Lunes, 09 de abril de 2012

A veces las primeras frases de un libro me hacen prever una lectura diferente, extraña. Leía la primera página de Cosmos y sentía que estaba ante una de esas historias que se desborda, que corre nerviosa, de forma laberíntica, los personajes misteriosos, con múltiples capas, la tensión en cada página, el caos de objetos y emociones. Había algo inesperado en la presentación de la novela, dos personajes que se encuentran en el camino, que huyen de lo que han dejado atrás, encuentran un paisaje nuevo y un gorrión colgado en medio de la maleza. Y ese gorrión colgado es el inicio de un misterio, de una cadena de hechos que sobrepasan a los protagonistas, que los llevan a intentar buscar un significado a cada objeto y señal que les rodea. Cosmos me sedujo y me sorprendió desde las primeras líneas.

Escribía Gombrowicz en el inicio que Cosmos es una “novela sobre la formación de la realidad”, también que “será una especie de novela policial”. Un gorrión colgado rompe con el tranquilo encuentro entre los dos protagonistas, los lleva a alquilar una habitación en una casa cercana, como si necesitasen encontrar la explicación a ese gorrión colgado, sin vida. Y en esa casa sienten que la realidad se trastoca. Cosmos es la mirada sobre los objetos que nos rodean, las asociaciones y analogías entre ellos, la formación de una línea que los une para buscar un lenguaje al caos.

Un gorrión colgado que da paso a una boca con un pequeño defecto que abre la puerta a otra boca perfecta, a un palito colgado, a flechas en los esquinas y en los techos, a una tetera que es la gota que colma la realidad, a las manos sobre las mesas, el narrador va de un objeto que lleva a otro en un camino que parece infinito, necesita descubrir por qué dos bocas femeninas le llevan al gorrión colgado, fijar la realidad que le rodea.

Hay momentos extraños, laberínticos, el narrador no deja de pensar en las bocas de Lena y Katasia que parecen rozarse en un momento de la cena, esa imagen permanecerá en él de forma febril, las dos bocas que desembocan en el gorrión colgado. Lena es una figura potente dentro de Cosmos, una joven recién casada que aparece fragmentada en el relato, primero vemos su pierna, luego las manos sobre la mesa, parece que el narrador compone su figura poco a poco y se deja llevar por ella.

Cosmos es extraño, es surrealista, te atrae esa actividad del narrador en su intento de dar un significado a cada objeto que le rodea, de unir hechos aparentemente desligados como el gorrión colgado con las dos bocas a punto de tocarse, la forma de una flecha en la pared que le lleva a un palo también colgado, una vara que apunta a una habitación donde aparecen, a la luz de una linterna, pequeños objetos clavados (una aguja clavada en una mesa, una plumilla clavada en una cáscara de limón). ¿Es todo aleatorio? ¿O tiene un orden, un significado? Es eso, una novela policial, la resolución de un misterio.

Cosmos avanza de forma intensa, se desborda continuamente, Gombrowicz combina la tensión del relato policial con el erotismo de una pierna o una mano apenas entrevista, un humor absurdo, cuántos niveles puede llegar a tener la realidad, cómo en el camino entre dos objetos aislados puede llevar al observador hasta un precipicio. Una emocionante locura.



¿Pero cómo relatar algo sino a posteriori? ¿Es que realmente no se puede expresar nada en el momento de su nacimiento, cuando se trata aún de algo anónimo? ¿Es que nunca nadie será capaz de trasmitir el balbuceo del momento que nace? ¿Por qué razón si hemos salido del caos no podemos nunca entrar en contacto con él? Apenas fijamos en algo nuestros ojos y ya, bajo nuestra mirada, surge el orden…las formas...

( ... )

Estaba preparado para todo. Para todo menos para ver una tetera. Hay una gota que hace derramar el vaso, algo que resulta ya “demasiado”. Existe algo así como un exceso de realidad, una abundancia que ya no se puede soportar. Después de tantos objetos que no soy capaz de enumerar: agujas, ranas, gorrión, palito, vara, puntilla, cáscara, cartón, etcétera, etcétera, chimenea, corcho, ranura, canalón, mano, pelotitas de miga, etcétera, etcétera, terrones, red, alambre, cama, piedrecillas, mondadientes, pollo, eczemas, bahías, islas, agujas, y así por el estilo, sin parar, hasta el aburrimiento, hasta el hastío, y ahora esa tetera, sin venir a cuenta, sin tuviera nada que hacer, como algo extra, gratuito, como un lujo del desorden, como un donativo, un presente del caos. Basta. Se me cerró la garganta. No podía tragar eso. No podía. Basta ya. Volver. A la casa.

( ... )

Todo era demasiado, el laberinto crecía, un sinfín de objetos, de lugares, de acontecimientos. ¿Acaso no es cierto que cada vibración de nuestras vidas se compone de billones de pequeños destellos?
Witold Gombrowicz
Cosmos (traducción de Sergio Pitol. Seix Barral)


Tags: Cosmos, Witold Gombrowicz, Sergio Pitol, Seix Barral

Publicado por elchicoanalogo @ 12:03  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

¡Qué me gusta Gombrowizc! Y su Diario...

Bonita reseña.

Publicado por Una vieja sirena
Lunes, 09 de abril de 2012 | 13:54

Qué locura de libro, y qué humor, y qué desbordamiento, y tantos objetos... 

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 09 de abril de 2012 | 15:12