Martes, 15 de mayo de 2012

En mis estanterías hay libros que me llevan a mis primeros años de lector, una especie de mapa de libros que se inicia con los libros de barco de vapor y El pequeño Nicolás y termina en Néstor Sánchez, mi última compra. Entre esos dos puntos, Las aventuras de Tom Sawyer, la primera vez que sentí que abandonaba mi mirada de infancia y descubría un mundo de aventura, amor y sombras. Aún conservo mi ejemplar de Tom Sawyer, las hojas crepitantes y amarillas, los dibujos entre las páginas, las marcas de lectura. Lo toco y recuerdo mi corazón desbocado. Cada vez que leo un nuevo Twain me lleva a esos días donde Twain y Wells me hablaban de otros mundos posibles.

Leí Los diarios de Adán y Eva con una sonrisa cómplice y una mirada sorprendida, Twain reescribió la historia bíblica con una ternura y un humor que te desarman. Twain intercala los diarios de Adán y Eva, una forma de combinar sus diferentes miradas, de completar los espacios en blanco que dejan los dos protagonistas en sus palabras.

Adán es un solitario, no necesita nombrar lo que le rodea, el lenguaje o la compañía, es feliz en su soledad y le extraña e incomoda la intromisión de Eva, a la que ve con una mezcla de curiosidad y miedo. Sus entradas son cortas, las interrupciones de su rutina por parte de Eva, la extrañeza por querer ponerle nombre a cada lugar de la tierra, el abandono del paraíso y la llegada de dos pequeñas criaturas, Caín y Abel, que le desconciertan, incapaz de definirlas, de fijarlas a la realidad. Adán está ciego ante lo que le rodea.

Para Eva el mundo es un descubrimiento continuo, la sorpresa de lo nuevo, de lo primigenio, pone nombre a los lugares, a los colores, adjetiviza el mundo, busca la compañía de Adán, y en esa búsqueda no habla de “yo” sino de “nosotros”. Eva es la candidez y la inquietud, la inteligencia y la mirada alrededor, es el caos y la locura aventurera que entra en la vida de Adán para voltear su plácida rutina y arrancarlo del paraíso para conocer el amor y el dolor.

Estos diarios de Twain son una asombrosa historia de amor, el final, apenas dos líneas, te noquean y dejan en la cuerda floja, una docena de palabras que describen el amor puro. La edición de Libros del zorro rojo cuenta con las extraordinarias ilustraciones de Francisco Meléndez que completan las palabras de Mark Twain. Leer de nuevo a Twain fue estar entre dos tiempos, creer en el humor y el amor, en que hay aventuras que merecen ser vividas a pesar de las ausencias y pérdidas futuras.



Del diario de Adán: Esta nueva criatura de pelo largo se entromete bastante. Siempre está merodeando y me sigue a todas partes. Eso no me gusta; no estoy habituado a la compañía. Preferiría que se quedara con los otros animales. Hoy está nublado, hay viento del este; creo que tendremos lluvia… ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde saqué esta palabra…? Ahora lo recuerdo: la usa la nueva criatura.

( ... )

Del diario de Eva: Toda la semana lo seguí y traté de entablar relaciones con él. Yo soy la que tuvo que hablar, porque él es tímido, pero no me importa. Parecía complacido de tenerme alrededor, y usé el sociable «nosotros» varias veces, porque él parecía halagado de verse incluido.
Mark Twain
Los diarios de Adán y Eva (traducción de Patricia Willson. Los libros del zorro rojo)


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Publicado por elchicoanalogo @ 8:27  | Libros...
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