Viernes, 27 de abril de 2012

Leí Un campeón desparejo en el tren, pasaba de la noche tras la ventana a la sonrisa entrañable que me provocaba el libro de Bioy Casares. El tono y la luz de Un campeón desparejo me recordaba a los tebeos de mi infancia, a aquellas historietas de profesores y matemáticos locos y despistados, forzudos impasibles, detectives camaleónicos, perdedores que siempre acababan por tropezar en el último momento.

Bioy Casares me ganó desde las primeras páginas con un personaje inolvidable, el taxista Luis Ángel Morales, un tipo tranquilo y bonachón al que parece le persiguen los hechos más extraños y curiosos que se puedan imaginar, un hombre que perdió tiempo atrás a la mujer de su vida pero que la busca por la ciudad mientras conduce su taxi. “«A la vuelta de un año», reflexionó, «los taxistas recorremos todo Buenos Aires, por grande que sea. Quién me dice que un día no la encuentre. No va a ser fácil.» Para peor buscaba la cara de una chica de once años y Valentina, si vivía, ya había dejado atrás los veinte.

Luis Ángel recoge en su taxi a dos tipos extraños, parecen médicos o científicos, charlan de forma amigable y comprueban la bondad de Luis Ángel, su forma tranquila de pasar por la vida. Se aprovechan de su buena disposición para conducirlo hasta un apartamento donde le darán a beber un líquido desconocido, en ese preciso instante la vida de Luis Ángel dará un vuelco, descubrirá que tiene una fuerza descomunal cuando se enfada y se enfrenta aun adversario en una pelea. Sin saberlo se convierte en una especie de quijote que deshace entuertos y salva a damas en peligro, capaz de torcer hierros o ahuyentar a media docena de barras bravas que voltean su taxi. Es ahí donde están los momentos más divertidos de Un campeón desparejo, Luis Ángel deambula por la ciudad, toma a sus clientes y, sin saber cómo, acaba la carrera defendiendo a sus pasajeros de una injusticia, ayuda a una prostituta, a una señora mayor, a una vecina golpeada por su marido. Avanzaba en la lectura con una sonrisa.

Pero hay algo que entristece a Luis Ángel, haber perdido a Valentina, la mujer de su vida, por falta de confianza en sí mismo. La sonrisa se tuerce en esos momentos, el bonachón de Luis Ángel pasa de héroe, de quijote capaz de las mayores locuras, a alguien que siente el vacío que dejó la ausencia de Valentina. No supo conquistarla ni retenerla cuando tuvo ocasión. Cada carrera por Buenos Aires es una búsqueda de una sombra, la esperanza de una segunda oportunidad. Luis Ángel descubrirá que han secuestrado a Valentina e intentará rescatarla. Sentía que empujaba a Luis Ángel en su aventura, que tiraba de él para que pudiera redimirse y alcanzar una pequeña victoria.

Un campeón desparejo es entrañable y quijotesca, inteligente e inquieta, tiene un personaje inolvidable y situaciones cómicas inesperadas, algunas imágenes poéticas (las pienso en sepia) y un final que te deja con una sonrisa agridulce. Me gustan los mundos de Bioy Casares, que lo insólito irrumpa en la realidad, los amores fugaces y en diferentes dimensiones, un humor por momentos eufórico que me recordó al de John Ford en uno de los capítulos de La salida de la luna, y por momentos triste e irónico.
Adolfo Bioy Casares
Un campeón desparejo (Tusquets)


Tags: Un campeón desparejo, Adolfo Bioy Casares, Tusquets

Publicado por elchicoanalogo @ 0:03  | Libros...
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