Traven
La llave de niebla - Guadalupe Grande
La mujer de blanco - Wilkie Collins
Suicidios ejemplares - Enrique Vila-Matas
Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Márquez
¡Indignaos! - Stéphane Hessel
El otro mundo - Hilario J. Rodríguez
El llano en llamas - Juan Rulfo
Un sendero nuevo a la cascada. Últimos poemas - Raymond Carver
Historias de la palma de la mano - Yasunari Kawabata
El día de la ballena - Nieves Vázquez
Los desnudos y los muertos - Norman Mailer
Recuerdos de un callejón sin salida - Banana Yoshimoto
Veinticuatro horas en la vida de una mujer - Stefan Zweig
Signatura 400 - Sophie Divry
El fondo del cielo - Rodrigo Fresán
Las cosas que llevaban los hombres que lucharon - Tim O’Brien
La herencia de Eszter - Sándor Márai
El día de los trífidos - John Wyndham
El club de la lucha - Chuck Palahniuk
Una mujer en Berlín - Anónima
El amante de los caballos - Tess Gallagher
La comedia humana - William Saroyan
Los perros románticos. Poemas 1980-1998 - Roberto Bolaño
Viajes por el Scriptorium - Paul Auster
¡Todo importa! - Ron Currie
Hombres salmonela en el planeta porno - Yasutaka Tsutsui
Los clanes de la luna Alfana - Philip K. Dick
Viaje con Clara por Alemania - Fernando Aramburu
Tres - Roberto Bolaño
Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce - Roberto Bolaño y A. G. Porta
La nieta del señor Lihn - Philippe Claudel
Hiroshima - John Hersey
La pista de hielo - Roberto Bolaño
N. P. - Banana Yoshimoto
Nada del otro mundo - Antonio Moñoz Molina
Galápagos - Kurt Vonnegut
El humo de Birkenau - Liana Millu
Beatles - Lars Saabye Christensen
Abandonarse a la pasión - Hiromi Kawakami
Todo como antes - Kjell Askildsen
Contra el viento del norte - Daniel Glattauer
Érase una vez - Margaret Atwood
Cada siete olas - Daniel Glattauer





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Cuando por primera vez vi la nieve cubrir el aire 
con la delicada huella de sus casos, me dije que nunca
viviría donde no nevase, y cuando 
el primer hombre se abrió camino dentro de mí, 
rasgando el pasadizo, 
y llegó hasta el pequeño cuarto, y descorrió la 
cortina para que yo entrara, supe que nunca más podría 
vivir lejos de ellos, 
de la extraña raza de grandes 
cascos ensangrentados. Hoy nos tendimos en nuestra 
pequeña alcoba, de oro oscuro
erizada de nieve, y mientras del cielo cayeron
delicadamente los copos
entraste en mí, apartando
la cortina, revelando el pequeño cuarto
de oro oscuro erizado de nieve
donde nos tendimos, y donde entraste en mí y
apartaste la cortina, revelando
el pequeño cuarto, de oro oscuro
erizado de nieve, donde nos tendimos
Sharon Olds
Dicha infinita (en Satán dice. Traducción de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria. Ediciones Igitur)




Infinite Bliss

I first saw snow cover the air
with its delicate hoofprints, I said I would never
live where it did not snow, and when
the first man tore his way into me,
and tore up the passageway,
and came to the small room, and pulled the
curtain aside that I might enter, I knew I could
never live apart from them
again, the strange race with their massive
bloodied hooves. Today we lay in our
small bedroom, dark gold with
reflected snow, and while the flakes climbed
delicately down the sky, you
came into me, pressing aside
the curtain, revealing the small room,
dark gold with reflected snow,
where we lay, and where you entered me and
pressed the curtain aside, revealing
the small room, dark gold with
reflected snow, where we lay.


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Publicado por elchicoanalogo @ 0:37  | Poes?a
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Viernes, 30 de diciembre de 2011

Llamas a mis relatos margaritadas y pronuncias sílaba a sílaba con una sonrisa. A veces me preguntas qué hay de verdad en lo que escribo, si cada palabra es real y existe aquella mendiga que me dio un beso magma en la mejilla, una imagen que has guardado y modificado en tu memoria. Te respondo que no sé inventar situaciones o personajes, que todo lo escrito es un recuerdo, un cruce de miradas, el azar a la deriva y mi forma de sacar fotografías desde que cambié la imagen por la palabra. Sonríes, y no sabes si creerme. Entonces, te cuento una pequeña historia.

Hace tiempo escribí el encuentro entre una mujer y una estrella solitaria. La mujer pasaba por una ruptura amorosa y no conseguía emerger a la superficie ni agarrarse a algún resto del naufragio para llegar a una playa salvadora como en aquellas historias de Dafoe o Swift. Pasaba las noches insomne, escarbaba en sus recuerdos e intentaba encontrar la primera huella de la fractura. En una de esas noches de dudas y preguntas descubrió una luz de luciérnaga en la oscuridad, una estrella solitaria entre el caos de su cielo de ciudad. Y se sintió acompañada y protegida por esa única luz que brillaba y viajaba desde el pasado, una luz que brillaba por ella, que nadie más podía ver, que iluminaba un camino que hasta entonces había estado oculto entre cicatrices y lágrimas.

La mujer vivía en una montaña rusa emocional, no acababa de encontrar la estabilidad, un asidero, un momento de descanso. El desamor es desgarrador. A veces buscaba la luz de la estrella en su corazón para calmar la herida y sentirse contenida. Le puso un nombre, Marina, y la elección de ese nombre esconde una historia que sólo ella puede contar. Aquel gesto de levantar la mirada y descubrir una débil luz le recordó que la magia existía, sólo había que tener los ojos abiertos y atentos.

Marina cuidaba de la mujer en su distancia de estrella, mujer y estrella pequeñitos haces de luz que se buscaban y que existían para la otra. La estrella necesitaba alguien que la confirmase y supiera valorar su viaje a través del espacio y el tiempo y la mujer la promesa de un cambio y dejar de ser un cristalito. Los cambios llegaron de a poco, un nuevo trabajo y viajes a otros cielos y libros y carreras bajo la lluvia. Pero la mujer no llegaba a emerger del todo, la herida se reabría una y otra vez y dejaba al desnudo la estela de soledad y vacío que queda tras una ruptura.

Cuando todo parecía perdido, Marina se inventó un truco de prestidigitador. Creó un reflejo en el cielo de ciudad de la mujer. De repente, la mujer veía dos luces de luciérnaga, dos estrellas en un cielo que hasta entonces sólo había tenido una pequeña luz. Marina estaba anticipando un cruce de caminos, y en ese cruce, el final de una herida abierta y el inicio de una posibilidad. La mujer sintió vértigo. Porque los cruces inesperados son aventura y locura y desbordamiento. Pura magia.

Me miras y me dices que te acabo de contar uno de esos cuentos que invento para que se duerma mi sobrino. Tal vez.


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Mi?rcoles, 28 de diciembre de 2011

¿Qué hacer con los recuerdos? Confundir seres, lugares, caricias. Cruzar todo el océano para llegar a este parque que queda a una cuadra de casa
    Primavera en cualquier calle. Rue Bonaparte, el viejo taxímetro amarillo al centro de la calzada desierta. El sol informe como una mancha en un cuadro, los árboles apenas delineados, el aire ralo, las gentes siempre alejándose
    La tierra gira, la luz vuelve a alcanzarnos. El día es esa puerta abierta sobre la calle. Via dei Bardi, más allá del río enjoyado y caliente. Ropa recién lavada, tendida en el cielo de Florencia
    El cielo es siempre el mismo: desierto, a oscuras, deslumbrante. Cielo amarillo de Lima, balcón de cenizas, muladar de astros
  ¿Qué camino escoger que no nos obligue a cerrar el círculo, a estrecharlo; a ser uno mismo toda la oscuridad y el temor de esa calle desconocida; el absurdo de reconocerse inclinado sobre esa fuente que nos devora y devuelve, máquina de sueños, la misma imagen sin párpados, sin reposo?
   Tal vez no salga al encuentro una plaza, una tregua, un cielo humano de hojas, humo, voces.
   Sentimos algo dentro y algo en torno y todo lo que fuimos y seremos por un instante cabe en nuestros labios, bocado de ceniza que ilumina, gusto de tierra amargamente viva, quemadura de sal del mar en que se nace.
   Todo cabe en dos ojos deslumbrados, todo el color en un violento despertar en una plaza, a solas.
Blanca Varela
Canto en Ithaca (en Donde todo termina abre las alas, poesía reunida. Galaxia Gutenberg)


Tags: Blanca Varela, Canto en Ithaca, poesía reunida, Luz de día, Galaxia Gutenberg

Publicado por elchicoanalogo @ 19:51  | Poes?a
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Recuerdo que sonreí al terminar de leer “El hombre que plantaba árboles” de Jean Giono, una fábula donde un pequeño gesto convierte un paisaje desértico en un bosque renacido. Era una historia entrañable, una manera casi mágica de mostrar cómo cualquier cambio o nuevo camino empieza con un modesto y sencillo primer paso.

Hace unos días recibí un correo de geniale.es donde me invitaban a unirme a la iniciativa "mi blog es de carbono neutral". En el correo explican su proyecto: Impulsada bajo el slogan "¿Quiéres plantar un árbol de forma gratuíta y así anular las emisiones de dióxido de carbono generada por tus blogs?", nuestro proyecto tiene como fín contrarrestar las emisiones de dióxido de carbono generadas por un ordenador, ofreciéndole a cada blog la posibilidad de sumarse a la iniciativa plantando un árbol de forma totalmente gratuíta y convirtiendo así su blog en un Blog Impacto Cero. El proyecto, "Mi blog es de Impacto Cero", ha sido desarrollado por Geniale.es en colaboración con www.iplantatree.org, una organización ecológica sin ánimo de lucro que en los últimos dos años ha plantado más de 68.000 árboles.

