Mi?rcoles, 21 de marzo de 2012

Hubo algo diferente en la lectura de El intendente Sansho, se cruzaban las palabras precisas de Ogai Mori con las imágenes en blanco y negro de la película de Kenji Mizoguchi. La primera vez que vi El intendente Sansho me emocionó la forma tan sutil y pausada de narrar de Mizoguchi, aún hoy recuerdo un puñado de escenas (las ondas sobre la superficie de un río, una vieja solitaria, un hombre despótico y tirano). Sin ningún grado de separación, a cada página el recuerdo de la correspondiente escena.

Me conmueve la escritura de Ogai Mori, alcanza una precisión sorprendente. En El intendente Sansho habla de un amor absoluto, de la capacidad de sacrificio y la valentía de las mujeres. La palabra precisa, la extensión adecuada. El cuento se inicia con el viaje de una familia en busca del padre. Cruzan una región peligrosa y extraña, hay tensión y un tono de fatalidad que hace que la lectura encoja el estómago. Esa tensión alcanza su máximo en  una escena dolorosa, la separación de la madre y los hijos, raptados para ser vendidos como esclavos. Dos barcas que se separan, los gritos de madre e hijos, un intento de suicidio como manera de escapar al destino. Los niños trabajarán como esclavos para el intendente Sansho, buscarán la forma de escapar y buscar a la madre. Es ahí donde se cruzan de forma nítida las imágenes de Mizoguchi, en el sacrificio de la hermana, en los años donde el hermano vive solo, en un encuentro años después con una mujer ciega. Cada párrafo, cada página de El intendente Sansho, era revisitar la película de Mizoguchi, tiempo y espacio divididos (el adolescente que fui, el hombre que soy, los diferentes puntos de mi vida). Palabras en blanco y negro.

La tensión que se adivinaba en El intendente Sansho reaparece en El barco del río Takase. La lectura de Mori se convirtió en una sucesión de imágenes en blanco y negro, de sombras y claroscuros, como las novelas de Hammett y Chandler. Un barco traslada a los delincuentes de la prisión a una isla donde serán desterrados En ese último viaje, los delincuentes hablan y se despiden de los familiares, sacan todo lo que llevan dentro antes de iniciar su destierro (la imagen del barco surcando las aguas, la tranquilidad del mundo alrededor y la quiebra en la voz de los personajes). El cuento se detiene en un asesino que viaja solo en el barco, con una extraña expresión de tranquilidad, algo que asombra a su guardián. Mori habla sobre el sentido de la justicia, cómo calibrar los actos del ser humano.

El sacrificio de una niña vuelve a ser protagonista de Las últimas palabras. Una hija intenta ocupar el lugar de su padre en una ejecución. El cuento tiene imágenes asombrosas, el cartel con la orden de ejecución, tres niños que inician la búsqueda de la casa del magistrado, el encuentro donde le dan la carta pidiendo morir en lugar del padre. Las últimas palabras es un relato corto, intenso, de una emoción inusitada.

Sakazuki habla del otro, del extranjero, lo hace de una forma sencilla, la excursión de un puñado de niñas, cómo paran a beber y refrescarse en una fuente, la sorpresa por la aparición de una niña occidental (la imagen de sus cabellos rubios y sus labios levemente rojos).

El inicio de La señora Yasui es extraordinario, Mori se centra en Chuhei, un hombre tuerto, feo, un estudioso al que intentan encontrar esposa, sus primeros años donde debe soportar las habladurías de sus vecinos, sus años de estudio, la búsqueda de una esposa.

El último cuento de la colección, La historia de Iori y Run, es extraño y atractivo, un matrimonio que se reúne tras más de treinta años de separación, la sensación de paz que transmiten a pesar del destierro de él y los años de separación. En cada cuento Mori combina tensión y pausa, precisión y lirismo, sacrificio y valentía. El intendente Sansho ha sido una hermosa lectura, se han cruzado los recuerdos de una vieja y querida película con nuevas palabras e imágenes.

Ogai Mori
El intendente Sansho (traducción de Elena Gallego. Contraseña editorial)



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Publicado por elchicoanalogo @ 9:27  | Libros...
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