Jueves, 03 de mayo de 2012

Me dices que me parezco al protagonista de Alta fidelidad, ambos hacemos listas, como si buscásemos un orden en medio del caos al que agarrarnos, un apoyo y una forma de sentir que todo tiene sentido. Sonrío por la comparación y te explico que no busco un orden sino algo que inicie una sonrisa, que escribo esas listas sólo cuando la tristeza me acuchilla. Tu mirada se pone bizca y cierras la boca con fuerza. Te digo que hay una tristeza suave y tenue que me acompaña y me calma y otra que me desgarra y me da en la línea de flotación. Entonces, escribo listas de aquello que me hace sonreír porque mientras escribo nace esa sonrisa y consigo alejar la tristeza más puta. Te quedas en silencio, piensas en lo que acabo de decir y me preguntas si no me aburro de escribir la misma lista una y otra vez.

Miro al cielo y descubro la estela de un avión, te la señalo, una curva blanca en el cielo que se deshace en unos minutos. Te cuento que me gustan las estelas porque aparecen y desaparecen de forma inesperada, porque empiezan siendo una recta que divide el cielo y se desgajan en nubes que adoptan cualquier forma. Te digo, es como el amor. Sueltas una carcajada. Me sonrojo, siento el calor en mis mejillas, me gustaría disculparme por ser tan ñoño, por no ser un tipo duro. Observo el avión desaparecer tras el horizonte.

Cuando recupero la calma te digo que no siempre hago la misma lista, también escribo sobre mis amaneceres favoritos. Me agarras del brazo y me das un suave masaje con tus manos, a veces eres capaz de ver qué genera cada gesto tuyo en mí, es tu manera de decir que no tome en cuanto tu carcajada, que no sea tan sensible. Somos amigos, nos tenemos confianza, no hay un amor que condicione nuestras conversaciones ni gestos, no buscamos sorprender al otro, simplemente somos nosotros, sin máscaras. Empiezo a hablar sobre los amaneceres en Galicia. Me despertaba con las primeras luces y bajaba a una cocina gallega de leña donde siempre había una cafetera sobre el fuego. Tomé mi primer café solo en aquella cocina, apenas tenía doce años y me sentí un hombre adulto con el primer sorbo amargo. Cuando sonaba el tractor salía de la cocina. M me esperaba en una curva del camino y yo subía al remolque junto a los angazos. Me quedaba de pie, el traqueteo del tractor y el polvo del camino a nuestro alrededor. Me creía Tom Sawyer. Te pregunto si te aburro, me dices que continue, que quiere aprovechar uno de esos momentos donde hablo de mí y no divago sobre estelas de avión. Siento el pellizco juguetón en el brazo. Era un niño torpe y asmático, me vigilaban siempre, aquellas mañanas eran mi manera de sentirme libre. Ayudaba a mi primo a recoger hierba verde, él segaba y yo angazaba y dejaba dos hileras que luego él recogía y echaba sobre el remolque. La mejor parte era la final, pasábamos unas cuerdas sobre el montón de hierba antes de subirme a él. Tumbado, veía las nubes del cielo al escape, el olor de la hierba cortada, la luz que se asentaba y el sonido distante de otros tractores. Te confieso que extraño a aquel muchacho, la idea que tenía aquel muchacho sobre la vida antes de los miedos y los fracasos, algo se pierde en el camino. Tu mirada dice, ésto es la vida.

Había otros amaneceres que me dejaban del revés, las madrugadas donde G se metía en mi cama. Las primeras veces sentía que era un sueño. Apartaba la sábana, me abrazaba y sentía su cuerpo junto al mío. Dormíamos dos horas en una cama pequeña, a veces le decía que me gustaba que la cama fuese tan pequeña, ella sonreía sin decirme nada. Nos despertábamos y preparábamos el desayuno juntos. Sentía que esa vez sí iba a ser posible. Me preguntas si me arrepiento y, como siempre, digo que no, que los amores imposibles sólo me gustan en los libros, que prefiero arriesgarme y perder, como hasta ahora (vuelves a quedarte bizca), que pasarme la vida preguntándome qué hubiera sido si...

Hablo de los amaneceres en habitaciones de hotel, ese momento donde me despierto y no reconozco  el lugar o quién soy. Me siento perdido, realmente perdido, podría estar en cualquier lugar, y ser cualquier persona. Entonces, de a poco (¡bizca de nuevo!), todo vuelve a oleadas, recuerdo quién soy y dónde estoy. Me gusta ese momento donde nada está definido ni es mío, donde me despierto y no encuentro lo esperado, donde no hay libros ni mapas ni piedras, sólo un espacio en blanco.

Nos sentamos en un parque y miramos la ciudad. Te cuento que ahora me levanto a ver amanecer, que sigo la línea de la luz sobre el horizonte y la sombra que crea a mi alrededor, que es mi momento favorito del día porque siento que es un nuevo inicio, que todo es posible, que, tal vez, en un mismo amanecer, se junten el muchacho que fui, el enamorado ñoño y el viajero perdido en uno. Me miras en silencio, señalas mi pecho y te centras en los tejados de la ciudad.



Tags: espacios en blanco

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Comentarios

Desde de hace más de un año, de manera más o menos intermitente te leo,...me inspiras, y además de la manera en qué escribes me recuerdas a una persona muy especial que pasó por mi vida no hace mucho (en realidad no sé por qué cuento ésto). Lo que intento decir, sin acierto, es que me alegra leer que existen nuevas musas en tu corazón,...y quizá eso sea la chispa de una nueva vida.

Gracias y perdón por la torpeza de mis palabras. 

Publicado por Invitado
Domingo, 06 de mayo de 2012 | 23:59

Lo primero, gracias por escribir y por leerme.

Apenas saco fotografías, algo curioso para alguien que fue cámara, entonces, escribo para capturar mis viajes, recuerdos o emociones. Ésto es un pequeño desvarío, uní varias conversaciones con amigas en una, es como un rompecabezas, no sé, imagino que necesitaba escribir ésto, hacer una "fotografía". No es que haya nuevas musas en mi corazón (¡ojalá encuentre a quien me habite!) sino que estoy aprendiendo a ser feliz con lo que tengo, estoy aprendiendo a sonreír. Es curioso que te recuerde a otra persona, eso me hace pensar en reflejos y espejos (no me hagas mucho caso, demasiados libros)

Mimos y nada de torpeza

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 07 de mayo de 2012 | 9:59

Precisamente tus palabras para mí son ésas: espejos - reflejos, ..el eterno (inalcanzable) binomio espacio - tiempo.

Publicado por Invitado
Lunes, 07 de mayo de 2012 | 20:43

Ahora eres tú quien me recuerdas a alguien especial con ese binomio espacio-tiempo... 

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 07 de mayo de 2012 | 21:17