La propuesta de Geniale.es parece interesante y diferente, plantar un árbol para contrarrestar las emisiones de dióxido de carbono que produce un blog.

¿Cómo puede un árbol anular la producción de dióxido de carbono de tu blog?
¿Cuanto CO2 produce mi blog? Según el Dr. Alexander Wissner-Gross, un activista del medio ambiente y físico de Harvard, un sitio web produce un promedio de 0,02 gramos de CO2 por cada visita. Calculando 15.000 visitas de páginas al mes, esto se traduce en 3,6 kg de CO2 al año. Esta producción está principalmente vinculada a la operación de los servidores. 
¿Cuánto CO2 es absorbido por un árbol? Depende de muchos factores, pero la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) estima que un árbol absorbe cada año una media de 10 kg de CO2. Consideramos cuidadosamente 5 kg al año por cada árbol.
Un árbol acera las emisiones de dióxido de carbono de tu blog, por un tiempo correspondiente a 50 años. Desde el calcúlo indicado arriba se puede ver como tu blog produce por lo menos 3,6 kg de C02 al año mientras que un árbol anula 5 kg de CO2 en un año. Si nos ayudas a plantar uno, puedes seguir escribiendo tu blog por 50 años más.

Quien esté interesado sólo tiene que pinchar la imagen de abajo o seguir el siguiente enlace: http://www.geniale.es/co2neutral/planta-un-arbol

 

 

 


Publicado por elchicoanalogo @ 18:07  | Notas de prensa
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Domingo, 25 de diciembre de 2011

Discópolis iniciaba mis fines de semana con canciones y grupos desconocidos, la primera hora del programa dedicada a la música étnica y la segunda al rock progresivo. Era la época del instituto, pasillos de ladrillo rojo, el humo de los cigarros en el descansillo, los discos de Metallica, Steve Vai o Van Halen, la sensación de incertidumbre, de algo que estaba por concretarse y el futuro lejos, muy lejos.

El programa de José Miguel López supuso el inicio de una ruptura y un avance, una mirada cambiada y ampliada, la música como un territorio a explorar. De repente tuve ante mí otras músicas, otras formas de expresión, ritmos africanos o finlandeses que me llevaban a nuevos mundos y ensoñaciones y, sobre todo, las largas composiciones del rock progresivo donde los músicos investigaban hasta dónde podían llegar. Ahí descubrí a King Crimson. Fue un shock.

Recuerdo que me pasaba por la tienda de discos antes de entrar al cine. Escogía alguno de los discos de King Crimson que había en las estanterías y leía las letras y qué músicos participaban antes de que se iniciase la película. Llegaba a casa con las ganas de dedicarle horas al disco elegido, a dejarme llevar por las improvisaciones de Starless and Bible Back, el aire jazz de Lizard, la disciplina y el caos unidos en Discipline. Aún no había nacido el doble trío del que derivarían las pequeñas unidades móviles de los projeKcts a finales de los noventa, pura improvisación y locura.

Islands supuso una sorpresa, el disco más poético de King Crimson, por momentos jazz, pop o psicodélico, por momentos música de cámara, la sensación de melancolía y de que cualquier música era posible.



Islands (King Crimson)



Earth, stream and tree encircled by sea
Waves sweep the sand from my island.
My sunsets fade.
Field and glade wait only for rain
Grain after grain love erodes my
High weathered walls which fend off the tide
Cradle the wind
to my island.

Gaunt granite climbs where gulls wheel and glide
Mournfully glide o'er my island.
My dawn bride's veil, damp and pale,
Dissolves in the sun.
Love's web is spun -
cats prowl, mice run
Wreathe snatch-hand briars where owls know my eyes
Violet skies
Touch my island,
Touch me.

Beneath the wind turned wave
Infinite peace
Islands join hands
'Neathe heaven's sea.

Dark harbour quays like fingers of stone
Hungrily reach from my island.
Clutch sailor's words - pearls and gourds
Are strewn on my shore.
Equal in love, bound in circles.
Earth, stream and tree return to the sea
Waves sweep sand from my island,
from me.



Tags: Islands, King Crimson, Discopolis, Jose Miguel Lopez

Publicado por elchicoanalogo @ 20:10  | Canciones
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S?bado, 24 de diciembre de 2011

Recuerdo las navidades de mi infancia a través del cine, dos semanas de películas, de una luz blanquecina en la oscuridad y el silencio tras el the end, una especie de frontera que me hacía soñar con lo que pasaba tras la última imagen, un beso, una despedida, un vaquero cabalgando hacia el horizonte, un fundido a negro como un final abierto que iniciaba otra historia.

Me gustaban las películas de aventuras, la carrera de barcos entre el hombre de Boston y el portugués en El mundo en sus manos, los piratas aventureros y socarrones de El temible burlón, el desastre de la caballería en Fort Apache, la invasión extraterrestre de Invasores de Marte. La navidad era una sucesión de imágenes y de historias inalcanzables que intentábamos recrear en los parques de juegos, la vida como misterio, como una gran aventura donde todo era posible, la mayor hazaña y la muerte a cámara lenta en un gesto amplificado y teatral. Cuánto nos gustaba recrearnos en ese último gesto, el dramatismo en nuestra cara, la caída a trompicones, la respiración entrecortada y la mirada perdida en el cielo, la sensación de haber dado la vida por la mejor de las causas. Héroes en la memoria y si la leyenda supera la realidad, publica la leyenda.

Hay películas que veo cada navidad, la única tradición de estas fechas que me gusta mantener y una forma de entrar y salir de la vida en unos días que siento excesivos. Entonces, desempolvo 2001: una odisea espacial, el poema matemático de Kubrick, un viaje más allá del espacio y el tiempo; la locura imparable de La fiera de mi niña y Cary Grant que se deja llevar por el caos; la aventura por la aventura y las batallas navales de El hidalgo de los mares. Y, sobre todo, El apartamento, un ascensor en un edificio de oficinas, un espejo roto, un bombín ridículo, un solitario que presta su apartamento para medrar en la empresa, una ascensorista soñadora y crédula, una historia de amor inesperada y uno de los finales más emocionantes e inteligentes que recuerde.

Creo que El apartamento de Billy Wilder es una buena forma de desear una feliz navidad y un próspero año nuevo. Zorionak esta urte berri on!




Tags: el apartamento, billy wilder

Publicado por elchicoanalogo @ 0:03  | Festividades
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Viernes, 23 de diciembre de 2011

Muy sencillo. Saliste y cerraste la puerta  
sin pensarlo. Y cuando te das cuenta de  
lo que has hecho es demasiado tarde.  
Si esto suena como la historia de una vida, estupendo.  

Llovía. Los vecinos que tenían
una llave no estaban. Intenté y volví a intentar
abrir las ventanas. Miré hacia adentro,
al sofá, las plantas, la mesa
y las sillas, el estéreo.
La taza de café y el cenicero me esperaban
en la mesa de cristal, y mi corazón
iba a ellos. Dije: Hola, amigos,
o algo parecido. Después de todo,
no estaba tan mal.
Peores cosas habían pasado. Ésta
incluso era un tanto divertida. Encontré la escalera.
La cogí y la apoyé contra la casa,
Luego trepé bajo la lluvia a la terraza,
balancéandome sobre la barandilla
y probé la puerta. Que estaba cerrada,
claro. Pero de todos modos miré dentro.
Mi mesa, algunos papeles, y mi silla.
Era por la ventana del otro lado
de la mesa por donde miraba
cuando me sentaba a aquella mesa.
Esto no es como abajo -pensé.
Esto es otra cosa.
Y había algo que mirar, nunca visto,
desde la terraza. Estar allí, dentro, y no estar allí,
ni siquiera pienso en cómo puedo hablar de eso.
Pegué la cara al cristal
y me imaginé allí dentro
sentado a la mesa. Alzando la vista
de mi trabajo de cuando en cuando.
Pensando en otro sitio
y otra época.
En las personas a las que entonces quería.

Me quedé allí durante un momento bajo la lluvia.
Considerándome el más afortunado de los hombres.
Incluso cuando me atravesó una oleada de pena.
Incluso cuando me sentí violentamente avergonzado
por lo que iba a hacer.
Rompí aquella hermosa ventana.
Y entré.
Raymond Carver
Cierras la puerta por fuera luego tratas de entrar (en Bajo una luz marina. Traducción Mariano Antolín Rato. Visor)


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Publicado por elchicoanalogo @ 9:15  | Raymond Carver
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Jueves, 22 de diciembre de 2011

Hace años busqué mi nombre tallado en una antigua puerta de madera. Había regresado a un punto de mi pasado tras años de ausencia. Fueron unos días extraños, entre dos tiempos, cada paso me descubría los cambios en las casas y en las caras y me traía recuerdos olvidados. En cierta forma me sentí como un fantasma, como una sombra transparente, miradas que intentaban ubicarme en la memoria, darme una forma y un nombre. Porque cuando no tienes un nombre, cuando nada te define, eres inasible, pura abstracción...

Ella talló nuestro nombre dentro de un corazón, los unió en el espacio y en el tiempo en la puerta de madera de un cobertizo. La primera vez que vi aquel corazón pensé que nada borraría nuestros nombre, que aquel símbolo quedaría grabado por siempre, como la eternidad. Aún creía en los sueños, la máquina del tiempo y Tom Sawyer, los horizontes sin límite de las películas del oeste y la vida como un lugar donde todo era posible, sin miedos ni heridas. La puerta se transformó en un pequeño altar, en un secreto susurrado.

