Martes, 06 de marzo de 2012

Viajaba hacia Madrid. Veía el humo de los caseríos, las cumbres nevadas, las carreteras secundarias a través de la ventana del tren. La imagen de los pasajeros parecía reflejarse en el paisaje, como si saliese del tren en un extraño holograma. Leía El frío, una historia de la que sólo sabía lo que me contaba la contraportada, “esta novela trata del desamor”. Por eso compré el libro de Marta Sanz. Por el desamor. Al iniciar al novela descubro que no sólo hay desamor, también un viaje. Y siento que hay una especie de caída en el infinito, un viaje dentro de otro... “Voy rígida en mi lugar. No permitiré que me dirijan la palabra. No permitiré que nadie me ofrezca ninguna cosa; estoy hacia adentro y miro el paisaje acristalado que ofrecen los coches de línea.

El frío es mi primera novela de Marta Sanz, es decir, llegué a ella sin prejuicios, sin saber el tono, el tipo de historia o la voz que me esperaban. Un espacio en blanco. Lo primero que me llamó la atención fue la escritura, poesía en prosa, leía con pausa y de forma lenta por la densidad y las imágenes que se sucedían, media docena de palabras podían parecer un mundo entero. “Lenguas que se voltean como cocodrilos contentos. No puede ser que este ruido me distraiga, desde luego para mí ha de ser eso, sólo un ruido; no observaré el acto de transfundir una saliva a otra, comprensiones de labios acaparando el volumen de vulvas sobadas hasta amoratarse, los dos juntos, separados, caras distintas de la misma hoja”. Tenía que acompasar y bajar el ritmo para no perderme dentro de la historia.

Hay desamor en El frío, sí, y desgarro y una herida sangrante, un viaje hacia el abismo y el vacío de la narradora, hacia un sentimiento no correspondido y extranjero, hacia el dolor y la extenuación. Por eso es un libro sobre el desamor, acá no hay un romanticismo desaforado o personajes “carverianos” que descubren asombrados y en silencio que todo ha terminado. No. En el libro de Marta Sanz hay locura y un dolor que es capaz de partir un cuerpo por la mitad, un amor obsesivo y la imposibilidad de separarse de él. Y, también, la sensación de estar desprotegido, como ante un paraje desértico.

El frío es un libro corto e intenso, se alternan las voces de la narradora en mitad de un viaje (de un terremoto), un monólogo que parece querer ser un ajuste de cuentas o el caos de los sentimientos, con una narración en tercera persona en un psiquiátrico, seres a la deriva y emociones que no acaban de cristalizar, el desgarro llevado al extremo, el amor como fuente de locura y desesperación, la mirada perdida en el interior y ese momento donde no hay una tierra que pisar y se pierde cualquier punto de apoyo. Lo que me asombra y me hizo leer El frío del tirón en el tren a Madrid fue la forma en la que está escrito, pequeñas o largas frases que se acercan a la poesía, una historia en la que nada está expuesto, desmenuzado o desnudo sino que es misteriosa, como una imagen que nunca acaba de tomar una forma definida.

Cerré el libro cerca de la noche de Madrid. Un viaje dentro de otro...



Una succión, sin ella me es muy difícil volver a construir el mundo. Pieza a pieza, como ocurre ahora. Ya no habrá más cartas; al fin y al cabo, yo las escribía. No habrá más insomnio, has logrado anular mi incertidumbre, ahora sé dónde estás a cada minuto. Mi paso por la calle no será acelerado y recto; puedo deambular sin dirección, aunque el teléfono sonara, no serías tú. No he de preocuparme por atar todos los cabos; esos días enteros metida en casa por no dar lugar a pensamientos como, he salido, es posible que en mi ausencia él llame. No, el teléfono no suena, no se trata de mi inconstancia. Tú tienes la culpa. De qué manera te has escapado. Fuera, completamente fuera de mi control.

( … )

Un muchacho imberbe y una chica de unos quince años suben a un vagón de segunda. Los dos parecen más jóvenes de lo que son y ella se avergüenza al ver cómo la gente los observa; cree que todo son miradas reprobatorias, pero también hay personas llenas de nostalgia.
Él no se da cuenta de que la chica pasa por los lugares como de incógnito, un poco escondida detrás de él, sin mirar nunca de frente.
A veces le gustaría que él hiciese lo mismo que ella, que caminara deprisa, sin ocupar el espacio que realmente se ocupa, casi sin respirar el aire, ni dejar una huella en el asfalto. Cree que el muchacho tiene más motivos que ella para tratar de no llamar la atención: su sonrisa es boba, sus ojos no dicen nada, su figura es demasiado alta y desgarbada.
Sólo ella sabe que dentro del muchacho se ocultan secretos, que va conociendo, que la van pegando a él a pesar de que no está segura de que sean verdad. Es suficiente, supone que hay algo extremadamente sucio o tierno o anómalo; algo que no es obvio y que hay que desentrañar. Eso la mantiene acechándole, descifrando para alcanzar la certeza de que su intuición era buena, de que no la engañaba.
Marta Sanz
El frío (Caballo de Troya. Random House Mondadori)


Tags: El frio, Marta Sanz, Caballo de Troya, Random House Mondadori

Publicado por elchicoanalogo @ 8:13  | Libros...
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