Martes, 24 de enero de 2012

Me sentí desubicado al terminar Ventajas de viajar en tren, no sabía cómo clasificar el libro de Antonio Orejudo, humor negro, novela sobre la locura y los diferentes niveles de realidad o un enrevesado libro de viajes interiores y exteriores. Entonces pensé que tal vez no hace falta definir cada cosa que nos rodea.

Con Ventajas de viajar en tren pasé por diferentes emociones, la sonrisa incrédula ante las situaciones disparatadas, el estómago del revés en algunas páginas crudas y sangrientas, la sorpresa por el puzzle que plantea Orejudo donde nada es lo que parece y que, incluso una vez armado el rompecabezas, sientes que todo es pura irrealidad, que la frontera entre la cordura y la locura es una linea muy fina.

Todo empieza con un hombre rebuscando en su propia mierda, su mujer que lo interna en un manicomio y un desconocido con el que se cruza en el viaje de regreso en tren. En ese cruce de caminos se inicia un monólogo del desconocido donde predominan los sucesos extraños e inverosímiles, las reflexiones sobre qué es la locura y qué verdad, un monólogo que es como una caja china y contiene unas historias dentro de otras hasta desdibujar el sentido de la realidad. “Los pacientes con esquizofrenia hebefrénica, por ejemplo, presentan una tendencia no diré irreprimible, pero sí muy marcada a narrar la propia vida. Estos enfermos tienen una particularidad, y lo hacen cada vez de modo diferente, de manera que su personalidad no consiste en otra cosa que una sucesión de relatos superpuestos como las capas de una cebolla. Cuando nos queremos dar cuenta, no tenemos personalidad propiamente dicha que estudiar, sino una colección de cuentos, una narrativa tras otra, debajo de las cuales no hay persona”.

Antonio Orejudo cruza personajes e historias, un enfermo mental, una editora casada con un escritor de éxito, una investigación extraña en la guerra de los Balcanes, unos cuentos escritos por locos donde una mujer se convierte poco a poco en un perro por la influencia de su marido o un inmigrante que llega a España con una camiseta del Real Madrid y con problemas de identidad y ortografía. Llega un punto donde los cruces de historias y personajes crean un ambiente entre delirante e irreal, donde crees que cualquiera de los personajes miente y no estás seguro de su cordura, como en las historias de Philip K. Dick.

Ventajas de viajar en tren es un libro extraño y atrayente.



En realidad los seres humanos no somos más que un millón de impulsos eléctricos por segundo y unas cuantas reacciones químicas. Usted, por ejemplo, me está mirando ahora fijamente a los ojos, como suelen hacer las hembras humanas cuando conocen a alguien. Sin saberlo, está desencadenando en mí una serie de reacciones: los machos percibimos esa mirada directa como una amenaza. No, no se ría, es verdad; su mirada aumenta la conductividad eléctrica de mi piel y la hace transpirar porque el sudor contiene sal y la sal conduce la electricidad. Mire, mire cómo tengo la piel. Y ahora usted, al reírse, ha abierto los pliegues mucosos que hay en su boca, ha movido una docena de músculos subepidérmicos, y ha vertido sobre mí una generosa cantidad de bacterias. No, no se preocupe; no me importa; no soy hipocondriaco; es más, me gusta que me contagien. Mis palabras están cruzando el aire a una velocidad de mil doscientos kilómetros a la hora, Mach 1 se llama, la velocidad del sonido, y están haciendo vibrar unas sutiles membranas en su oído, que envían señales a su cerebro. Yo le puedo estar resultando simpático o antipático, entretenido o pesado; pero eso que usted denomina con esos nombres no son sino impulsos eléctricos que se producen en su cerebro. Nuestro cerebro es una maravilla. No conocemos ni la décima parte de su potencial. Gracias a las posibilidades evolutivas de nuestro cerebro hemos sobrevivido a una serie de cambios culturales que yo me atrevería a calificar de brutales, producidos además en unos pocos cientos de años. Un ejemplo: si alguien leyera todo lo que yo estoy diciendo, al llegar a este punto habría leído ya más de lo que leyó un campesino medieval en todas sus generaciones. Entre ese hombre y nosotros han transcurrido quinientos, seiscientos años, lo cual no es nada en términos evolutivos. En fin, lo que quiero decirle es que no somos nada más que electricidad y bioquímica.
Antonio Orejudo
Ventajas de viajar en tren (Círculo de lectores. Grupo Santillana)



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Publicado por elchicoanalogo @ 17:06  | Libros...
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