Recuerdo que me gustaba sentarme en el camino y ver la estela de tierra que dejaban tras de sí los tractores y los coches, sentía que en aquella estela que borraba el mundo por unos minutos había aventura y misterio, un truco de magia imposible de descubrir. A veces entraba en los campos de maíz para perderme entre los largos tallos o andaba por los límites del bosque para escuchar el viento más puro y brillante mientras mi corazón amplificaba cada ruido y me hacía creer en aparecidos, la santa campaña o las meigas. Por la noche me tumbaba en la hierba para sentir el movimiento del universo sobre mi cabeza, el sonido de una maquinaria lenta y traviesa, alguna estrella fugaz (algún sueño fugaz), la sensación de infinitud, la luz blanquecina de la luna sobre los montes y la imagen del corazón tallado y los dos nombres unidos dentro de él. No conseguía enfocar la realidad, se unían los nervios y la incredulidad: está pasando..., me está pasando.

Salí de casa con paso tranquilo. Era una sombra, un hombre adulto, alguien que regresa tras años de ausencia, con miedos y heridas que restañar. El camino ya no era de tierra, estaba asfaltado y había farolas cada pocos metros. Pero seguían los campos y el bosque como última frontera conocida. El cobertizo estaba en una curva del camino, frente a la casa de la costurera. Me acercaba a la puerta y aparecieron pequeñas fotografías, la tarde sentados en el tejado de la ermita y los cruces mudos de miradas, las sonrisas tímidas y el sonido del río al atardecer.

Podría escribir que encontré nuestro corazón en la puerta y que pasé los dedos por nuestros nombres y que volví a verla. Sería un buen final para un cuento (si esto fuese un cuento).


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Entre los correos que recibo de distintas editoriales resalto Pan Comido, de Isabel Bono. Leo la información sobre su poemario y sé que la próxima vez que entre en una librería acabaré con él en las manos.


Isabel Bono (Málaga, 1964), ha publicado los libros de poesía Señales de vida (1999), Los días felices (2003), La espuma de las noches (2006), Entre caimanes (2006), Mi padre (2008), Días impares (2008), Poemas reunidos Geyper (2009), Ahora (2010), Maomegean (2010) y Algo de invierno (2011). Ha sido incluida, entre otras, en las antologías: 23 pandoras (2009), La manera de recogerse el pelo: Generación Blogger (2010), Y habré vivido: poesía andaluza contemporánea (2011). Colabora en la revista Manual de uso cultural desde el nº3. Gestiona sus propios blogs:
bkbono.blogspot.com,
hojassecasmojadas.blogspot.com
laespumadelasnoches.blogspot.com

Más sobre el libro:

Isabel Bono es una poeta distinta, especial, un poco poeta de culto y otro poco personaje de su propia obra, alguien capaz de llevar adelante cinco blogs (dos de ellos a diario), de comer frente a un teclado pipas de calabaza a la vez que habla muy seriamente de Samuel Beckett junto a un erizo de juguete. Les resultará fácil enamorarse de Pan Comido, ¿a quién no le habría gustado tener un gato llamado Galileo?, ¿quién de nosotros no ha amado hasta un lugar estúpido? Lo críptico, lo surrealista es tan sólo una adivinanza muy sencilla: Pan comido es sencillamente un libro de amor (complicadamente un libro de amor). Un libro de amor, si se quiere, a la poesía y a su mecánica cuántica. Pero el amor es sólo un paisaje, una excusa para que Isabel nos muestre un universo que sorprende más en el cómo, que en el qué. Gestos heroicos, trabajo de herrero con una sintaxis maleable. Juan Pardo Vidal

1ª Edición
978-84-92799-27-5
PVP: 9 €
Año de publicación: 2011
82 páginas

 

 


Tags: Pan comido, Isabel Bono, Bartleby editores

Publicado por elchicoanalogo @ 0:01  | Notas de prensa
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Mi?rcoles, 21 de diciembre de 2011

Leía Érase una vez en el parque, acomodaba mi voz al ritmo pausado de los cuentos de Atwood y construía imágenes de infancias, jardines, casas y abandonos. A veces el sonido de unos pasos me hacía levantar la vista, y en ese camino de las hojas a la realidad: la estela blanca del libro que irrumpía en la realidad, la sensación de estar entre dos dimensiones, de empujar a los personajes fuera del libro y encontrarlos en una mujer de melena rizada, una anciana que caminaba con andador o un adolescente que esperaba sentado en un banco cercano.

Volví al libro, sentía su cuerpo entre mis manos, las palabras que se convertían en imágenes, el mundo exterior que entraba a trompicones en los cuentos. Sonreí por sentirme desubicado, dentro y, también, fuera del mundo, en una tierra de nadie. Ahora Érase una vez pertenece a otra biblioteca, la tercera que encuentra, tal vez la definitiva, quién sabe. Como libro contiene media docena de historias de Atwood, como objeto guarda la suya propia, la convergencia del espacio y el tiempo en un punto. Su mirada.

Es extraño ese momento de transición entre la lectura y la vida, cuando cierras la última página y descubres el mundo circundante transformado, ya no te encuentras en el mismo lugar, dentro de ti te habitan otras palabras e imágenes que cambian tu mirada. Sales tambaleante del parque y tienes que detenerte porque, en un golpe de viento, las hojas se desprenden con fuerza de los árboles de la gran vía, una coreografía caótica que te recuerda a una gran nevada, tú en medio de las simétricas hojas otoñales y regresas a los campos de caña de azúcar y su nevada negra, o aquellas nevadas reales donde te desplomabas sobre la nieve y los copos caían sobre tu cara de forma lenta, tapando tus gafas y tú que te sentías un explorador perdido en la Antártida. Ya no sabes si eres real, si las hojas que vuelan alrededor de ti son hojas o la idea de algo nuevo y fugaz. Te agarras al libro como único punto de apoyo de la realidad.

Dos días después alargué el libro de Atwood hacia ti. No sabía qué decir, qué palabras sacar, nunca ensayo discursos, me cuesta mostrarme y descubrir quién soy, los naufragios y las derrotas, las locuras y los inicios en la otra punta del mundo, las palabras escritas y mis silencios, los miedos y saberme incompleto, los recuerdos de docenas de trozos de cielo donde busco la misma estrella, los momentos de lucidez y los sueños, las palabras que me habitan y un horizonte de sucesos. En una estación de metro y el espacio y el tiempo recuperaron su forma original pero, por una pequeña eternidad, se unieron en los límites de tu mirada.



Tags: espacios en blanco

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S?bado, 17 de diciembre de 2011

Esta mañana descubrí el poema Cine mudo de Fina García Marruz en un suplemento literario. La ventana de la cafetería, los últimos momentos de oscuridad, el viento y la lluvia y yo descolocado por un puñado de palabras que transformaron mi mirada gris.

No es que le falte
el sonido,
es que tiene
el silencio.
Fina García Marruz
Cine mudo (Antología poética. Tierra Firme)


Tags: Cine mudo, Fina García Marruz, Antología poética

Publicado por elchicoanalogo @ 11:44  | Poes?a
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Viernes, 16 de diciembre de 2011

Aún me sorprendo cuando descubro un nuevo autor. Siento que la literatura se acerca al infinito, que hay tantos mundos posibles como miradas, que se puede recrear y transformar el mundo a través de las palabras. Me gusta que me cuenten historias.

Margaret Atwood me habla con una voz cristalina, íntima e irónica sobre el mundo de la pareja y los (des)amores, las ilusiones perdidas y las decepciones, la rutina y la reflexión. Los cuentos de Érase una vez tienen el ritmo pausado y atento y la cadencia de la poesía, una frase que mira dentro y fuera del narrador, que se pregunta y se cuestiona por los caminos que ha tomado su vida, cómo se ha convertido en algo anodino o dónde quedó la pasión de un amor.

El libro empieza y termina con dos cuentos llenos de ironía, en el primero el muro de lo políticamente correcto como cortapisa para crear cuentos infantiles, el último se titula A favor de las mujeres tontas, el sarcasmo como forma en que se ve a las mujeres.

Cada cuento te envuelve y te descoloca. Se centran en acciones cotidianas, un viaje turístico de una pareja, la infancia lejana, una habitación con la ropa por el suelo, largos paseos en silencio. Atwood se detiene en ese momento donde todo parece haberse quedado quieto, donde las relaciones no tienen misterio ni sorpresas y ya no se viven sino se sobreviven, pura rutina y tedio. Escritura cristalina para crear imágenes grises, de quietud absoluta, de algo que se ha perdido en el camino, de derrumbes silenciosos.

Hay momentos de extraordinaria belleza, el regreso a los recuerdos de infancia en Betty y la mujer que da título al cuento, alguien que siempre pasa desapercibido, en un segundo plano, como si su voz nunca fuese tomada en cuenta; un viaje a la tumba de un poeta y un castillo semiderruido que parece la metáfora de la pareja protagonista; dos estudiantes que nunca arrancaron en su amor y el silencio tras una llamada telefónica. La cadencia de la poesía...

He descubierto el mundo de Margaret Atwood. En mi estantería de pendientes está El asesino ciego. Tengo ganas de más, volver al banco del parque de Doña Casilda y leer con el sol de otoño esquinado.



Ladeo la cabeza para mirarle. En lugar de resultarme una persona más familiar, como cabría esperar, en los últimos días me resulta más ajeno. Arrimado a mí, es territorio extraño, poros y pelo; pero no está más cerca, sino más lejano, como la luna cuando al fin alunizas. Me separo un poco para verle mejor. Él lo interpreta como que voy a levantarme y se estira para impedírmelo. Me besa, hundiendo sus dientes en mi labio inferior. Al notar que me duele demasiado, me aparto. Yacemos hombro con hombro, sufriendo ambos de amor no correspondido.
Esto es un intervalo, una tregua. Ambos sabemos que no puede durar, han surgido demasiadas diferencias (de opinión, las llamamos nosotros), pero ha sido algo más; lo que para él significa seguridad para mí significa peligro. Hemos hablado demasiado o no lo suficiente: para lo que tenemos que decirnos no hay lenguaje, lo hemos intentando todo. Pienso en las antiguas películas de ciencia ficción, en el ser de otra galaxia finalmente encontrado tras tantos años de señales y peripecias, para, en definitiva, destruirlo porque no logra hacerse entender. En realidad, más que de una tregua se trata de un descanso, esos silencios comediantes en blanco y negro que se pegan hasta desplomarse y que, tras una pausa, se levantan para emprenderla de nuevo a golpes. Nos amamos, eso es cierto, signifique lo que signifique, pero no nos amamos bien. Para algunos es un saber; para otros una adicción.

