Jueves, 10 de mayo de 2012

Practicar un arte, y no importa lo malo que seas, es una manera de hacer crecer tu alma. Canta en la ducha. Baila la música de la radio. Cuenta un chiste. Escribe un poema a una amiga. Hazlo tan bien como seas capaz. Obtendrás una enorme recompensa: habrás creado algo. (Kurt Vonnegut)

Miro a las estanterías alrededor, los libros amontonados, las películas que han perdido su espacio, los discos sobre los libros, el equilibrio es extraño, caótico, como si no pudiera deshacerme de los objetos que pasan por mi vida. Intento dejar un pequeño espacio para la magia, fotografías de amigos que tapan el título de las novelas, una cajita de madera donde guardaba las pelotas de Gora, lo único que he querido conservar, y que ahora contiene mis piedras, un pequeño mapa con una línea recta, la distancia entre nosotros, y que perderé entre las páginas de un libro para crear una huella futura, imagina el tiempo desdoblado, Es., la mañana donde arranqué el mapa de una agenda e hice una línea al descubrir tu pueblo y preguntarme cuántas paredes y sueños nos separan, el mañana de un desconocido que le dará a esa línea docenas de caminos diferentes. No hay huecos en las estanterías pero estos días los siento a mi alrededor (me agarro a lo que dice De Luca, echar de menos es tener presente al otro (me gustan los paréntesis, es como caer en el infinito, y a veces crean la ilusión de una sonrisa al final de una frase, como un emoticono)).

Hay quien me deja huecos, y estos huecos no se rellenan ni se intercambian, y quienes son estelas de vapor, presencias efímeras que pasan como nubes, hay quien me habita y quien apenas es un roce, hay un laberinto dentro de mí, cientos de voces que me traen otras palabras, horizontes y sueños. Y me gusta esa mezcla de voces en mi pecho, todas esas personas de distintos tiempos y espacios que me habitan, que me hacen quien soy. A veces me siento como el profesor de matemáticas de la novela de Ogawa que llevaba notas prendidas en su traje para no olvidar el presente cercano, yo llevo canciones y libros que otros me habéis acercado, son como notas a otras personas, la distancia doblada en la mitad. Tú eres la teoría del caos, unas alas de mariposa que aletean al otro lado de esa línea recta y cambias mis lunes, me haces vivir una noche de febrero acuchillado por los poemas de Anay Sala, me dices hola con un cortometraje que me lleva a Keaton y me ayudas a seguir creyendo en la bondad y en los gestos cálidos y desinteresados. Dentro de mí hay una parte de ti.

Pienso en tantos viajes, sueños, noches de insomnio, marcas, libros y decisiones hasta llegar a esta distancia entre los dos. El vértigo de coincidir.

 

 


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