Mi?rcoles, 09 de mayo de 2012

Hay momentos donde los libros se acumulan en columnas en el suelo o encima de cualquier mueble, pequeñas torres en un equilibro extraño que dejo crecer hasta que el desorden exterior parece colarse en mi interior. Entonces, voy a una de las estanterías de cine, saco medio centenar de películas, las dejo desordenadas en otra habitación, y coloco los libros en el hueco que han dejado. Hace años pasaba las tardes en los multis bilbaínos o el cine del museo de Bellas Artes, se cruzaban las imágenes de Dreyer, Capra o Huston con los estrenos de Woody Allen, Scorsese o Aki Kaurismäki.

De Kaurismäki me atrajo su mirada desnuda, austera y directa, su humor inesperado, los personajes cercanos, de gesto imperturbable y monolítico, supervivientes que en las primeras películas salían derrotados (algo que me hacía pensar en la gloria en la derrota de John Ford) y que en las últimas son capaces de una impensable victoria, del más difícil todavía. Su cine sigue siendo parte de mi vida.

Kaurismäki nos acerca a seres invisibles, limpiabotas, panaderos, músicos sexagenarios, comisarios bondadosos, les da una voz, muestra sus sueños y su mirada desnuda de dramatismo o queja ante la vida. Los decorados son los justos, una casa humilde, los muelles, un bar portuario donde parecen revivir los personajes de El muelle de las brumas, el tono es pausado y la historia por momentos parece un cruce de Capra y De Sica.

El Havre es el encuentro entre un limpiabotas bohemio y un muchacho (“inmigrante ilegal” ) que desembarca en la costa errónea, un par de decorados sin artificios y su estilo desnudo y minimalista para contarnos una historia emotiva, inteligente y cálida. A los dos protagonistas se le unen un comisario con un inesperado sentido de la justicia, la dueña de un bar que aún retiene parte de su belleza, un vecino sombrío y delator y la mujer del limpiabotas, tan extranjera como el muchacho que rescata su marido, una nórdica que encontró otro lugar en el mundo. Kaurismäki cree en la solidaridad, el limpiabotas sólo busca ayudar al muchacho a reunirse con su madre en Londres. No hay duda ni miedo, sí el amor hacia el otro y una mano tendida. 

Aún hoy me sorprende el cine de Kaurismäki, coloca la cámara ante los ojos de sus personajes, los hace hablar sin que apenas cambien el gesto, viven pequeñas odiseas, y sientes que la vida atraviesa la pantalla, que hay esperanza y verdad en sus imágenes, un mundo donde todo es posible. A veces parece que Kaurismäki atrapa el tiempo, y lo hace sin apenas mover la cámara, sin que los personajes parpadeen, griten o hagan extraños aspavientos. El Havre es creer en la mejor parte del ser humano.

 

 


Tags: El Havre, Aki Kaurismäki

Publicado por elchicoanalogo @ 12:10  | Cine
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