( … )

Si, como ha ocurrido varias veces, mi amor era correspondido, si se convertía en una cuestión de futuro, de adoptar una decisión que inevitablemente condujese a escuchar el zumbido de la maquinilla de afeitar del amado, mientras una porfiaba por desprender yema de huevo helada de su plato del desayuno, el pánico se apoderaba de mí. Mis investigaciones académicas me han familiarizado con el momento en que al más íntimo amigo, al compañero en quien mayor confianza se ha depositado, le crecen colmillos o se convierte en un murciélago. Ese momento era de esperar y no me inspiraba excesivo terror. Mucho más desconcertante me resultaba ese otro momento en el que se me cayese la venda de los ojos, y mi amor de entonces no se me revelase como un semidiós o un monstruo, impersonal e irresistible, sino como un ser humano. Lo que Psique vio con una vela no fue un dios alado, sino un joven con pecho de palomo y espinillas, y ésa fue la razón de que ella tardase tanto en hallar el camino que conducía al verdadero amor. Es más fácil amar a un demonio que a un hombre, aunque sea menos heroico.
Margaret Atwood
Érase una vez (traducción de Víctor Pozanco y Toni Hill. Lumen)


Tags: Margaret Atwood, Érase una vez, Víctor Pozanco, Toni Hill, Lumen

Publicado por elchicoanalogo @ 14:43  | Libros...
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Mi?rcoles, 14 de diciembre de 2011

Llegué a Okkervil River a través de la banda sonora de Buscando un beso a medianoche. Hay películas y libros que no terminan en sí mismos, que te llevan a otras miradas, otras músicas, otras realidades, que son como las migas de pan de los cuentos infantiles.

Pienso en en las tres películas que me han descolocado este año, Beginners, Medianeras y El árbol de la vida, historias emotivas e intimistas y reflexivas, historias que me hicieron pasear en silencio por la ciudad, con una sonrisa o los ojos llorosos o la impresión de haber visto un caótico y hermoso poema visual.  

Beginners es una historia que te deja noqueado y sin aire, un puñado de personajes que sientes reales, cercanos, bajo tu piel. También es una historia de habitaciones y las formas que tenemos de vivir en ellas. Oliver acumula en su casa cajas de cartón con sus pertenencias, como si no pudiera asentarse en ninguna parte, en ninguna relación, y estuviera a punto de huir en cualquier momento. Parece perdido, extraño, cansado. Hal, su padre, ha transformado el endeble armazón del hogar familiar en un lugar donde vivir su amor, su homosexualidad, sin miedo ni trabas. Anna es una actriz que vive en una habitación de hotel y no contesta las llamadas de su padre. Los tres intentan aprender a salir adelante, abrir habitaciones que se comuniquen entre sí, que no sean temporalidad o mentira o algo ajeno a nosotros. Beginners me deja una historia de amor intensa, un hombre que no se resigna a sobrevivir en los últimos de su vida, unas imágenes que muestra cómo en ese proceso de cambio, de miedos e incertidumbres, se transforma tanto el lugar que habitamos como nosotros.




Medianeras habla de ciudades, del azar, de espacios que se evitan o confluyen en el tiempo, del amor y los miedos, de una ciudad caótica donde los edificios no casan entre sí, del primer plano de Pilar López de Ayala que busca a su Wally, de dos seres que viven sin saber del otro pero que se buscan sin saberlo. La historia de amor de Medianeras es emocionante, cómica, entrañable, el silencio y la voz en off, los dos personajes que se cruzan por una ciudad y yo que me preguntaba cómo se encuentra ese amor único entre tantos extraños. El azar y la magia. Es lo que me atrae de Medianeras, salir del cine con una sonrisa y los ojos llorosos sintiendo que todo es posible, que la magia existe.





Decía Carlos Boyero que El árbol de la vida es un poema visual. No hay una estructura clásica, una presentación, nudo y desenlace previsible, sino metáforas e ideas que se intuyen, que se desarrollan a lo largo de una película sin un orden temporal claro. La historia de un hombre que se ha perdido, que no entiende su presente, que intenta recuperar la esencia de quien fue, que recuerda su infancia y su familia, cómo bascula entre la severidad del padre y la bondad de la madre. Se suceden los planos poéticos, los movimientos extremos de cámara, travellings que siguen a los personajes de espaldas, que giran sobre los árboles y sobre la vida, que se detienen en el perfil de la madre o en la llama de una vela. La luz es un elemento importante en El árbol de la vida, la película se abre y se cierra con una pequeña llama y los personajes orbitan entre la luz y la sombra. Hay un momento donde Malick detiene la película para recrear el inicio del universo. Y es ahí donde sientes el abismo de todo lo que nos conforma, todo lo que llevamos dentro.




La magia del cine es la mirada, la elipsis, lo que se cuenta y lo que se intuye, el silencio en el momento adecuado y el gesto inesperado, la luz y la sombra en una pantalla, la sensación de estar fuera de tu mundo y dentro de otro inventado y, aún así, ver como tu propia vida se cuela en la ficción, o es la ficción la que recrea momentos precisos de tu vida. No hay cine sin un intercambio de miradas.



Our Life Is Not A Movie Or Maybe (Okkervil River)



It’s just a bad movie, where there’s no crying
handing the key to me in this Red Lion,
where the lock that you locked in the suite says there’s no prying.
When the breath that you breathed in the street screams there’s no science.
When you look how you looked then to me, then I cease lying and fall into silence.

It’s just a life story, so there’s no climax.
No more new territory, so pull away the imax.
In the slot that you sliced through the scene there was no shyness.
In the plot that you passed through your teeth there was no pity.
No fade in: film begins on a kid in the big city.
And no cut to a costly parade (that’s for him only!).
No dissolve to a sliver of grey (that’s his new lady!)
where she glows just like grain on the flickering pane of some great movie.

It’s just a house burning, but it’s not haunted.
It was your heart hurting, but not for too long, kid.
In the socket you spin from with ease there is no sticking.
From the speakers your fake masterpiece comes serenely dribbling.
When the air around your chair fills with heat, that’s the flames licking
beneath the clock on the clean mantelpiece. It’s got a calm clicking,
like a pro at his editing suite takes two weeks stitching up some bad movie.





Tags: Okkervil river, Beginners, Medianeras, El árbol de la vida

Publicado por elchicoanalogo @ 21:14  | Cine
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Hace unas semanas me sorprendió la imagen de dos mujeres sentadas juntas en la mesa de una cafetería. Removían sus tazas y daban pequeños sorbos al café. Miraban al frente, en silencio. Era una imagen extraña. La quietud de sus miradas, el gesto inamovible, el silencio que parecía palpable. Parecían una isla en medio de las conversaciones alrededor.

Me siento en las mesas que dan a los ventanales. Levanto la vista de un libro y veo un cruce de calles, una pareja que se abraza, la sincronía de los semáforos, los pasajeros que salen de la estación, un carguero que se desliza bajo el puente colgante o el reflejo del atardecer sobre la torre de cristal, y dentro de la cafetería, reuniones de estudiantes, caricias al azar, gente que espera y mira a cada esquina, ese momento donde descubren a la otra persona y sonríen sin límite y con nervios, jubilados que se apoyan con fuerza en su bastón y en ese gesto parecen agarrarse a la vida. Leo Contra el viento del norte o El hombre ilustrado, y se mezcla la ficción con la realidad y el ruido de fondo, a veces veo las caras de los personajes en quienes me rodean o siento que soy transparente, que estoy entre dos dimensiones y no acabo de hacerme corpóreo.

Hay ocasiones donde escribo pequeñas frases en un cuaderno o en las servilletas de papel, estar perdido significa encontrarse con lo inesperado, frases que uso en el blog o que siento estúpidas fuera de una cafetería. O describo en tiempo real lo que veo, como aquella cafetería atravesada por el voluminoso tronco de un lapacho, el hueco en el suelo y el techo, las mesas alrededor del árbol, las ramas que tapan un tejado de hojas violetas, una imagen espectral, o aquella librería con una cafetería en la entrada, las estanterías con pequeñas telarañas y unos parroquianos que me preguntaron por mi extraño acento. 

Me gustan las cafeterías de las estaciones y aeropuertos. Pura transitoriedad. Ser quien espera o hacer tiempo antes de embarcar, la conversación con una familia argentina tras el mundial de Alemania, la mujer que imitaba los gestos de quien pasaba a su lado (un espejo), el cruce entre quienes llegan y quienes se marchan, la cafetería de Lerma, camino de Madrid y su café sin sabor alguno, las mesas asépticas, la tienda en la entrada, las caras cansadas, los precios inflados. Pero hay algo en esas cafeterías que me atrae, una carretera o un avión que se dirige a la pista de despegue, saberme fuera del tiempo y el espacio, ser yo quien los burle por una vez.

Empecé Todo como antes en una estación de tren. Leí dos veces un pequeño relato sobre cafés, un relato desolador, desértico, una soledad y un silencio hirientes. Askildsen y su minimalismo y su pesimismo y amargura y aún así me atrapa su forma de escribir y ver el mundo. Porque es diferente y me muestra otra cara, aunque no me sienta identificado. La literatura es eso, mirar a través de otros ojos y descubrir mundos posibles.



