Febrero fue un mes de reencuentros y descubrimientos, las memorias invernales de Auster y la aventura por la aventura de El mapa del cielo de Palma, el tono nostálgico y pausado de Petterson en Yo maldigo el río del tiempo, la densidad y el desgarro con el que Marta Sanz habla del amor en El frío, los poemas a veces dolorosos, a veces vertiginosos de Anay Sala Suberviola en Ý (turno de réplica), y, sobre todo, el tono irónico y entrañable que Romain Gary da a La vida ante sí, la historia de amistad entre una vieja prostituta judía y un niño árabe.
He leído en habitaciones de hotel y en mitad de un viaje, el horizonte en movimiento, el sonido del tren y el humo que se deslizaba a través de las chimeneas de los caseríos, me han regalado libros desde Cataluña y Cádiz por mi cumpleaños, he hablado en cuclillas con Sonia en mitad de una librería (y en mis manos tres o cuatro libros), una lectora del blog me ha recomendado los poemas de Anay Sala Suberviola, una forma de llevarme de la mano a una nueva voz, he paseado con Blanca por el casco viejo de Bilbao (a su lado la ciudad se ha descompuesto en algo nuevo) y he descubierto una nueva librería de viejo (y Blanca que observa el libro que tenía en las manos, los cuentos completos de Primo Levi, y me lo regala).
Y entre lectura y lectura, párrafos al azar de La guerra de los mundos, Luis García Montero o los cuentos de Vonnegut.
Yo maldigo el río del tiempo - Per Petterson (Recuerdos, pérdida, supervivencia)
Diario de invierno - Paul Auster (Memorias, cuerpo, cicatrices)
El mapa del cielo - Felix J. Palma (Aventura, la blancura de la Antártida, el amor más entrañable)
El frío - Marta Sanz (Densidad, desgarro, desamor)
La vida ante sí - Romain Gary (Amistad, una mirada abarcadora, ser diferente)
Ý (turno de réplica) - Anay Sala Suberviola (Cuchillas, vértigo, ausencias)
