Viernes, 11 de mayo de 2012

Conocí a Virginia Aguilar Bautista dentro de un sueño de Isabel Bono. La segunda vez que coincidimos fue en su libro Seguir un buzón, ella como escritora, yo como lector. Son cruces inesperados, dentro de un sueño y un libro.

Me siento descolocado por los poemas de Seguir un buzón. Suelo leer poesía de manera desordenada, primero hojeo al azar los poemas, un rompecabezas al revés, luego sigo el orden del libro. Decía que me siento descolocado, la voz de Virginia Aguilar Bautista que me acerca retazos de la vida cotidiana, noticias de periódicos, kioscos, noches, insomnios, moscas, faros de un coche, mitos revestidos, piedras, planetas a los que obligan dejar de serlo, es la mirada ante lo que nos rodea, hacer visible aquello que pasamos por alto en una primera mirada y darles un protagonismo, un giro inesperado, hay algo de tristeza y, también, de magia en ello.

Me gusta la voz de Virginia Aguilar Bautista, a veces tierna, a veces con un punto de humor inesperado, a veces invernal, es una voz que cala de a poco, que te hace dar marcha atrás para releer un poema, que te habla de forma hipnótica y te hace pensar en todo lo que está por llegar, en miedos e inseguridades, en una sonrisa despreocupada y mapas de ciudades. Seguir un buzón es de esos libros que, al cerrarlo, miras alrededor en silencio sintiendo que algo ha cambiado.


[…]
El tiempo con puntos suspensivos:
El tiempo...
es cuerda floja de lado a lado.

Equilibrio sobre estos tres puntos
...

El vértigo
               de los días
                                  por venir.




Plutón
Yo -que no creo en Dios
ni en el cambio climático-
reivindico, bajito,
que Plutón siga siendo
el lejano y remoto
planeta que fue siempre.

Mantengan este título
mientras sea imposible
llegar.
                    Sola proclamo.     




Presencia
Muy pocas cosas
hacen más compañía
que un dolor leve.




Faros
Una de la mañana,
pasa despacio un coche:
deja en el dormitorio,
sin anuncio, sin cortes,
una secuencia breve
de cine de verano
proyectada en el techo.
Hago siempre de público.
Por más que la repitan
no comprendo el final.




Inflamable
                                       Calcina mil novecientas hectáreas
                                       al quemar las cartas de su ex. EFE

Sin pólvora y sin cerillas, así
prendieron nueve años, con sus festivos,
y dos mil hectáreas de forestal.
(También tus cartas, al principio diarias,
después más espaciadas).

Tres días de fastos por lo que pudo haber sido
y dos de ceniza en suspenso por lo que fue.

Por seis municipios en llamar
se extendió un final, palmo a palmo.




Pequeño gesto
Escribiré
de un trazo con el dedo
todas las letras
que componen tu nombre,
invisible y secreto.
Virginia Aguilar Bautista
Seguir un buzón (Renacimiento)


Tags: Seguir un buzón, Virginia Aguilar Bautista, Renacimiento

Publicado por elchicoanalogo @ 0:02  | Libros...
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