En el café...
Una de las últimas veces que estuve en un café fue un domingo de verano, lo recuerdo bien, porque casi todo el mundo iba en mangas de camisa y sin corbata, y pensé: tal vez no sea domingo, como yo creía, y el hecho de que pensara exactamente eso hace que me acuerde. Me senté en una mesa en medio del local, a mi alrededor había mucha gente tomando canapés y bollos, pero casi todas las mesas estaban ocupadas por una sola persona. Daba una gran impresión de soledad, y como llevaba mucho tiempo sin hablar con nadie, no me hubiera importado intercambiar unas cuantas palabras con alguien. Estuve meditando un buen rato sobre cómo hacerlo, pero cuanto más estudiaba las caras a mi alrededor, más difícil me parecía, era como si nadie tuviera mirada, desde luego el mundo se ha vuelto muy deprimente. Pero ya había tenido la idea de que sería agradable que alguien me dirigiera un par de palabras, de modo que seguí pensando, pues es lo único que sirve. Al cabo de un rato supe lo que haría. Dejé caer mi cartera al suelo fingiendo que no me daba cuenta. Quedó tirada junto a mi silla, completamente visible a la gente que estaba sentada cerca, y vi que muchos la miraban de reojo. Yo había pensado que tal vez una o dos personas se levantarían a recogerla y me la darían, pues soy un anciano, o al menos me gritarían, por ejemplo: “Se le ha caído la cartera”. Si uno dejara de albergar esperanzas, se ahorraría un montón de decepciones. Estuve unos cuantos minutos mirando de reojo y esperando, y al final hice como si de repente me hubiera dado cuenta de que se me había caído. No me atreví a esperar más, pues me entró miedo de que alguno de aquellos mirones se abalanzara de pronto sobre la cartera y desapareciera con ella. Nadie podía estar completamente seguro de que no contuviera un montón de dinero, pues a veces los viejos no son pobres, incluso puede que sean ricos, así es el mundo, el que roba en la juventud o en los mejores años de su vida tendrá recompensa en su vejez.

Así se ha vuelto la gente de los cafés, eso sí que lo aprendí, se aprende mientras se vive, aunque no sé de qué sirve, así, justo antes de morir.
Kjell Askildsen
En el café (en Todo como antes. traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Lengua de trapo, Debolsillo)


Tags: todo como antes, Kjell Askildsen, Kirsti Baggethun, en el café, Asunción Lorenzo, Debolsillo, Lengua de trapo

Publicado por elchicoanalogo @ 16:53  | Libros...
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Martes, 13 de diciembre de 2011

Hace unos años compré un disco que se estaba creando en esos momentos. Desconocía el título de las canciones o hacia dónde se dirigiría la música. Meses más tarde recibí el disco 12.772 de Marbles. Recuerdo que hojeé impaciente el libreto de cien páginas hasta encontrar mi nombre de tres efes (y que me lleva a aquello de feo, fuerte, formal de John Wayne), que intenté anticipar la música a través de las letras y las fotografías del arte y que sentí un nudo en la garganta y la duda de si Marillion habrían recuperado la magia tras varios discos irregulares. Los primeros sonidos enigmáticos de Marbles me llevaron a Brave y Afraid of Sunlight. Había magia.

Marbles es un disco doble, intenso, luminoso, intimista en algunos momentos y melancólico en otros, un largo camino de cien minutos donde cabe todo, la épica progresiva de Ocean Cloud o The Invisible Man, la psicodelia en Angelina, el pop cálido de Fantastic Place o Genie, el caos inesperado que cruza Drilling Holes, las cuatro partes de la canción Marbles que se suceden a lo largo del disco. A veces hago mi propia composición de Marbles y escucho sólo las canciones largas o las pequeñas piezas de pop o los momentos más melancólicos.

Neverland es el final del camino, un final emotivo, íntimo, la voz de Hogarth y el solo de guitarra de Rothery que deshacen oscuridades, los teclados que deambulan de forma onírica por la canción, las primeras estrofas que siempre me dejan con las entrañas del revés, un susurro, una presencia y el vacío y el silencio desaparecen.



Neverland (Marillion)



When the darkness takes me over
Face down, emptier than zero
Invisible you come to me
..quietly
Stay beside me
Whisper to me "Here I am"
And the loneliness fades

Some people think I'm somethin'
Well you gave me that, I know
But I always feel like nothing
When I'm in the dark alone

You provide the soul, the spark that drives me on
Makes me something more than flesh and bone

At times like these
Any fool can see
Any fool can see
Your love inside me

All these years
Truth In front of my eyes
While I denied
What my heart knows was right

At times like these
Any fool can see
Any fool can see
Your love inside me

I want to be someone
I want to be someone
I want to be someone
Who someone would want to be
Someone would want to be

Wendy
Darling
In the kitchen
With your dreams

Will you fly
again
Take to the sky
again

Undo the hooks
Once and for all
Banish the tic tic tic tok tok tok
Again

Will you be
Yourself for me
Cause I can take it
I can stand
Anything

When you're with me
I can stand it
I can stand

But when you're gone
I never land
In Neverland

Want to be someone someone would want to be
someone someone would want to be
someone someone would want to be
someone someone someone someone

Any fool
Any fool can see
Any fool can see
Your love
Inside me



Traducción: The Web Spain

Cuando la oscuridad se apodera de mí
Cabizbajo, más vacío que el cero
Invisible llegas hasta mí
...silenciosamente

Quédate junto a mí
Susúrrame: “Aquí estoy”
Y la soledad.... desaparece

Algunas personas piensan que soy algo,
Bueno tú me diste eso, lo sé
Pero siempre me siento un don nadie
Cuando estoy solo en la oscuridad

Tú me proporcionas el alma, la chispa que me hace seguir adelante
Me haces ser algo más que carne y huesos

En momentos como estos,
cualquier tonto puede ver
tu amor dentro de mí

Todos estos años, la verdad estaba delante de mis ojos
Y mientras yo negaba
lo que mi corazón sabía que era cierto

En momentos como estos,
cualquier tonto puede ver
tu amor dentro de mí

Quiero ser alguien
Quiero ser alguien que alguien quisiera ser
Wendy
Cariño
En la cocina
Con tus sueños

Volarás
Otra vez
Irás hacia el cielo
Otra vez

Te librarás de los garfios
De una vez por todas
Desterrarás el tic-toc
Otra vez

Serás...
Tú misma para mí
Porque puedo aguantarlo
Puedo soportar
Cualquier cosa

Cuando estás conmigo
Puedo aguantarlo
Puedo aguantar

Pero cuando te has ido
Nunca aterrizo...
...en el país de Nunca Jamás

Quiero ser alguien alguien quisiera ser
Alguien alguien quisiera ser
Alguien alguien quisiera ser
Alguien alguien alguien alguien

Cualquier tonto
Cualquier tonto puede ver
Cualquier tonto puede ver
Tu amor
Dentro de mí.


Tags: neverland, marbles, marillion

Publicado por elchicoanalogo @ 20:36  | Canciones
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Salíamos de la pista de baloncesto. Hacía viento y algunos niños se organizaban en equipos para jugar un partido de fútbol. Los gritos enfervorizados y los chillidos de lamento, el esfuerzo de las carreras y la discusión sobre las faltas, los choques de manos y las miradas al cielo, las burlas y las risas puras. Mi sobrino me agarró la mano. Volvíamos en silencio a casa. Había aceptado su derrota con buen ánimo. Su mano dentro de la mía me recordó cuando era un bebé y lo resguardaba dentro de mi pecho mientras le hablaba de Tom Sawyer y Tom Doniphon, de una ballena blanca y una máquina del tiempo. Me gustaba aquella sensación de tener su cabeza en mi corazón, de abrazarlo y que toda la oscuridad desapareciera, de sentir cómo se dormía con mis susurros. Nunca sabré quién cuidaba a quién.

Entonces, mi sobrino me preguntó sobre la magia, Osaba, ¿a que la magia existe? Realmente no era una pregunta, Oier necesitaba que le confirmase la existencia de la magia, aún cree que los adultos conocemos los secretos de la vida. Se acerca la navidad, los regalos del Olentzero, el carbonero vasco, esa duda de cómo es posible llegar a todos los niños en una noche. Hace años, cuando era “el primito” (aún lo soy, pero con canas y cicatrices), Elisa me habló de cómo conoció a Christopher Reeve en el rodaje de Superman y que se enamoraron y hablaron entre ellos en francés porque era “el idioma del amor”. Hoy sonrío al recordarlo. Contesté a Oier que la magia existe, que hay otros mundos posibles que no podemos o no sabemos ver, que hay algo llamado azar que puede  trastocar una vida, que el Olentzero es capaz de detener el tiempo y descomponer espacios. No lo hice por conservar su ilusión, sino por convicción. La magia existe.

A veces la magia se disfraza de azar. Una estrella solitaria en el cielo que se hace visible sólo cuando dañan el corazón de una mujer; una ruptura que me hace crear un blog que me lleva a bailar salsa en Serbia; meterse en otros sueños y parar la lluvia; dos amigos que desaparecen para el otro durante quince años y un reencuentro donde ambos recuperan parte de la esencia perdida por las decepciones y las heridas; un libro que habla de Mallarmé y me recuerda un poema como Brisa Marina, una búsqueda en una noche de diciembre y dos caminos que se cruzan; el vértigo de cada encuentro, las vidas que corren paralelas hasta que confluyen por un detalle que parece insignificante, todos los caminos no recorridos, (¿y si nunca hubiese leído a Mallarmé?). Al final nuestra biografía se compone de lo vivido, los proyectos truncados y las vidas no elegidas cuando estamos ante cruce de caminos.

Pienso en lo que le queda por vivir a mi sobrino, esos momentos donde creerá que la magia es cosa de niños y esos otros donde sentirá el vértigo del azar y que todo es posible. Incluso desandar el espacio y trucar el tiempo.


Don't ask me
I'm just improvising
My illusion of careless flight
Can't you see
My temperature's rising
I radiate more heat than light



Tags: espacios en blanco, rush, presto

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Lunes, 12 de diciembre de 2011

Buscando un beso a medianoche fue una historia y una emoción inesperadas. Un guionista solitario y perdido, una actriz sin papel que fotografía zapatos desparejados y olvidados, su encuentro en nochevieja que bascula del sarcasmo a la (puta) melancolía, del enfado y las decepciones a un punto de apoyo para superar la tristeza, una ciudad fotografiada en blanco y negro, los edificios de cristal y los teatros abandonados, las calles del extrarradio y las estaciones de metro, la música de Shearwater y Okervill River, los primeros planos de Sara Simmonds, Bienvenido a L.A., prepárate a sufrir, los besos más tiernos y reales que recuerde en una película, los abrazos como embarcadero, un final extraño que te deja con las entrañas del revés. A veces ocurre que conectas con una historia y la haces propia y la dejas dentro de ti.

Contra el viento del norte ha sido una lectura errante y, también, inesperada. Monólogos que se convierten en diálogos, presencias intuidas que son caminos en blanco y negro sobre una pantalla de ordenador, dos seres que se cruzan por equivocación, por puro azar, y crean algo distinto, unos sentimientos que se desbordan en miedos, deseos, incertidumbres, pasos inconclusos, la perfección de lo intangible, las dudas, cómo trasladar el camino en blanco y negro a la realidad, vivir con una presencia continua, habitar y ser habitado en la distancia y el aire, el miedo y nunca hubo nada más duro que el amor...

Empecé la lectura errante de Contra el viento del norte en la esquina de una cafetería. Fuera, la torre de cristal de Iberdrola, un faro en mitad de la ciudad. Hace años ese lugar donde estaba sentado era una explanada de vías de tren y contenedores apilados unos sobre otros. Seguí en el parque de Doña Casilda, las hojas otoñales en el suelo y el atardecer tras los montes, hubo un momento donde la línea del atardecer se dibujó en los edificios que rodean el parque, a un lado de la línea la sombra oscura, al otro un rojizo cálido. Otro café y medio centenar de páginas más. Las luces parpadeantes de la gran vía y el bullicio de la estación de Abando. Terminé el libro sentado en una esquina de la estación de mi pueblo.

Y en los paseos entre cafés, parques, estaciones y mi casa, la letra de A Hush y la melodía de Whipping Boy de Shearwater unían Buscando un beso a medianoche y Contra el viento del norte, mezclaban historias y personajes, tristezas e ilusiones, imagen y palabra. Y también (sobre todo), miradas y silencios tras un teléfono. Espacio y tiempo. 



A Hush (Shearwater)



There was a hush inside the air
When you were lying on the stairs
Feeling the world had scattered there
Like little feathers on the air

And as the people filed away
The men in suits of black and gray
Each with his hands inside his coat
Each with that hush inside his throat

And this concrete cold
And this cruise control
And the drops of blood in the shaving bowl
Are the lovely things
Bright and hovering
That can pull you up
With a thousand wings
Let me through

They're thinking, "How did we arrive?
Was it by fortune or design?
Or was there something else in mind?
Let there be something else in mind"





Whipping Boy (Shearwater)



If I told you once, then I told you twice
That I would have paid just about any price
Just to see him jump, just to see him laugh
I would have washed in the blood of an innocent man

Let the whipping boy ride

The boy says to the wolf, "You're gonna be my dog"
The boy ties the wolf to a fence post
The wolf says, "Boy, if you're gonna be my man
Let's see how you fit in those britches"

I found a river that doesn't run to the sea
I found a river through the dead lands
I found a river that's been beaten by the sun
But a river that never did surrender to the sands

Let the whipping boy ride
I want to see him





Tags: a hush, whipping boy, shearwater, contra viento del norte, Daniel Glattauer, Buscando un beso, Alex Holridge

Publicado por elchicoanalogo @ 22:51  | Canciones
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Domingo, 11 de diciembre de 2011

Teníais para uniros
únicamente kilómetros
de tierra rojas y un río
que desciende cada vez más despacio.

Pasaron treinta días.
Cambió el color de la tierra.
También creció la lentitud del río.

Ahora estás esperando
en medio del campo y sientes
la serenidad de los árboles
y la vibración de los pájaros.

Miras los montes, miras el aire
y se te representa la justicia de las cosas,
es decir,
la poesía de las cosas.

Y tú bien sabes por dónde
tu compañera va a llegar,
por dónde anda hacia ti,
de qué pueblo desciende.

Y, de pronto, la ves
sobre el camino: tiene
forma de juventud, parece
un chiquillo que, de pronto, ha adquirido
serenidad de madre.

Andas cien pasos.
Ya ves
cómo le tiemblan los extremos de la boca
porque te ama y porque tiene miedo.

Y ahora ya la has rodeado con tus brazos
y tocas la dura suavidad de los hombros
y trozos, frescos unos y abrasadores otros, de su cuerpo.

Y de pronto te das cuenta de que huele mucho
a ella misma y a mujer y a algo
desconocido aún, y lo respiras.

Entonces los dos os sentáis en la tierra
y pones la cabeza sobre su pecho
y la oyes vivir.

Te sentirás seguro en el mundo.
Habrás sabido que no hay soledad pero que hay
algo más fuerte y más útil y hermoso.

Conocerás el destino
y crecerá tu paz al acercarse la noche
y al ir sabiendo que la vida es
una inmensa, profunda compañía.
Antonio Gamoneda
Teníais para uniros... (en Exentos I)


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S?bado, 10 de diciembre de 2011

Empecé los relatos de Askildsen en una estación de tren. Fuera del libro amanecía, la luz anaranjada sobre los montes y las sombras alargadas, las caras somnolientas y las maletas entre las piernas de los pasajeros; dentro del libro, unos relatos secos, austeros y desérticos que me recordaron por momentos a las escenas más sombrías y oscuras del cine de Bergman. Me atrajo ese ir de un extremo a otro, el día y la vida que parecía reanudarse por un lado y los personajes hoscos y distantes de Askildsen por el otro. Seguí la lectura en el tren, había algo en esos relatos que me atraía y sorprendía.

Todo como antes recoge tres libros de cuentos de Kjell Askildsen. Hace un par de semanas no conocía al autor noruego. Me llamó la atención la portada en blanco y negro, la referencia a los cuentos de Carver, los párrafos leídos al azar. Descubrí un mundo sombrío, solitario, una tensión contenida a punto de estallar, unas relaciones que limitaban con la crueldad. No había un asidero, una luz en estos cuentos, se mostraban vidas fracasadas y turbulentas, una vejez sucia, amores tediosos, una sexualidad reprimida y turbia.

El libro de cuentos Últimas notas de Thomas F. para la humanidad abre Todo como antes. Askildsen se detiene un hombre viejo, huraño y solitario, en su distanciamiento con la vida, la familia y la ciudad. La vejez en Askildsen es opuesta a la que plantea Kawabata en historias como El rumor de la montaña o La casa de las bellas durmientes. No hay una reflexión poética sobre el paso del tiempo o las relaciones con los hijos, sino tensión, tedio y decrepitud, imágenes de seres invisibles para los otros en los cafés, de viejos que miran la vida a través de una ventana, de tiempo que parece detenido. Se repiten las imágenes a lo largo de las notas de Thomas, los lentos domingos de agosto, una barandilla rota (el apoyo del protagonista para salir de su encierro), las conversaciones cortas, las desechas relaciones familiares, la escritura, la cercanía de la muerte, los finales abruptos de los cuentos. El libro termina con un kafkiano relato donde un hombre corriente es acusado de una violación. Desde ese instante se crea una relación extraña entre el sospechoso y el comisario que investiga la violación, no se llega a saber qué es real y qué sospecha, se difumina la frontera entre inocencia y culpabilidad.

Hay un párrafo que define la fría emoción que transmiten los cuentos de Un vasto y desierto paisaje y Los perros de Tesalónica: “Pronto cayó el silencio sobre la casa. Se me cerraron los ojos y vi aquel vasto y desierto paisaje, ese que tanto duele mirar, es demasiado vasto y demasiado desierto, de alguna manera está dentro y fuera de mí. Abrí los ojos para que desapareciera, pero tenía tanto sueño que volvieron a cerrarse solos. Supongo que se debía a las pastillas. No tengo miedo, dije en voz alta, solo por decir algo. Lo repetí varias veces. Y ya no recuerdo más”. Los cuentos y los personajes son así, puro desierto e inacción, una mirada lánguida y cansada, una tensión soterrada que emerge en estallidos verbales de violencia, matrimonios que viven hastiados, que intentan sobrevivir a los domingos, que pasan veladas silenciosas en los jardines de sus casas.
Kjell Askildsen
Todo como antes (traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Lengua de trapo, Debolsillo)


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Publicado por elchicoanalogo @ 23:00  | Libros...
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Viernes, 09 de diciembre de 2011

Milagro de la luz: la sombra nace,
choca en silencio contra las montañas,
se desploma sin peso sobre el suelo
desvelando a las hierbas delicadas.

Los eucaliptos dejan en la tierra
la temblorosa piel de su alargada
silueta, en la que vuelan fríos
pájaros que no cantan.

Una sombra más leve y más sencilla,
que nace de tus piernas, se adelanta
para anunciar el último, el más puro
milagro de la luz: tú contra el alba.
Ángel González
Milagro de la luz: la sombra nace (en Áspero Mundo)


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Jueves, 08 de diciembre de 2011

Viajes con Clara por Alemania fue una lectura tan entrañable como El trompetista del Utopía. Fernando Aramburu escribió un libro de viajes diferente, una historia amena, divertida, llena de calidez y un humor irónico y desenfadado. El narrador acompaña a su mujer escritora a través de un viaje por el norte de Alemania y decide escribir sus impresiones sobre aquello que ve pero sin detenerse en la historia o en los edificios de las ciudades visitadas sino en el sabor de los bombones en un cementerio, los dimes y diretes con Clara o una jornada de navegación con su sobrino autista. Aramburu tiene la facilidad de ser cercano, de poder escribir sobre temas aparentemente livianos con humor y profundidad. Y, sobre todo, Viajes con Clara por Alemania es una bella e hilarante historia de amor. Hay dos escenas que perdurarán en mi recuerdo, aquella donde la pareja se reconcilia en el teatro después de uno de sus enfados y los párrafos donde el narrador recuerda el día en que eligió a Clara en vez del regreso a casa.

Roberto Bolaño y A. G. Porta se adentraron en la escritura a cuatro manos con Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, una novela febril e inquieta que avanza a trazos, a latigazos. Por momentos me recordó Malas Tierras de Terrence Malick, una joven pareja que inicia una vida de atracos y decide estar fuera del sistema. Las presencias fantasmales, el amor enloquecido por la literatura y la escritura y esa fina línea donde se mezclan realidad y ficción, el desarraigado y la soledad, las emociones llevadas hasta su última frontera, el amor loco y al límite. Bolaño y Porta tejen un relato intenso y lleno de recovecos, una de esas novelas que se leen sin interrupciones.

En Hiroshima, John Hershey recoge los recuerdos de seis supervivientes de la bomba atómica y lo hace con la distancia justa, sin resultar morboso ni frío pero sí abarcador y desnudo. La primera parte se centra en el instante de la explosión, cómo cada uno de los supervivientes sienten la luz y el resplandor con diferente intensidad e intentan comprender lo ocurrido. Es sorprendente la diferente percepción de la luz que tiene cada uno de los supervivientes. A partir de ahí, imágenes de una ciudad arrasada, de las ruinas y los fuegos en las casas, de una masa desorientada que intenta encontrar un refugio, de los gritos que salen bajo tierra, de la muerte, las diferentes imágenes de la muerte. Hay momentos de una dureza dolorosa y otros donde te sorprendes por la capacidad de supervivencia y de fuerza de los que vivieron aquel horror para seguir adelante.

Antonio Muñoz Molina es uno de mis escritores favoritos. Sefarad o Ventanas de Manhattan fueron lecturas inolvidables donde no paraban de cruzarse caminos e historias dentro de historias, donde la ficción y la realidad estaban en un mismo nivel. Nada del otro mundo es un entretenido libro de cuentos donde lo misterioso y fantasioso irrumpen en la realidad. Fantasmas y presencias abisales, escritores mediocres y hombres de provincias, asesinos en serie y solitarios que viven en pequeñas cajas de zapatos, amores inconclusos y pianistas maniáticos, oficinistas enamorados de forma platónica y chicas que se dedican a esperar en una mesa de un café y en esa espera pierden la vida. Me gusta esa capacidad de Muñoz Molina para construir frases donde podría existir un libro entero.

Galápagos es una corrosiva novela del siempre inesperado Kurt Vonnegut, una novela que se centra en un particular fin del mundo y en la estupidez humana. Y es esa estupidez la que me hizo pensar en cuánto se parece el humor de los hermanos Coen al de Vonnegut. Galápagos está narrada por un fantasma curioso que quiere presenciar el curso de la humanidad tras un apocalipsis que se inicia con una crisis económica. Un puñado de supervivientes se dirigen hacia las Galápagos, unos personajes extremos, desvariados, la mayoría estúpidos y arrogantes, en una especie de segundo arca de Noé. Y es en las islas donde, sin saberlo, dan el primer paso para que aparezca una nueva humanidad y se deje atrás los voluminosos cerebros de tres kilos, la raíz de todos los problemas. De Vonnegut me quedo con su humor, sus historias siempre sorprendentes y esa forma de narrar que tiene donde se rompe el espacio y el tiempo.


Tags: Fernando Aramburu, A. G. Porta, John Hershey, Kurt Vonnegut, Roberto Bolaño, Antonio Muñoz Molina

Publicado por elchicoanalogo @ 8:23  | Libros...
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Se acerca la medianoche, hora de brujas y sombras y sueños. Estoy en la cocina, insomne. Intento escribir sin pensar, poner en orden las ideas que deambulan dentro de mí, un laberinto, un ejercicio de equilibrista, el más difícil todavía.

Me siento desubicado, y me gusta y me hace sonreír porque no estoy en la misma posición que meses atrás. Me he movido y el movimiento siempre es necesario, una forma de vivir y no sobrevivir, de habitar nuevos horizontes (donde el horizonte a habitar puede ser un paisaje, una carretera o una mirada revolucionada).

Sentirse desubicado significa la toma de conciencia del espacio/tiempo y una librería de tipos infames; una conversación entre dos días y andar ciudades con nuevas músicas; Wall-e y Wally, uno busca el amor, el otro se esconde entre miles de personas para ser encontrado; las Medianeras de las ciudades que ocultan amores posibles (nunca imposibles) y una canción compartida en silencio a través del teléfono; las dudas, los miedos y los sueños; la cabeza, el corazón y la imaginación; un año de palabras y la última estrofa de This Modern Love de Bloc Party, Throw your arms around me...

 

 

 


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Publicado por elchicoanalogo @ 0:35  | Espacios en blanco
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Mi?rcoles, 07 de diciembre de 2011

Miré al cielo. Había pequeños claros entre las nubes (que, cuando pasan, pasan como nubes). Me fijé en el movimiento de los árboles, las ramas que se estiraban hacia el frente o hacia el cielo. Entonces, me quité los auriculares. Escuchaba un disco de Bloc Party. El sonido del viento entre los árboles, el crepitar de las ramas, las hojas amarillentas que se desprendían en un vuelo a cámara lenta me recordó el rumor de un mar distante. Sentí una sutil tristeza, una tristeza que se podía asumir, que no atraía otras más dolorosas. Un sentimiento puro.

Cuando volví a ponerme los auriculares sonaba Banquet, mi canción favorita de Bloc Party. Era una unión extraña, la melodía intensa y rápida de la canción dentro de mí y el otoño fuera, en un parque solitario donde sólo una pareja tomaba fotografías del estanque o de la torre de cristal en la que se reflejaban las nubes. Recordé mi otra vida, cuando trabajaba como cámara, ese momento donde decidía la composición de un plano, qué quedaba dentro y, sobre todo, fuera de campo, el espacio intuido e invisible que intentaba integrar en la imagen final a través de los reflejos en un cristal o un espejo. Como las nubes en la torre de cristal.

Descubrí a Bloc Party gracias a un concierto emitido por televisión. Me atrajo la mezcla de intensidad, fuerza y melodías pop de su disco Silent Alarm. Ahora me acompañan para ayudarme a transformar el otoño en otra cosa.



Banquet (Bloc Party)



A heart of stone, a smoking gun
I can give you life, I can take it away

A heart of stone, a smoking gun
I'm working it out
Why'd you feel so underrated?
Why'd you feel so negated?

Turning away from the light
Becoming adult
Turning into my soul
I wanted to bite not destroy
To feel her underneath
Turning into my soul

She don't think straight
She's got such a dirty mind and it never ever stops
And you don't taste like her and you never ever will
And we don't read the papers, we don't read the news
Heaven's never enough, we will never be fooled

And if you feel a little left behind
I will see you on the other side

Cos I'm on fire
I'm on fire when you come

I'm on fire so stub me out




Tags: Bloc Party, Silent Alarm, Banquet

Publicado por elchicoanalogo @ 20:59  | Canciones
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Lunes, 05 de diciembre de 2011

Levanté la vista del libro de Askildsen. Los primeros rayos del sol me cegaron por un momento. Miré alrededor, los trenes detenidos junto a los andenes, el sonido nervioso de los zapatos de quienes llegaban tarde, las conversaciones susurradas y somnolientas en la cafetería cercana, un hombre que sacaba fotografías al amanecer, la luz que se alargaba sobre el suelo de la estación y creaba sombras imposibles, la mochila roja en la silla de al lado. Y yo, solo y en silencio, me sentía entre dos tiempos, el libro en mi mano como prueba del presente, los trenes como metáfora de lo que estaba por llegar.

La chica cerró el libro de Espinosa que tenía entre las manos. Tenía los ojos llorosos (un mar azul) y repitió un par de veces cómo le había emocionado la última frase. Luego se quedó en silencio y miró al horizonte en movimiento, las nubes grises que parecían descansar sobre la tierra rojiza y las casas solitarias que se intuían al final del horizonte. Me reconocí en ese gesto, la necesidad de callarse y mirar alrededor mientras una historia se queda dentro. Pensé que me gustaría escribir una historia hecha de imágenes cazadas al azar, sin conexión, como una sucesión de fotografías de mis viajes, porque hay gestos y miradas que encierran un mundo entero.

La mochila roja en mi hombro y el libro en mi mano y, alrededor, abrazos de bienvenida, lágrimas de alegría, los silencios antes de un beso dulce o intenso, las maletas que cambiaban de mano, ese momento donde todo es mirada y reconocimiento y un momento de pura felicidad (vértigo en el estómago y una sonrisa nerviosa e imparable). Asentí, tranquilo y cansado.

Las canciones saltaban sin un orden concreto. Las ciudades se andan. La música se colaba en la realidad y transformaba las cafeterías y los parques y el palmeral y las calles estrechas en mundos posibles. Cuando estás perdido todo es inesperado. No había hojas otoñales sobre la acera, tuve que esperar a volver a Madrid para sentir su crepitar bajo mis pies. En una papelería abierta encontré El cielo a medio hacer y leí alguno de sus haikus en una cafetería. En el cielo, la luz temblorosa de una pequeña estrella. Me pregunté si alguien más estaba observando esa estrella en otra parte, dos miradas que se cruzan en un espacio infinito. Entonces, sentí ese vértigo del azar, de los cruces de caminos, cómo cada paso cambia tu futuro.

Escribí una postal a mi sobrino, un gesto habitual en mis últimos viajes. En ese pequeño espacio le hablé del mar Mediterráneo y de un tren que viajaba a 250 kilómetros por hora, una forma de iniciar una conversación, de que sienta curiosidad por el mundo y la aventura que es viajar. No pude hablarle de Sonia en el andén de Elche y la conversación sobre amores y desamores en un restaurante turco, de mi paseo solitario por la ciudad y cómo me gusta sentirme perdido, de la entrañable Señora Molina y su sempiterna sonrisa, y la risa expansiva de Esther que llena vacíos y reconforta.

Encontré las hojas otoñales en las calles de Madrid. Salí de la estación para respirar aire frío, recordar las horas en Elche, ver la ciudad adormecida en domingo y tomar fuerzas para el último tramo de mi viaje. Las calles de Madrid me hacen pensar en espacio y tiempo dividido.

Saqué la ropa y los libros de la mochila roja y la dejé en una esquina de la habitación. La mochila estaba empequeñecida, vacía. Me sentía cansado, feliz, aún de viaje y fuera de mi vida y de mí mismo.

 

 



Publicado por elchicoanalogo @ 17:37  | Great White Way
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S?bado, 03 de diciembre de 2011

Cuando llevas un tiempo detenido, desempolvas la mochila roja y te vas de viaje. Y es en ese gesto donde te sientes por primera vez en movimiento. Escoges ropa y libros y música y llenas la mochila. A veces tardas cinco minutos, cuando haces uno de esos viajes relámpago de menos de cuarenta y ocho horas, a veces te pasas media hora con la ropa y los libros sobre la cama, jugando a ocupar todo el espacio posible. 

La mochila te acompaña desde hace ocho años, ha estado contigo en cada uno de tus últimos viajes, cuando vivías el mundo del revés y te sentías entre dos cielos, cuando te ibas solo a descubrir que una ciudad existía o aparecías para dar un abrazo a un amigo, cuando sentías la ilusión de la ida e intuías el horizonte de forma diferente en el regreso. La mochila tiene atada una etiqueta de Lufthansa en una de sus asas, como aquellas maletas de las películas clásicas repletas de pegatinas de hoteles, países y aduanas. Te gusta imaginar que aún lleva el polvo de cada uno de tus viajes, una forma de hacer coincidir en un mismo punto cada viaje y persona. La base está rota y sobresalen algunos hilos. Pero sigues llevándola contigo, es parte inseparable de ti, de tu pasado y presente.

Te han tomado fotos en aeropuertos con la mochila roja al hombro y algún amigo la ha llevado para que descansases tras el viaje. Cuando regresas a casa la vacías y la dejas en una esquina de la habitación, parece como si soltase una última respiración y se plegase sobre sí. Y durante meses pasa desapercibida y en silencio. Hasta que sientes esa inquietud de sentir el paisaje en movimiento, de tomar distancia con tu rutina y vivir el tiempo a otro ritmo.

Hay quien te ha dicho que la mochila es una metáfora de tu corazón. Y tal vez sea así.


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Publicado por elchicoanalogo @ 7:05  | Espacios en blanco
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Hay canciones que te transportan a otro espacio/tiempo durante dos o tres minutos, que convocan presencias o ausencias, que transforman el mundo que ves en algo distinto, como si estuvieses fuera de él, contemplándolo a una distancia inusual, y dividen tu mirada en cabeza, corazón e imaginación.

No conocía a The Weepies y ahora están en mi mp3, saltan en el momento más inesperado. Es hermoso escuchar el mundo a través de nuevas canciones.


World Spins Madly On (The Weepies)



Woke up and wished that I was dead
With an aching in my head
I lay motionless in bed
I thought of you and where you'd gone
and let the world spin madly on

Everything that I said I'd do
Like make the world brand new
And take the time for you
I just got lost and slept right through the dawn
And the world spins madly on

I let the day go by
I always say goodbye
I watch the stars from my window sill
The whole world is moving and I'm standing still

Woke up and wished that I was dead
With an aching in my head
I lay motionless in bed
The night is here and the day is gone
And the world spins madly on

I thought of you and where you'd gone
And the world spins madly on.


Tags: World Spins Madly On, The Weepies

Publicado por elchicoanalogo @ 2:02  | Canciones
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Viernes, 02 de diciembre de 2011

Escribir reseñas me ayuda a fijar mejor en la memoria los libros que leo, una forma de no llegar a olvidar del todo un puñado de historias y personajes que compartieron mi vida por una pequeña eternidad. Llego a la última página y me quedo en las emociones sentidas. Luego, escribo. A veces me puede la pereza, como en los últimos meses, o siento que siempre uso las mismas palabras y expresiones y me atasco en la primera frase. He aquí un resumen de algunos de los libros leídos para que no caigan en el olvido o se difuminen demasiado pronto en mi recuerdo.



Tess Gallagher es conocida por sus poemas y por haber salvado a Raymond Carver del alcoholismo y haberle dado “diez años de propina”. En El amante de los caballos se adentra en los cuentos cortos, y lo hace con un estilo sutil y austero, cercano al de su poesía, donde todo parece esbozado en una sucesión de metáforas de la vida nómada o personajes extraviados. Hay un cuento realmente hermoso, Las gafas, donde una niña anhela poseer unas gafas que le hagan parecer diferente y le presenten el mundo de una forma inesperada y nunca antes sentida. Este cuento es el que permanecerá en mi memoria, la emoción cálida y sorprendida tras su lectura, la sensación de haber sentido un pedazo de otra vida como propia.

En Viajes por el Scriptorium, Auster riza el rizo y desanda el camino de su universo para presentar un ajuste de cuentas entre los personajes y su autor/dios. El libro es extraño, una habitación cerrada, unos manuscritos sobre una mesa, un hombre sin memoria que no sabe qué hace allí, las personas que irrumpen en el pequeño espacio para intentar ayudarlo o acusarlo de su destino. Reaparecen personajes como Anna Blume y, a medida que avanzaba por el libro, sentía que estaba ante un ensayo disfrazado de novela sobre el hecho de escribir y crear, la relación que nace entre el autor y sus personajes, el encierro que supone escribir, un encierro extraño, estar entre cuatro paredes para inventar mundos imposibles. Viajes por el Scriptorium es un libro que nos gustará a los aficionados a Auster y que hay que leer tras haber pasado por la Trilogía de Nueva York o El país de las últimas cosas.

Los cuentos de Tsutsui tienen una fuerte dosis de sexo (un erotismo a veces atractivo, a veces burdo y soez) locura y revolución. Hombres salmonela en el planeta porno se inicia con El Bonsái Dabadaba un extraordinario cuento donde se borra la barrera entre sueño y realidad, un cuento que me recordó a esos mundos de diferentes realidades que pueblan los libros de Philip K. Dick. Los personajes del cuento consiguen un bonsái capaz de crear los sueños eróticos más excitantes y salvajes posibles y se dejan arrastrar por esos sueños creyendo que los seres con los que se cruzan también son soñados. Pero Tsutsui da una vuelta de tuerca, sueño y realidad coinciden en una misma dimensión y nadie está seguro de ser el soñador o el soñado, de ser real o producto de la imaginación de otra persona. Rumores sobre mí es un irónico cuento sobre el poder de los medios de comunicación y su forma de entrometerse en la intimidad de las personas hasta límites inesperados. El límite de la felicidad es otra forma del humor negro de Tsutsui, muestra al ser humano como un rebaño de borregos sin identidad propia capaces de seguir a la manada hasta una muerte absurda. Los últimos cuentos, una ciencia ficción mezclada con sexo e ironía que a veces no llegaba a casar del todo. Aún así, el universo de Tsutsui es diferente.

Como diferente es Philip K. Dick y sus historias donde se combinan diferentes realidades, la locura, la búsqueda de un creador o el amor como algo extraño y, aún así, romántico. En Los clanes de la luna Alfana la locura está más presente que nunca en un libro de Dick. Y es que todo aquel que padeciese algún trastorno mental la Tierra es conducido a una lejana luna. Allí convivirán los psicóticos, con los depresivos o esquizofrénicos, cada uno formará su comunidad, afrontará la vida según su enfermedad. El libro de Dick es inclasificable, recuerdo imágenes de un humor brutal. Dick escribía sin ambages, como un puñetazo directo a las entrañas, era capaz de unir en una misma historia romanticismo y locura, religión y una realidad que se desdoblaba en docenas de ellas sin que el armazón resultara extraño. Y nos regalaba mundos donde todo era apariencia y dudas, hasta la realidad misma.


Tags: Tess Gallagher, El amante de los caballos, Paul Auster, Viajes por el Scriptorium, Yasutaka Tsutsui, Hombres salmonela, Philip K Dick

Publicado por elchicoanalogo @ 3:40  | Libros...
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Jueves, 01 de diciembre de 2011

Hace falta la noche para ver las estrellas.

Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón-
una verdad aún sin realidad;
busco en la tinta verde de todo lo que escribo
un planeta sin nombre o una jungla perdida.

Y hace falta la noche.

Yo me siento en las sombras,
prendo un fósforo,
tallo mis esmeraldas, construyo mis panales.
Todo es igual y todo es diferente.

La vida,
que fue un río,
es ahora un océano,
el pasado es la arena y el agua es el futuro.

Hace falta la noche.

Todo está en mí
lo mismo que un clavo en la madera:
cada paso en la nieve,
cada luz apagada,
cada piel encendida.
Benjamín Prado
Ecuador


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